Pedro Brenes *
Frente al sindicalismo colonialista de UGT y CCOO (elementos integrantes del Poder colonial español en
las Islas), y frente al sindicalismo reaccionario, gremialista y sectario que alardea
de “apolítico”, de “independiente” y de “jurídico profesional”, la clase obrera
canaria sólo puede avanzar bajo las consignas y tras las banderas de la unidad,
las asambleas antiburocráticas y el inequívoco posicionamiento
anticolonialista.
Estas ideas, a pesar de que han sido
promocionadas y defendidas por muchos patriotas, no han conseguido hasta ahora
realizarse plenamente. Por desgracia el proceso de unificación sindical se
quedó a medio camino, y sigue estancado y sin perspectivas de avances decisivos.
A lo más que se ha podido llegar es a la manida
formulación tradicional de sindicato “nacional y de clase” cuya máxima
aspiración, en competencia con las centrales colonialistas, es la creación de
lo que llaman “un marco canario de relaciones laborales”.
Pero si analizamos detalladamente estas
definiciones descubriremos sin mayores dificultades el oportunismo, el
burocratismo y las ilusiones democráticas pequeñoburguesas
de los dirigentes sindicales “unitarios” que nos ha tocado sufrir.
¿Qué significa o qué quieren decir nuestros
sindicalistas cuando se definen a sí mismos y a sus organizaciones como
“nacionales” o “nacionalistas”?
Lo primero que podría entenderse es que se
identifican con las políticas de los grupos autonomistas que, curiosamente,
también insisten en utilizar esos adjetivos. La dirección política, en ese
caso, estaría en manos de Coalición Canaria-Nueva Canarias. Lo que sólo puede
traducirse en colaboracionismo oportunista y en complicidad con el imperialismo
español.
O también podría interpretarse como que se
alinean con todos aquellos que, desde hace varias décadas, ocultan su
españolismo ciego e irracional tras la consigna del “derecho a la
autodeterminación”. Reivindicación básica e indiscutible que, no comprometiendo
a nada, en Canarias ha terminado por convertirse en palabrería sin contenido,
hipocresía imperialista “de izquierdas”, y en bandera en torno a la cual se
reúne todo el progrerío colonialista en su lucha
reaccionaria contra la liberación nacional y la independencia estatal de las
Islas.
De tal manera que, a estas alturas, declararse
nacionalista o partidario del derecho a la autodeterminación no hace más que
situarlos objetivamente en el campo del colonialismo, pues estas formulaciones
están ya agotadas y no engañan a nadie, y sólo sirven para reducir
significativamente la distancia política e ideológica de estos sindicatos
“nacionales” con UGT y CCOO, declarados y descarados
agentes del imperialismo español en el seno de la clase obrera canaria.
Como consecuencia, sólo un posicionamiento claro
y firme a favor de la descolonización del Archipiélago puede distinguir sin
ambigüedades ni ridículos y vergonzantes juegos de palabras, a la organización
sindical unitaria que necesitamos, de los sindicatos españoles.
¿Y cómo debemos interpretar el supuesto carácter
“de clase” con el que se definen estas organizaciones?
Como regla general los sindicatos agrupan a
trabajadores asalariados. Y los trabajadores asalariados son,
precisamente, los que conforman la clase obrera, porque a diferencia de los
otros trabajadores (autónomos y pequeños empresarios) se ven obligados a
vivir de un salario, como pago por el uso de su fuerza de trabajo por las
empresas capitalistas.
De tal manera que, si nos atenemos sólo a su
composición, todo sindicato es, por definición, “de clase”.
Pero es evidente que este término tiene un
significado más profundo. Para merecerlo, una organización sindical debe, en
primer lugar, representar a toda la clase obrera de un país o de una nación, por
lo que quedan excluidos inmediatamente los gremiales, de oficios o profesiones
y los de empresa.
Y, en segundo lugar, debe representar al
conjunto de la clase no solamente en sus reivindicaciones y objetivos
inmediatos, sino también en lo que se refiere a sus intereses generales y
estratégicos, entre los que necesariamente deben incluirse la superación de la
dominación imperialista extranjera y la conquista de la sociedad sin clases,
con la liquidación definitiva de la opresión burguesa y la explotación
capitalista.
Sólo así, manteniendo firmemente el rumbo
socialista y anticapitalista y considerando la lucha económica y por reformas
favorables a la clase obrera, como avances hacia esos grandes objetivos
estratégicos, puede ganarse el honroso título de sindicato de clase.
Y en cuanto al “marco canario de relaciones
laborales” ¿de verdad piensan los que defienden esta teoría que es posible la
confrontación directa de la clase obrera con la burguesía capitalista, sin la
previa conquista de la liberación nacional y la independencia estatal, es
decir, sin descolonización?
La dificultad reside en que la burguesía canaria
mantiene una alianza estratégica con el imperialismo español (el Pacto Colonial
histórico) según la cual son los aparatos coercitivos, jurídicos e ideológicos
hispanos los que defienden sus intereses de clase y hacen imposible la
existencia, mientras persista la dominación colonial, de ese hipotético “marco
canario”.
Frente a toda esta confusión y todo este
oportunismo la clase obrera canaria necesita, ante todo, destacar de su propio
seno a los cuadros revolucionarios capaces, por medio de su influencia
política y su dirección ideológica, de combatir el reformismo y el
sectarismo sindicales que la condenan, todavía hoy, a la división y el “apoliticismo”,
y la arrastra tras la influencia de los sindicatos españoles.
Pues mientras UGT y CCOO
actúan bajo la dirección política del PSOE, y los sindicatos reformistas y
autonomistas se someten a la de Coalición Canaria-Nueva Canarias, el sindicalismo
unitario, asambleario y anticolonialista que
necesitamos debe librarse de la influencia ideológica de la burguesía y de la
dirección política de los grupos y partidos pequeñoburgueses, para crear su
propia opción política revolucionaria, anticolonialista y anticapitalista,
y abandonando decididamente su actual papel de comparsa en las luchas
electorales de otras clases sociales, destacar a sus propios representantes
políticos en la lucha por la independencia y el socialismo.
(*) Pedro Brenes es
miembro del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)