Siete tierras para un alma (I)  

 

Al borde del mar y aparcadas entre pinares

Están las Canarias… que largas, que guapas.

Allí observé mi primera gasa,

Primogénita borrachera de aprendices,

Tras la marca de una idea

Calzada con remaches.

 

Pocos no fueron los Berenguer que me acontecieron bajo su solemnidad,

Pues más de tres mil días pase en sus faldas,

Abrazado a teas, olisqueando gofio,

Picándome con las tuneras

Y “alongándome” en los “joyos”.

 

La observo mediante el regalo de la cartografía

Mientras sueño con besar su mejilla con olor a “ñame”,

Tocar más folias vestido de alquitrán,

Cazar de nuevo mariposas al soñar de lo que viene,

Defecar sobre lo que no conviene

Y reírme del decir de los inferiores superpuestos a las billeteras.  

Siete tierras para un alma (II)  

Propulsiones blancas de aperturas verdes,

Cubiertas oscuras, apoyos de palo,

Se ven a diario sombras de cabezas

Parloteando quisquillosas

Asuntos cuaternarios

De creatividad dudosa;

 

Todo borbotea en mi cajón de celulosa…

No guardo fotos, ¿y sirven de algo?

De quién me tengo que acordar, ya lo hago a diario…

Prosigo andando por un camino empedrado.

Veo a “Cho Jolgorio” el de Calatea la Cascarrabias

Vuelve a oler a alegría… mañana lo sabrá todo el pueblo.

 

Parece mentira, pero me oscurece fuera de las fronteras de mi libertad…

¡Qué ganas de soñar de nuevo despierto!

Verle los espejos del alma a los adoquines de azulejo

Trayéndome lo mío en bandejas de plata

Y rememorando asuntos ya de calidad añeja…

¿Otro vinito, Simeón? – Hágame el favor, y hábleme de usted.

 

Altakay ayt Daute