¿Cómo pueden volver a presentarse?
Los partidos independentistas,
esos a los que impulsa su honestidad, su honradez, su patriotismo y su forma de
hacer política de una manera decente y beneficiosa para el pueblo, serán los
que salven a Canarias de la crisis en la que actualmente se encuentra inmersa,
mayoritariamente por culpa de los socialistas de Zapatero. Un hombre, debemos
decirlo una vez más, que está arruinando a España y a Canarias, porque estas
Islas, para desgracia de sus habitantes, siguen siendo una colonia de España.
Lo comentábamos en nuestro editorial del domingo e insistimos hoy en ello:
serán esos partidos independentistas los que salvaguarden la riqueza de nuestro
Archipiélago. Los que, consiguiendo que seamos por fin una nación soberana,
evitarán que nuestros recursos sean expoliados por los peninsulares y europeos.
Esas riquezas, que son muchísimas, contribuirán a que vivan mejor los canarios,
porque en muchos hogares de nuestra tierra ha vuelto a entrar el hambre. Las
organizaciones benéficas están desbordadas porque cada día son más las personas
que han de acercarse a ellas, con una actitud vergonzosa y vergonzante -que no
es lo mismo- a pedir un plato de comida. A lo que hemos llegado: muchos
canarios ya sólo comen una vez al día como los perros. Hasta los perros de la bandera
autonómica -qué repugnancia nos produce hablar de la autonomía de Canarias,
pues sólo es un vil disfraz para ocultarle al mundo nuestra situación colonial-
están mejor alimentados que muchos isleños. Ni en los tiempos del general, aun
con carencia de libertad, se estuvo tan mal.
Para cambiar
necesitamos una nueva política. Y para que exista una nueva política se
requieren nuevos políticos. Hombres y mujeres -también esta idea la hemos
repetido en múltiples ocasiones- con las manos y la mente limpias. Hombres y
mujeres que acudan a la política a prestar un servicio a los demás, y no a
llenarse sus bolsillos como ocurre actualmente. Y ocurre porque siguen
existiendo las listas cerradas. Planchas electorales en las que se cuela toda
la morralla; toda la hediondez política; todos los sinvergüenzas y bolsilleros
que sólo piensan en el sueldo, en el coche oficial, en las dietas y, en
general, en tantas y tantas prebendas y prendas íntimas interiores que debe
pagar el pueblo canario con el sudor de su frente. ¿Y para qué?, nos
preguntamos. ¿Para que nos digan que somos españoles -qué estupidez, qué
absurdo- en el caso de los políticos pertenecientes a los partidos estatales PP
y PSOE, o para que nos digan, si se trata de los nacionalistas de CC -lo de
nacionalistas es un decir- que conviene reformar el Estatuto? El Estatuto de
las aguas asimétricas entre otras estupideces, cuando el peligro marroquí crece
geométricamente. El Gobierno de Rabat, siempre pendiente de aprovechar las
debilidades españolas, acusa ahora a España de racismo por el trato que le dan
a ciudadanos magrebíes policías nacionales y guardias civiles españoles en las
fronteras de Ceuta y Melilla. Acusaciones frente a las que el Ministerio de
Asuntos Exteriores español de momento guarda silencio. Dicen en fuentes
próximas al Gobierno de Zapatero que esta actitud se debe a una mera cuestión
de prudencia diplomática. La realidad es bien distinta. La realidad es que
España le tiene mucho miedo a su vecino del sur, porque sabe muy bien que no
puede hacer nada contra las pretensiones de Mohamed VI, sean cuales sean éstas.
El rey alauita es el gran aliado de Estados Unidos en el Norte de África. Un
amigo imprescindible ante la siempre amenazante presencia del integrismo
islámico. Por lo tanto, procede tenerlo contento. Si Marruecos volviese a
invadir hoy el islote de Perejil, España difícilmente contaría con el apoyo de
Washington para recuperarlo. Eso lo sabe Moratinos, lo sabe Zapatero y lo sabe,
por supuesto, el Gobierno marroquí. De ahí sus constantes presiones sobre las
plazas españolas en su territorio. Apenas consiga Ceuta y Melilla, lo cual está
a punto de lograr porque ambas ciudades se encuentran en su territorio, Rabat
se centrará en Canarias porque estas Islas también están en su espacio jurídico;
están en su Zona Económica Exclusiva.
