A LA MAR FUI POR MI VOZ

José Manuel Hernández

En estos días de pensamiento único, en los que el oscuro brazo del poder sigue empeñado en matar nuestros sueños, en aplacar nuestras ilusiones de cambio y justicia social, en arrinconar la ternura de la solidaridad, en aplastar nuestra libre determinación, en agitar nuestras vidas para ir cada vez más rápido y no detenernos en disfrutar del olor fresco del jazmín o en la espera de una estrella fugaz...en estos tiempos de linda resistencia, les mando un abrazo fuerte, lleno de espuma de este mar que nos acaricia como un amante eterno, para que en los próximos tiempos sigamos en pie, con la cabeza alta en nuestro hermoso combate por la vida digna.
Para que sigamos, como nuestro Pedro García Cabrera, buscando naranjas en la mar, encontrando la esperanza en el borde de cada risco y reivindicando, siempre, nuestro más elemental de los derechos: el de la palabra.

Saludos y un regalo en forma de poema, para que los días que están por llegar sean los de la felicidad por vivir en un mundo mejor.

A LA MAR FUI POR MI VOZ

Mar a la que he buscado como un sueño,
haz tuya mi palabra,
no me dejes nunca descansar en la frente,
llénala de retumbos y de olas,
levántamela en vilo,
dale la libertad de andar por todas partes.
Una palabra que se articule en huracanes,
que tenga el universo de una gota de agua,
donde puedan procrear todas las bestias,
donde se oiga resollar las multitudes.
No quiero las palabras que recuerden,
las palabras heladas en el fondo de un lago,
las palabras que vayan a un entierro.
Las quiero como lágrimas,
sin goznes aceitados,
con el salto de un tigre.
Una palabra con calles llenas de gente,
con aguaceros sobre planchas de zinc,
que haga saltar montañas,
poner en pie los cauces de los ríos,
darle al barro un hogar de lejanías.
Una palabra que pise las tabernas,
que se embriague de ron y de cuchillos,
que cruja como el pan en la boca del horno.
Una palabra que abrigue los inviernos,
que arda como el fuego en las cocinas,
que mueva las caderas igual que una muchacha.
Una palabra viva como el llanto de un niño,
que pueda dar la mano y estrecharla,
que se ponga mis trajes y mis zapatos,
que encienda un cigarrillo y salga de paseo
a levantar ciudades de enamorado rostro
donde vivir los hombres sin sentirse enemigos.
Palabras que no teman morir atropelladas
ni decir lo que sienten poblándose de nudos.
Palabras que madruguen y den los buenos días,
que se carguen al hombro las piedras del trabajo,
que salten de los libros y te claven su aguja
y que en cualquier instante
vibren como las gradas de un partido de fútbol.
Y cuando esta palabra tenga fuerza y dominio
para tomarme en brazos,
tutear mi aventura,
darle cielo a mi sangre,
transfigurar mi voz en una hoguera,
se haya como una esponja empapada de pueblo,
que vaya a tus orillas, descalza y pescadora,
a sacar de las redes el seno de naranja
que tiembla en la desnuda poesía.
Con la mano en la mar así lo espero.


Pedro García Cabrera

(La esperanza me mantiene, Canarias, 1959)


Que el nuevo año sea el de nuestras voces y nuestras palabras

José Manuel Hernández (La Orotava)