AMOR LIBERTAD CANARIAS
"Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que nos toca vivir más cerca y que nos vio nacer" JOSÉ MARTÍ.
"Todo por y por la libertad de los pueblos y de los hombres" SECUNDINO DELGADO.
"Para mí, patriotismo rima con humanidad. Soy patriota porque soy hombre y humano" GANDHI.
Secundino Delgado y su mujer María Rodríguez reman entre la esperanza y el miedo. María está embarazada irradia una melancólica felicidad. El tiempo vuela con la velocidad del cernícalo y se aproxima el esperado día. Ya no puede ayudar a su marido en el taller, pero sigue con las labores caseras. Sufre dilataciones y fuertes dolores. Así llega el día señalado. Los dolores aumentan en intensidad y frecuencia. Josefa, una vecina acostumbrada a ayudar en los partos, le acompaña. Llega la hora tan esperada. Con ayuda de su vecina da a luz un hermoso niño delgadito y moreno. Secundino deja por un momento el taller recibiendo con alegría y esperanza el nacimiento de su hijo al que pone su propio nombre.
Fue un radiante día azul, con las gaviotas revoloteando sobre los cielos de Canarias, cuando nace en Añazo nuestro protagonista en una casita de la calle San Lucas, en 1887. Ese día aparentemente tuvo una noche de lluvia de estrellas y luna llena; porque venía al mundo uno de los primeros canarios modernos, que expresarían se amor a la patria canaria más rotundamente. Las calles de Santa Cruz fueron el escenario de los juegos de este niño feliz; pero que poco a poco se convirtió en una serio y con una madurez precoz. Pronto tuvo que usar gafas y fue objeto de la clásicas bromas por partes de sus amigos.
Su padre, maestro Secundino, era un trabajador artesano proveniente de Aguere y su madre, María Rodríguez, de Adeje. No se aburrirían, pues su casa llegaría a estar llena de la alegría infantil que les proporcionaba su una extensa familia de seis varones y dos niñas. A pesar de ello la vida no era fácil y tenía que colaborar con los padres para ganarse el difícil alimento diario.
Su adolescencia fue un velero navegando entre el trabajo y el estudio. El jovencito Secundino era reflexivo y observador. Ya empezó a ser consciente del caciquismo y la falta de libertad que le rodeaba y que a veces le asfixiaba. También se fijaba en los hermosos guayabos que cruzaban las calles de la ciudad cuando el iba de un lado a otro. Era tímido y postergó esa sana inquietud de la pubertad. Se fue convirtiendo en un lector empedernido. Consiguió que amigos libertarios le dejaran libros que devorar, tanto de temas literarios como políticos.
Verdaderamente se ahogaba, le hablaban que en la otra orilla existían otros países donde se podía practicar la libertad y la dignidad. Además como para tantos otros canarios, era una forma de salir de la pobreza crónica propia de una sociedad dependiente.
Ahora la caída del monocultivo de la cochinilla era la última de las muchas precedentes causas. Todo ello debido a la situación, política, social y económica a que estaban sometidas nuestras Islas. En ellas existían unas 250.000 personas, de las cuales más de 200.000 eran analfabetos. Todo ello agravado por su situación familiar lo llevó a consultar con María, su mamá, lo que ya tenía más que decidido.
- ¡Vieja, ya no aguanto más, no nos da para mantener a la familia! le dijo angustiado a su madre.
- ¡Además no aguanto este caciquismo y falta de libertad! ¡Quiero ayudar a mi pequeña patria! insistió. La madre permanecía silenciosa y no podía articular palabra alguna. Se le resquebrajaron sus entrañas y su corazón de madre. Hacía bien poco que su esposo había fallecido consecuencia de una neumonía. No se había recuperado, pero estaba dispuesta a afrontar la situación.
- ¡Hijo mío, haz lo que creas conveniente, ya eres un galletoncito para decidir por tu cuenta! - dijo al mirar a su joven retoño, que era tan sólo un chiquillo de 14 años. Un mar de lágrimas le corrieron como manadas de una fuente eterna. Se abrazó a él con todas sus fuerzas y siguió descargando su amargo llanto durante largo rato.
Sí, con apenas 14 años, nuestro héroe fue arrojado y desterrado de su Tierra Canaria, eso sí, con la esperanza de un mundo mejor. Embarcó en un velero, que llevó el saco de sus tristezas e ilusiones, a través de un inmenso y a la vez tenebroso mar. Se le hacía un nudo en el estómago cuando pensaba en su familia, amigos, vecinos, veleros del puerto de Santa Cruz y la silueta lejana de la cordillera de Anaga.
