Trabajar en
Canarias
Enrique Martín Braun *
No esperó casi nada el presidente del Gobierno de
Canarias, Paulino Rivero, para destapar, inmediatamente después de su toma de
posesión, uno de los más graves problemas que padecen nuestras Islas desde hace
demasiado tiempo y que, en los últimos meses, se ha visto agravado por la
difícil e inescrutable situación económica instalada sobre el planeta. Hablamos
del preocupante paro, que no deja de subir y que enturbia situación hasta el momento controladas. La inquietud del presidente se
centra, sobre todo, en aquellos canarios que no terminan de encontrar un puesto
de trabajo y a los que pretende rodear de ciertas prioridades. Asimismo, no
transcurrió mucho tiempo para que, desde distintos ámbitos, calificaran estas
intenciones de xenófobas. Se contempla, pues, que el poco o mucho (más bien
poco) trabajo que se cree en Canarias debe o debería de ser para los canarios,
con lo cual se implica, queriéndolo o no, a los empresarios, a quienes se les
obligaría a realizar una serie de contratos destinados a la gente de casa en
perjuicio de todo aquel foráneo que viniese por aquí. Pero los problemas e
interpretaciones están en el propio Estatuto de Autonomía, que define al
canario como todo aquel que vive en el Archipiélago y en cualquier foro se
pueden crear situaciones nada razonables e incluso desagradables. Esta
contratación de residentes ha provocado ciertas controversias a pesar de que
desde el Ejecutivo se insiste en que la iniciativa es plenamente
constitucional.
Un godillo venido a menos (a quienes viven aquí no es
necesario explicar la diferencia entre godo y peninsular... pero habrá que
recordarlo), se encontraba el otro día más que exaltado defendiendo la postura
del libre mercado de trabajo. Por descontado, ni siquiera rozaba la sinceridad
en sus exposiciones porque hablaba desde una total subjetividad que marcó para
siempre su origen peninsular, su transformación en godo una vez establecido en
esta tierra (caso realmente inusual pero comprensible, conocida su inclinación
hacia el lameculismo con sus jefes de Madrid, en
perjuicio de los trabajadores canarios a sus órdenes), y su travesía a través
de distintas organizaciones hasta llegar a su actual posición de absoluta
ambigüedad entre los socialistas y los neonacionalistas,
aunque sin dejar sus viejas amistades entre los "populares", lo
definen como un espécimen absolutamente impresentable. y
así sigue, no vaya a ocurrir que alguien, un día, pregunte por sus orígenes.
Con lo cual sí se entraría en los resbaladizos terrenos xenófobos que, por otra
parte, están salpicados de hipocresías. Son estos indeseables los que, a lo
largo y ancho de la historia de Canarias, han forjado la espantosa figura del
godo, aquel analfabeto e inepto que, a las órdenes del poder impuesto,
dificultaba, con todas las acciones inimaginables, el acceso del canario a
puestos de trabajo y de responsabilidad. No nos estamos inventado nada y ahí
están los hechos comprobables en cualquier organismo estatal donde impera el funcionariado peninsular, uno de los factores que han
influido en este proyecto del Gobierno autónomo ante la penosa historia de
servidumbre del pueblo canario, a la que hay que sumar la incontrolable
ocupación de la inmigración regular e irregular.
El presidente Rivero apostó por un pleno empleo para el
2013. Lo que sucede es que la crisis se le ha subido a la espalda y es harto
difícil quitársela de encima. En el horizonte existe un tercer Plan de Empleo
con aportación de fondos europeos. Pero Bruselas considera sin ambages la libre
circulación de trabajadores... comunitarios. En Canarias, la libre circulación
no es que sea sólo comunitaria: es ya planetaria y ahí radica la preocupación
del presidente ante la falta de preparación del trabajador canario, motivada
por la propia idiosincrasia y por la marginación histórica a la que se ha visto
sometido. Con los recursos que aquí se generan, y que, por cierto, nadie sabe
dónde van a parar, con los que lleguen desde más arriba de los Pirineos y con
una formación que ya no admite demora alguna, se pueden subvencionar un montón
de categorías profesionales que posibiliten un desarrollo digno de puestos de
trabajo. Pero, por favor, que no resucite ningún Icfem.
* Publicado en el periódico El Día, 29-10-2008