Mohamed VI

 

José A. Infante Burgos *

Dicen que su padre, Hassan II, convaleciente y a punto de fallecer, le dijo: "Yo recuperé el Sahara y a ti te toca Ceuta y Melilla". Mohamed VI era en ese entonces un chico joven con mucho dinero empleado en educación -es licenciado en Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales, con certificados de estudios superiores(CES) en Ciencias Políticas y Derecho Público, recibió el grado de doctor de la Universidad de Niza-Sofía Antípolis en Francia, por una tesis sobre "La cooperación entre la Comunidad Económica Europea y la Unión del Magreb Árabe" (1993), y doctor honoris causa por la Universidad George Washington, en Estados Unidos (2000)- que despertó grandes esperanzas de apertura y normalización democrática cuando subió al poder.

Es el 18º rey de la dinastía alauí, y, en pura teoría, de acuerdo con una Constitución con una sola trampa, revisada en cinco ocasiones, garantiza la libertad de cultos, la libre circulación, la libertad de opinión, de expresión y de asociación, así como el derecho a reunirse en público y afiliarse a cualquier partido político. En lo que respecta a derechos sociales, reconoce el derecho de huelga, el derecho a la propiedad privada y la libre empresa.

El problema gordo es que todo está sometido a la decisión del Rey; no es efectiva la división de poderes porque él es quien manda, es decir, que siempre se encuentra en el vértice superior y por encima del bien y del mal, ostentando además el cargo de Amir al-Mu'minin (líder religioso de los fieles).

Conocido como "Rey de los pobres", ocupa la séptima posición entre los reyes más ricos del planeta, precedido únicamente por el Sultán de Brunei, que ocupa el primer puesto, los Reyes de los países del Golfo Pérsico, ricos en petróleo, y por el Rey de Tailandia. La revista Forbes cifra la fortuna de Mohamed VI en tres mil millones de euros. Tiene un presupuesto anual de 320 millones de euros y gasta al día 800.000 euros, un presupuesto muy superior, treinta veces por lo menos, que el pobre Juan Carlos, que no supera los ocho millones de euros anualmente; además, teniendo en cuenta que el PIB de España es treinta veces el PIB marroquí. El rey Mohamed VI tiene negocios por todo el país, en todas partes y en casi todos los sectores, entre ellos, financieros, inmobiliarios, agrícolas y de distribución en supermercados. Nada se mueve sin que lo apruebe; allí no se instala ni un chiringuito de playa si no tiene su consentimiento.

Digamos que entonces tenemos a un chico joven, relativamente bien formado, casado con una bereber, forrado de pasta hasta las orejas y con el poder absoluto de hacer y deshacer realmente lo que le dé la gana. Más o menos como el rey Eduardo VI en la serie, bastante buena por cierto, que están emitiendo sobre los Tudor y una vez completado el proceso de transformación hacia la forma moderada de protestantismo, que se conocería en adelante como anglicanismo.

Con semejantes antecedentes, "poder y responsabilidad", trata, como es lógico, de rodearse de los mejores asesores. La gente que está a su alrededor maneja el impresionante cotarro, aunque condicionados a que en este mundo globalizado existen unas pautas y en ellas principalmente juega a favor de los intereses de Francia y EEUU, que a su vez lo mantienen. España tiene su papel de zorrito asignado. Una cosa es el cuento y otra muy distinta el ungüento.

La fuerza de Mohamed VI -"Marruecos soy yo"- ante España es más de juego económico, teatral e interno que otra cosa. Se ha visto repetidamente en la esfera de los conflictos (Perejil, Aminatu?), aunque no haya que infravalorar los continuos amagos expansionistas -entre flor y flor ya se liquidó la lechuga del Sahara (que difícil retroceso va a tener)-. Este monarca de esquema medieval busca, como le enseñó su padre, los momentos de debilidad para montar el pollo. Ahora Zapatero está jodido y se acercan elecciones: ¿quizás es un buen momento para dejar sin fruta ni pescado a una -a la otra no; ¿por qué?, vete tú a saber- de las dos ciudades autónomas en un norte de África más al norte que Canarias?

Creo que nunca podrán atreverse con las Islas, por razones históricas, culturales, económicas, religiosas..., incluso étnicas, aunque en teoría si coges su mapa con el Sahara anexionado habitamos en el centro "pa'dentro" del pretendido Gran Magreb.

* Publicado en el periódico El Día, 19-08-2010