SANGRE
DE ACENTEJO
Sangre de
Acentejo (I) Llegada del invasor
Volvamos
siglos, a días de gloria,
Donde Benchomo
resistía
Tras años de
amenazas.
¿Llovería
aquel día? ¿Brillaba algún Sol?
Sólo conozco
de aquellos enzarzados
En defender su
cuna del invasor.
Alguno vestido
de pieles
Ejerciendo su
labor,
Debió escuchar
gritos en otra lengua,
Órdenes,
sonidos metálicos,
Al anclar
grandes barcos
Repletos de
mercenarios, en las costas de Chinech.
Petrificado vería
planificar engaños,
Propiciar
insultos hacia sus dioses,
Sus mujeres y
su tierra…
Seguro lloró,
quizás de miedo, tal vez de amor,
Mientras corría
furioso
A su aldea, a
los pies de su mencey.
Sangre de
Acentejo (II) Defensa
del honor, encuentro
Conocido en
donde fuere,
Se preparó una
defensa,
Que un canto a
la tierra
Obligaba al
luchador.
Se olvidaron
las rencillas,
Pues todos querían
defender del opresor.
Repetirían
Guayres, consejeros,
Se escucharía
solo una voz
En el
Tagoror… luchar hasta la muerte
Más si fuera
necesario,
Jurar por
huesos anteriores,
Por la
integridad de Nivaria.
Partieron en
buen orden, detrás del Gran Benchomo
Al encuentro de
aquellos,
Conocidos
sanguinarios…
Los decantó su
olor…
No esperaban
los españoles…
Lucha por lo
suyo, manos desnudas, honor.
Sangre de
Acentejo (III) La lucha,
la victoria
Probablemente
fue
Aquel que los
divisó,
El primero que
con fuerza
Su banot arrojó,
Atravesando la
fría armadura
Del invasor.
Se tropezaban
los caballos,
Ante el miedo y
el arrojo,
Al ver
descender a Benchomo,
Rodeado de los
suyos, a responder al invasor
Pagando con su
misma moneda las afrentas y el terror.
Caían por
segundos, el pirata huyó,
Ante un pueblo
militarmente inferior.
No los
persiguieron, sabiéndose victoriosos.
Benchomo replegó
y volvió a su lugar…
Primera derrota
española,
a manos de un
pueblo amante de su libertad.
Sangre de
Acentejo (IV) Perdura en
el recuerdo
Siglos han
pasado,
Pero nuestro
pueblo,
Aún nublado de
mentiras,
Recuerda la
gesta de aquellos
Que, junto a
Benchomo,
Cumplieron con
su deber.
No se asustaron
ante fieras,
Ni ante armas más
potentes…
Gozaban del
poderoso fuerte
Del sentimiento
patrio
De saber a la
Madre y la hermana atacada
Por alguien
extraño.
Han pasado
siglos y siglos, pero aún lo rememoramos,
Sabiéndonos
distintos, amantes de lo nuestro.
La primera
derrota del Imperio
No la hicieron
las armas ni el engaño,
Cosa la que los
mercenarios nos tenían acostumbrados…
Gesta,
armaduras de tabaiba, banot al fuego… Acentejo.
Altakay