Bagua: Gobierno
ilegítimo
Muerte de más de veinte peruanos awajun
Alexando Saco
Es repugnante la forma en que el gobierno
utiliza a los muertos de
El gobierno aprista con los actos del cinco de
junio termina por perder la legitimidad que poseía; legitimidad entendida como
una actuación conforme a las leyes. Primero porque está demostrado que el
proceso de aprobación de los decretos legislativos no ha seguido un trámite
legal adecuado; segundo porque no existe legalidad que pueda sostener una
acción represiva convertida en masacre. A ello hay que sumar todas las demás
acciones que desde el inicio de su periodo este gobierno realiza: el
rompecabezas es evidente.
En una actitud aznaresca,
en complicidad con varios medios de comunicación, el gobierno pretende negar la
muerte de muchos peruanos. Ahonda la discriminación exhibiendo el dolor de las
familias de los policías muertos pero invisibilizando
el dolor de los amazónicos caídos. Se trata de una actitud inaceptable que
pinta de cuerpo entero al régimen. La violencia desatada sobre los peruanos
muertos el cinco de junio no es casual ni producto de una respuesta necesaria;
es la culminación o fundación de una estrategia represiva.
No hay ninguna duda de que la orden de proceder
a la masacre de más de dos docenas de peruanos ha sido dictada por Alan García.
En ese sentido la actitud presidencial avalada por el gabinete y por sectores
del Congreso, lleva a cuestionar el ejercicio del poder en el país. Los actos
represivos evidencian una vez más que las condiciones para el ejercicio de la
democracia plena en el país no existen. Es necesario alertar sobre ello a la
opinión pública mundial ya que el proceso electoral del 2011 se encuentra
viciado por la intervención gubernativa.
Es inaceptable que se siga con el cuento de que
los pueblos amazónicos o las organizaciones que cuestionan al gobierno, son
dirigidos por el eje Caracas
No son asuntos de forma los que se discuten en
relación a la legitimidad democrática hoy. Se trata de aspectos de fondo que han
obstruido el fluir democrático. Una democracia no comete masacres; una
democracia no distingue entre sus ciudadanos como se hace desde el poder con
los muertos en Bagua; una democracia no confabula desde los medios de
comunicación estatales o privados para voltear la realidad. La aspiración de
lograr un país democrático ha sufrido una puñalada por la espalda y los mismos
sectores autoritarios de siempre lo avalan.
En todo ese contexto, la resistencia de los
pueblos amazónicos es absolutamente válida y está justificada. Las leyes que
han originado las protestas de los amazónicos deben ser derogadas; no hay otra
salida política frente a los hechos sucedidos. Buscar enrevesadas
interpretaciones o justificaciones a lo evidente es alentar que mañana se masacre
a algún otro colectivo que reivindica su libertad.
El régimen político peruano cruzó el cinco de
junio todo límite. La violencia suscitada que nace desde Palacio de Gobierno y
desde el APRA, como portavoces del conservadurismo, es parte de todo un proceso
confabulado para llevar las situaciones al extremo.
Al igual que el senderismo, el régimen y sus
aliados desprecian la vida de los peruanos y distinguen entre unos y otros
compatriotas. La espiral desatada demuestra que la apuesta desarrollista planteada
en el país desde
Alexandro Saco
6 6 2009