Elguanchepress, 26-10-03

ALÍ BABÁ Y LOS SESENTA LADRONES

Parece que las autodenominadas señorías del Parlamento títere han comprado sesenta ordenadores portátiles con 2541 euros multiplicado por sesenta, uno para cada uno para que no se peleen dicho sin segundas, lo que traducido a las antiguas pesetas hacen la nada despreciable cantidad de más de 25 millones, y todo ello porque parece que quieren ponerse al día en el tema de las nuevas tecnologías, lo cual es muy loable. Esperamos y deseamos que "sus señorías" hagan mejor uso del ordenador que el que han hecho de la política. Lo que no es motivo de loa alguna es que con el dinero procedente de nuestro trabajo "sus señorías" se pongan el día (se pongan las botas) en las nuevas tecnologías, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de nuestro pueblo no los puede ver ni en pintura, como lo demuestra el hecho de la enorme abstención electoral que hay en Canarias convocatoria tras convocatoria, por lo que no procede que de los descuentos del salario de personas que no saben ni leer ni escribir, que son muchas en nuestra Patria, hagan uso "sus señoría", para hacerse con un portátil última generación, o sea, de los más caros. ¿Qué debemos hacer, comprar un portátil a cada concejal de cada ayuntamiento, de cada cabildo para que se pongan las botas, perdón, al día? ¿Compramos un portátil a cada médico, a cada profesor, a cada fontanero, a cada electricista, a cada agricultor? Nos tememos que no tenemos para tanto portátil, pero tampoco para el de "sus señorías". Pues los hechos no son malos o buenos en función del número de implicados, sino del hecho en si mismo.

Mientras esto ocurre muchos profesores habilitan los antiguos ordenadores 286 e incluso los anteriores Commodore para explicar a sus alumnos los rudimentos de la informática.

Un ejemplo reciente lo tenemos en el tesón y el coraje con el que el Señor Cubillo le arrancó al gobierno metropolitano una indemnización por las secuelas del atentado que perpetraron en Argel en 1978, aunque no hay dinero en el mundo que repare ese daño y el ocasionado por el colonialismo español a nuestra Patria, a nuestra gente, a nuestro idioma, a nuestros bosques y en general a nuestra cultura.

Contrasta la ligereza con la que estos niños y niñas de papá que ahora se hacen llamar "señorías" se lucran a costa de las espaldas de los trabajadores con argumentos ñoños como que es una inversión ecológica, a la vez que construyen impasiblemente sobre los barrancos, realizan tendidos eléctricos a través de nuestros montes, destruyen nuestros mares, proliferan las instalaciones militares desoyendo la opinión en contra de nuestro pueblo que desde 1986, vía referéndum, expresó su firme voluntad en contra de la OTAN, se despilfarran miles de millones en un Auditorio (con lo que costó se hubieran contratado setenta mil (70.000) músicos mientras se les niega el pan y la sal a los de la banda municipal de Eguerew.

El dinero del pueblo es sagrado, y cuando no ha sido así, como pasó en Argentina, en Brasil, en Méjico, en la antigua Unión Soviética y en tantos y tantos sitios, donde una élite se beneficia descaradamente del trabajo de los demás tiene lugar, irremisiblemente, la explosión social, porque la sociedad se polariza entre esta élite muy, muy rica, de alto estanding y una pobreza mal repartida.

"Sus señorías" tienen todo el derecho del mundo a ponerse al día en las nuevas tecnologías, ya no tan nuevas por cierto, pero no a costa de nuestro trabajo, de nuestro dinero, de nuestros madrugones y de nuestros sacrificios.

El pueblo está listo y preparado para desalojar de las instituciones a todos estos aprovechados y colocar en su lugar a sus verdaderos representantes, defensores honestos de nuestros intereses, antes de que sea demasiado tarde y todo se vaya al traste, al garete, que ya está bien de que estos herederos de Saqueo sigan enriqueciéndose a nuestra costa, a costa nuestra.