Alarmas económico-sociales
Juan-Manuel García Ramos
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e agosto hasta aquí los medios de comunicación insulares han venido dando cuenta de fisuras preocupantes en la estructura económica y social de Canarias de las que hemos ido tomando nota para su análisis.Dejamos de lado el fenómeno de la inmigración marítima y aérea porque e1 impacto de una y de otra en nuestra opinión pública es tan permanente que ha dejado de ser motivo de alarma en nuestra población y, lo que es más dramático, ha dejado casi de interesar a las autoridades autonómicas y estatales. Las primeras porque aducen no tener competencias en esa materia; las segundas porque tienen los cinco sentidos en Perejil, Ceuta y Melilla y esto del Atlántico les suena a ultramar y a lejanía; o a ultraperificidad, con lo que ello supone de fácil irresponsabilidad y desentendimiento.
Pero, ¿de qué fisuras económicas y sociales queríamos hablar?
En primer lugar hemos sabido, a través del informe de la situación económica, social y laboral en el Archipiélago, elaboralo por el Consejo Económico y Social de Canarias, que el 85% de los contratos laborales firmados en el año 2001 en nuestras Islas tenía la calificación de eontratos basura bajo el amparo de la modalidad de eventual por circunstancias de la producción. Lo que significa, desde nuestro particular punto de vista, que aquellos jóvenes que acceden por primera vez a un trabajo están abocados a la precariedad como escenario casi exclusivo para encauzar sus profesiones. Y llena a uno de consternación el comprobar cómo muchachos y muchachas llenos de vida y de entusiasmo se esmeran en cumplir sus horarios y sus tareas durante los seis meses de su vinculación a empresas de distinta índole para luego recibir la notificación de que ya no se cuenta más con ellos porque sale más barato para el patrono cambiar de nombre y de apellidos durante los seis meses siguientes. Nadie ha calculado el daño sicológico que podemos estar haciendo a esas nuevas generacionea al usarlas en sus oficios medio año y tirarlas luego como un kleenex en el durísimo mercado laboral a recomenzar sus pesquisas para una nueva colocación. Sabemos que las doctrinas liberales obligan a una flexibilización a la hora de incorporar a la gente a los puestos de trabajo pero de ahí a convertir la precariedad en metodología permanente hay un trecho de inhumanidad que algún día habrá que determinar.
En segundo lugar, también nos han llegado datos acerca del número de camas turísticas ofertadas por Canarias en estos momentos, unas 544.000 legalizadas y unas 113.000 en espera para obtener autorización definitiva, es decir, unas 657.000 camas legales, sin contar las decenas de miles de ilegales que no se contabilizan en un informe emitido en noviembre de 2001 por todos loa cabildos insulares de nuestra Comunidad. Y todo ello, según la suma de los planes insulares de ordenación de cada cabildo, con la perspectiva inquietante de llegar a doblar el número antes aportado y rozar el 1.343.000 plazas hoteleras en las próximas décadas si las directrices de ordenación general y del turismo, conocidas también como la moratoria, no le ponen un poco de prudencia y de razón al disparate que nos puede deparar el futuro.
Pero todas estas cifras virtuales de crecimiento se nos vuelven mucho más incomprensibles si las comparamos con datos documentados oficialmente, con lo que ocurría en nuestros suelos insulares en un año tan cercano como 1958. Según la Delegación Provincial de Información y Turismo de Las Palmas, en 1958 existían en explotación en esa provincia 1.178 plazas hoteleras, que sumadas a un número algo superior en la de Santa Cruz de Tenerife, no llegarían a rebasar en toda Canarias las 5.000 camas. Es decir, de 1958 a 2002 hemos ido desde las 5.000 camas de entonces a las 657.000 actuales en régimen de legalidad, dejemos de lado las más de cien mil ilegales existentes. Un proceso que a nuestro entender no hemos llegado a digerir ni medioambiental, ni económica ni socialmente. Aunque ahora viene el dato más curioso.
Según la Encuesta sobre el Gasto Turístico en Canarías durante el año 2001 publicada por el Instituto Canario de Estadística, sólo el 37% del gasto de los turistas que viajan a Canarias se queda en las Islas.
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Y vamos ahora con el último de los asuntos de tos que nos queríamos ocupar en esta reflexión semanal antes de hacernos algunas preguntas.
Vamos con la agricultura, el sector más sacrificado en estos nuevos tiempos de auge de los servicios. Leo con detenimiento un análisis de mi buen amigo y gran experto en asuntos agrícolas y comunitarios, Roberto Goiriz Ojeda, sobre los, a su buey entender, «7 pecados capitales de la UE», y en espacial releo uno de los apartados de su artículo del día 6 de septiembre del presente año en CANARIAS7 referido al sector productivo del que tantos conocimientos posee. Dice Goiriz: «Perder la fe en el sector agrario, al que sólo Europa ha dejado de considerar como un sector estratégico» es uno de esos siete pecados capitales denunciados. Y sigue Goiriz: «El sector agrario es un sector estratégico fundamental para asegurar la alimentación y la autonomía a los pueblos. Así lo entienden todos los gobiernos del mundo, que hacen esfuerzos ímprobos para desarrollar estos sectores».
¿Nos ha beneficiado integrarnos en las políticas comunes de la Unión Europea como decidimos hacerlo en 1991 al cambiar nuestro estatus en ese ámbito económico? Ha sido mucha el dinero llegado a Canarias en fundos para el desarrollo agrario, pero ese respaldo nos ha confinado en una cultura de la subvención, donde todas las picardías se han incentivado y siempre ha llegado primero a las perras europeas el que más pronto corriera y el que más información privilegiada manejara.
Una Canarias decidida a convertirse en destino turístico europeo no puede desentenderse de su agricultura, pues ésta es siempre complementaria dei sector del ocio, no sólo desde el punto de vista estético, sino desde el dietético: ¿por qué no autoabastecernos en la medida de lo posible para dar de comer a los doce millones de visitantes que llegan a nuestro Archipiélago?
Y por otra parte, ¿dónde iremos cuando cualquier eventualidad disminuya el número de turistas que eligen las Islas para descasar?
¿Qué ha sido de la pesca con un Marruecos arrogándose el derecho de prohibimos faenar en un banco canario-sahariano que según todos los dictámenes internacionales no ha gozado jamás de soberanía marroquí?
?Ha servido la Zona Especial de Canarias para relanzar el sector industrial como se esperaba?
Voy a terminar haciéndome preguntas que debieran estar en la mente de todos. Sabemos las preguntas, las respuestas no.
*Publicado en Canarias7 y Diario de Avisos, 16-9-02