Una vergüenza personal y mundial
Francisco
Muro de Iscar
Los periódicos de hoy,
los digitales y los de papel, las emisoras de televisión, las digitales y las
analógicas, las emisoras de radio, las locales y las nacionales, dedicarán
mucho más espacio a contar que Schuster ha sido
despedido del Real Madrid o a lo que haya pasado en Marsella con el Atlético de
Madrid, que a otros asuntos de indudable mayor importancia. ¿Quieren un par de
ellos? Uno, de relativa importancia: pese a la crisis, millones de españoles se
fueron el viernes de puente y volvieron el lunes, tras haber colapsado las
carreteras, haber derrochado energía y haber gastado una pasta. Parece un
contrasentido que estemos hablando de supercrisis y
que los signos externos digan lo contrario. O que indiquen claramente que la
crisis se va a notar mucho en algunos sectores y muy poco en otros. Es decir,
que esto sigue estando mal repartido.
Tan mal repartido que
mientras los cuarenta y pico millones de españoles tienen para comer, incluso
marisco, según cifras de
India y China son las
dos potencias emergentes del mundo, las que amenazan con acabar con la
hegemonía de Occidente, pero esos dos grandes países, junto con Congo,
Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopía, "acogen" al 65% de los
hambrientos del mundo. Una de cada tres personas del África subsahariana sufre
desnutrición crónica, mientras que casi tres de cada tres occidentales no quiere saber nada de lo que pasa fuera de su casa. No se si
era Steinbeck o Mark Twain quien decía que "de todos los animales de la
creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y
habla sin tener nada que decir". El problema es que muchos no comen ni
beben porque no tienen nada que llevarse a la boca. Y eso, hoy, cuando se
cumplen 60 años de