No sabemos si todos
los canarios son conscientes del peligro que corren. Desconocemos si están al
tanto de que el día menos pensado se acuestan siendo canarios -o súbditos
coloniales españoles, que es nuestra verdadera e ignominiosa condición- y se
levantan convertidos en ciudadanos marroquíes. Nosotros, al igual que los
partidos independentistas a los que antes hacíamos referencia, sí somos
conscientes de este problema. Por eso queremos nuestra libertad; libertad para
constituirnos en un Estado soberano y quedar a salvo, de una vez y para
siempre, de las apetencias anexionistas marroquíes.
El Gobierno español
sabe que las cosas son así. En Madrid saben que bastaría el gesto magnánimo de
devolverle a Canarias lo que le fue arrebatado durante la genocida conquista
que sufrió hace casi seis siglos, es decir, su libertad y su identidad como
pueblo, para eliminar definitivamente la amenaza marroquí. Sin embargo, es tal
el egoísmo español, que en Madrid prefieren alargar la situación colonial
incluso a riesgo de que Marruecos nos convierta de la noche a la mañana en una
de sus provincias. Y eso a pesar de que son conscientes de que no podrán
mantener mucho tiempo más la finca canaria. La teta
de oro canaria; que nos perdonen nuestros lectores por decirlo de esta forma,
pero es así. ¿Qué se puede esperar de los dirigentes de un país que, después de
casi seiscientos años saqueando nuestras riquezas, prefieren que pasemos a
depender de Marruecos antes de ser una nación independiente? ¿Existe un caso
parecido de tanta ruindad en todo el mundo?
Para cambiar esta
situación, lo reiteramos, hacen falta nuevos políticos elegidos mediante listas
abiertas, en las que el pueblo vote a las personas y no a los partidos. En su
día España salió de una dictadura e inició una transición esperanzada a la
democracia. Hoy, más de treinta años después, hemos caído en la partitocracia; en una dictadura de los partidos, que hasta
falsifican facturas para financiarse, al parecer, porque eso deberán determinarlo
los tribunales de justicia, de forma ilegal. Somos conscientes de que queda
poco tiempo antes de las elecciones de mayo de 2011. Demasiado poco tiempo para
cambiar el sistema electoral, aunque también es cierto que si existe voluntad
en los partidos, la ley electoral se puede modificar en 24 horas tanto en las
Cortes españolas como en el Parlamento regional de Canarias. Mucho nos tememos
que tal modificación no se llevará a cabo. Los partidos no velan por los
intereses de los ciudadanos, a pesar de que a los políticos se les llena la
boca afirmándolo, sino por sus propios intereses.
En definitiva,
seguiremos soportando a toda la gentuza política que se ha colado mediante las
listas cerradas. Personajes políticamente execrables que sólo piensan en llenarse
los bolsillos -los de ellos mismos y los de sus parientes y allegados, que
enchufan sin recato alguno en las instituciones que gobiernan- con el dinero
que previamente han debido pagar los contribuyentes. Mientras tanto, el pueblo
haciendo cola para poder comer. A ver cómo se explica esto.
¿Cómo pueden
presentarse de nuevo a unas elecciones los que hoy están actuando de esta
manera? ¿Cómo pueden volver a mostrar sus rostros para que los elija el pueblo,
cuando deberían esconderse para siempre porque lo que han hecho los ha
estigmatizado para toda la vida? ¿Cómo pueden volver a concurrir a las urnas
Ana Oramas, José Luis Perestelo,
Manuel Fernández y todos los que se han aprovechado de la política para meter a
sus familiares en el reparto del botín político y económico?
Tengan por seguro
todos ellos que la gente no va a permanecer impasible durante más tiempo,
porque de la misma forma que aumenta el clamor callejero contra esta
desvergüenza, también crecen las ansias de que seamos independientes. Y en una
nación canaria soberana no tendrán cabida quienes esquilman a los ciudadanos.
Editorial del periódico El Día, 10-08-2010