Violaciones sindicales

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Es cierto que el sindicalismo, en los países desarrollados, desde hace algunos años, no goza de buena prensa y, lo que es peor, está alejado de obtener una opinión positiva por parte de un porcentaje muy importante de trabajadores que ni siquiera quieren afiliarse a una organización sindical, aunque no dudan en aprovecharse de sus reivindicaciones y consecuciones.


La realidad es que el sindicalismo, sin capacidad de elaborar estrategias conjuntas, salvo excepciones, para enfrentarse a la globalización, el neoliberalismo imperante y sus negativas consecuencias, no ha podido luchar eficazmente contra la desrregulación de las relaciones laborales y el retroceso de las políticas sociales, por la desunión sindical, propiciada desde el poder político y económico, la adaptación o domesticación de algunos líderes obreros y la represión de otros.


El intento de desacreditar el sindicalismo, como obstáculo para el desarrollo económico, con independencia del juicio objetivo de su propia acción, es una tradicional apuesta, con notable éxito, de los sectores políticos y económicos más reaccionarios y los medios de comunicación que controlan. En España, se usa y abusa de la crítica y las calumnias sobre el comportamiento de muchos dirigentes sindicales, intentando generalizar, como actuación general, algunos deplorables ejemplos. En Madrid, las denuncias y protestas sindicales, contra la actuación de Esperanza Aguirre, a favor de la privatización de la sanidad pública, se intentan contrarrestar acusando a los sindicatos de utilizar liberados para organizar los actos de protesta. La prensa más reaccionaria y una organización de extrema derecha llamada Plataforma de las Clases Medias, vienen denunciando, falseando los datos, que financiar a los sindicatos con dinero de todos los españoles nos convierte en una sociedad inviable: "Trescientos mil liberados sindicales lastran nuestra economía y expolian a las clases medias", llegan a afirmar.


También, en Canarias, se ha atacado a los liberados sindicales, en conflictos como los de Sanidad y Educación. Sin embargo, no hemos oído una sola crítica para lo que nos cuestan los 75 enchufados, meritorios o estómagos agradecidos, denominados "asesores", sólo en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, los 32 "asesores" de Paulino Rivero y José Manuel Soria o el aumento del 32% de los gastos de protocolo del Gobierno canario.


Hace doce días, de Ginebra, recibí el Informe Anual de la Confederación Sindical Internacional (CSI), con 168 millones de trabajadores de 155 países, sobre las violaciones de los derechos sindicales en el mundo (2007), con el condicionante de no utilizar sus datos hasta las 00.01 GMT, del pasado 20 de noviembre, cuando se presentaría a la prensa mundial. El informe cubre las violaciones sindicales de 138 países. Como en años anteriores, existen pocos motivos para albergar cualquier sentimiento de satisfacción. Se revela un deplorable registro de destrucción de sindicatos, leyes antisindicales, intimidación y violencia contra los representantes de los trabajadores.


Un total de 91 sindicalistas fueron asesinados por defender los derechos de los trabajadores. Una vez más, América Latina ha sido el continente más peligroso para desarrollar actividades sindicales, con asesinatos, secuestros, amenazas de muerte, agresiones y registros domiciliarios. Resulta habitual que los empresarios despidan o trasladen de los sindicalistas en represalia por la creación de sindicatos. En las plantaciones bananeras la represión antisindical es un denominador común, especialmente en Ecuador y Guatemala. En Asia, gobiernos y empresarios no retroceden ante nada para silenciar a los sindicatos. Filipinas es uno de los países donde se producen más greves violaciones contra los derechos sindicales. Diversos países han recurrido a declarar estados de excepcion, suspendiendo la actividad sindical durante 2007.


Colombia, de nuevo, fue el país donde más crímenes se cometieron. 39 dirigentes sindicales perdieron la vida. En segundo lugar está Guinea, donde el régimen del presidente Lansana Conte ha sido responsable de la muerte de treinta sindicalistas durante la brutal represión de las manifestaciones, organizadas por los sindicatos, para protestar contra la corrupción y la represión sindical y política. El informe constata, asimismo, el aumento de la violencia contra los sindicatos, en Guatemala, con cuatro sindicalistas asesinados. Se registraron graves y sistemáticos casos de intimidación en 63 países. Un total de 73 sindicalistas fueron encarcelados, incluyendo a 40 tan solo en Irán. En Marruecos, 14 sindicalistas terminaron en la cárcel y 7 en Birmania, donde la Junta viene realizando una brutal represión contra cualquier movimiento ciudadano, a favor de la democracia y los derechos humanos.


Guy Ryder, secretario general de la CSI, afirmaba que "se ha recurrido a asesinatos, violencia y tortura, además de acoso, despidos y encarcelamientos, para impedir que los trabajadores se organicen en sindicatos y negocien colectivamente para obtener un salario y unas condiciones de trabajo decentes. Varios gobiernos apoyaron, de manera abierta o encubierta, a empleadores poco escrupulosos que niegan derechos fundamentales a sus trabajadores".


Medidas legales y administrativas, destinadas a restringir las actividades sindicales, vulnerando los Convenios de la OIT, fueron introducidas en 15 países, principalmente, asiáticos, pero que también incluyen a Chad, Ghana, Madagascar, Mauricio, Tanzania y Georgia, donde se estima que unos 20.000 trabajadores fueron despedidos por actividades sindicales. En todo el mundo, los trabajadores migrantes han sido víctimas de explotación y abusos, negándoseles el derecho a la afiliación y representación sindical, especialmente en Oriente Medio. Asimismo, destacan las violaciones de los derechos sindicales en la Zonas Francas Industriales (ZFI), donde cualquier forma de organización obrera está estrechamente controlada por las autoridades. En Arabia Saudita, cuatro empleadas, de origen indonesio, recibieron una paliza de su empleador, muriendo dos de ellas. En Irak, dos sindicalistas fueron asesinados, a consecuencia de sus actividades, después de haber sido secuestrados y torturados. Europa no escapa a las violaciones sindicales. Lo trataremos próximamente.


Lamentablemente, todo hace pensar que el próximo año sea peor. La situación de crisis económica generalizada, los conflictos bélicos, el incremento del hambre y la pobreza; el aumento de la precariedad laboral y el desempleo y la menor inversión en protección social, sanidad y educación, llevará a muchos gobiernos para evitar conflictos sociales, a intentar restringir los derechos de los trabajadores, de sindicación, reunión y huelga, que provocará un incremento de la conflictividad y la represión, lo que significará un aumento de las violaciones sindicales.