VELATORIOS
Agapito
de Cruz Franco
El 21 de
noviembre de 1978, al cumplirse tres años de la muerte del Dictador, tenía
lugar en
El retorno
del PSOE, una pujante UPC -Unión del Pueblo Canario- y los anacrónicos restos
del Régimen anterior, eran las referencias políticas orotavenses.
Parte de este filantrópico y heterogéneo mundo que actuaba en las medianías,
entraría en conexión con el hermano salesiano y éste a su vez con personajes
políticamente ambiguos, que sin ser conservadores, tampoco formaban parte del
firmamento de la izquierda tradicional. Esta, intentaba infructuosamente aterrizar
en una sociedad sobre la que había pasado no sólo la apisonadora franquista
sino también la máquina del tiempo. El resultado sería la absorción por
aquellos de este movimiento en defensa de los altos de
Los nuevos
movimientos sociales son movimientos políticos, pero no tienen relación
causa-efecto con las organizaciones electorales -comúnmente llamadas partidos-.
Por el amplio espectro que los conforma, porque un proyecto político es más
amplio que los intereses del movimiento social y porque aquél, actúa en un
espacio institucional impropio de éste. El caso de las AIO, como producto
electoral, triunfó por tres razones: el marco en que desarrollaba era el
municipal (en un ámbito más allá de la “polis” no habría fraguado); el momento
histórico había dejado un espacio político, alternativo a los históricamente
establecidos y que sería denominado “independiente” (algo absurdo y fuera de toda
lógica, porque en política de partido nada es independiente y todo es
partidario). La tercera razón tenía que ver con la potenciación, en la
sociología política, de los nuevos partidos de masas (“cath
all party” o “atrapalotodo”),
mosaico amalgamado de intereses, que terminarían desbancando a sus predecesores
del siglo XX, los partidos de clase, hoy, ineficaces y operativamente extintos.
Las AIO y las asociaciones vecinales que les apoyaban, establecieron,
al acceder al poder e institucionalizar sus reivindicaciones, una clara ruptura
con el mapa social que protagonizaba la lucha por los más débiles. El proyecto político
sobrevenido, se uniría así, a otras formaciones regionales, produciendo primero
ATI -Asociación Tinerfeña de Independientes-, y luego AIC- Asociaciones Independientes
de Canarias-, organizaciones sin ideología propiamente dicha y entroncada en
determinados intereses locales (“insularismo”) como hilo conductor de su
proyecto. CC es otra historia, es la apuesta por parte de generaciones
modernas, distintas a las primeras, por transformar todo este conglomerado en
un proyecto político nacionalista, con ideología propia. El problema, que
estallaría con nitidez en su último Congreso, es la dificultad de inyectar una
ideología política nacional, a una arcaica estructura que no tiene ideología ni
es nacionalista. Dos fuerzas centrífugas cuya evolución o involución, es
impredecible.
La celebración
del 30 aniversario de la primera manifestación de la nueva democracia en
Sin embargo, esta
vampirización de los movimientos sociales por parte
de las organizaciones políticas, es algo que llevan en la sangre el resto de
los partidos -a los últimos movimientos sociales de Tenerife, manipulados por
nuevas-viejas fórmulas políticas alternativas, ciudadanas y posibilistas, me
remito-. Por eso, si algo cabe señalar especialmente, en el proceso que de las
AIO llega a CC y de CC no se sabe a dónde, es la felicitación ante el
aniversario de unos hechos que por sí mismos merecen todo el aplauso, y la
crítica por haber dejado a dos velas, con su actitud partidaria posterior, al
resto de la sociedad orotavense. Lo que ha ocasionado
a su vez un segundo velatorio, el de las otras formaciones políticas villeras. Independientemente de la responsabilidad de más
de una en su propio fracaso electoral.