Cuando Cruzó el poderoso Atlántico, desde el velero divisó la que le pareció una gigantesca ciudad llena de edificios que intentaban tocar el cielo. También aquel gigantesco puerto lleno de veleros y titánicos buques de vapor. No se creía lo que veía, él que había venido de una pequeña ciudad de sus Islas. Tenía que ser la urbe de La Habana, de la que tanto le habían hablado. Le recibieron sus tíos y primos con gran cariño.
-¡Secundino, hijo, qué grande estás, pero te veo un poco flaco! Aquí pronto comerás caliente y te pondrás más llenito le abraza con emoción su tío.
-¡Ven a mí cariño, qué guapo estás, nuestra casa será tu casa hijo mío! la tía abrazándolo, besándolo y derramando un río de lágrimas.
Él permaneció callado, atolondrado. Los primos y primas también lo besan con emoción. Recorren las calles de la grandiosa ciudad de La Habana Aquellos enormes edificios lleno de belleza y lujo. En silencio mira a un lado y otro mientras se dirigen a la casa de los tíos.
Vivió durante un año en La Habana. Con varios amigos viajó a EEUU, donde había una amplia colonia de cubanos que luchaban por la emancipación de la perla de las Antillas. Secundino inmediatamente se identificó con sus ideales. Pensaba en su maltratada Tierra Canaria. Allí el amor le sorprendió y terminó casándose con Mary Trifft, con la que tuvo dos hijos.
Poseído por ideal de libertad, se incorpora a la lucha por la independencia cubana. Funda el periódico radical "El Esclavo", que tuvo resonancia importante en España. Se incorpora directamente en la confrontación con la metrópoli. Al poco tiene que huir hacia Canarias, pues es perseguido por la policía española. Sólo nueve meses duró la estancia de su vuelo en su Tierra, pues la garras de "el carnicero" general Weyler le persiguieron de nuevo. Otra vez tiene que remontar su vuelo de gaviota errante en un nuevo velero, que ahora le conduce a América.
Llega a Venezuela, la patria de Miranda y Bolívar. Le reciben algunos amigos y otros que han oído hablar de sus hazañas en su lucha emancipatoria. Entre los que le reciben está José E. Guerra Zerpa, un mocetón grandote con un corazón canario y solidario tan enorme como su estatura.
-¡Secundino Delgado, del activista por la libertad de las Islas Canarias que tanto nos han contado sus hazañas! mientras lo abraza efusivamente con su corpulencia a un Secundino no tan grande y fuerte.
-¡Gracias a ustedes por este recibimiento que no merezco! les contesta emocionado y tímido a la vez nuestro protagonista.
-¡Grandes cosas podemos hacer juntos en esta hermosa patria de Miranda! le responde Guerra Zerpa y sus amigos ilusionados.
Enseguida sus sensibilidades sintonizan. Zerpa queda seducido por el entusiasmo que desprende Secundino. Le pone en contacto con otros canarios amantes de la libertad de Canarias. Se organizan y lanzan a luz el periódico "El Guanche". Secundino arrastra con su verbo fluido y lleno de vibrante amor a la libertad y a sus Islas. El fruto no tardó en llegar. Se extendió la luz de "El Guanche" por los rincones más apartados de Venezuela e incluso sus ecos llegaron a Canarias y la metrópoli.
Para los imperialistas españoles aquello era intolerable, desplegaron su furia de toro herido en plena plaza. Presionan sobre el general Joaquín Crespo para que cierre la pequeña ventana por la que se cuela la luz de la libertad que significaba "El Guanche". En uno de sus escritos vuelan de su pluma estas bellas palabras: " Herido nuestro adversario por la lógica de EL GUANCHE, huye como la fiera, no atreviéndose a dar de frente la dentellada y nos acomete a mansalva No importa, ésta es su primera derrota El grito está lanzado: ¡Vivan las Canarias libres! Es desterrado a Curazao y luego llega a Nueva York. En la urbe de los rascacielos sigue su incansable labor emancipatoria. Allí conoce personalmente a quien tanto admiraba. Al hijo de oa canaria Eleonor Pérez.
-¡Maestro, qué alegría conocer a la persona más admirada por mí! expresa con el mayor de los respetos hacia José Martí, el prócer de la libertad de Cuba.
-¡Secundino, tú también eres muy conocido por tu lucha emancipatoria tanto de Cuba como de tus queridas Islas Canarias! ¡El gozo y el respeto por ti son míos! Le responde el padre de la patria cubana.
Ambos líderes trabajan juntos en Nueva York por la lucha común que les une. Se organizan y trazan proyectos comunes. Vuelve a Cuba después de la independencia y allí se nacionalizó.
Regresa a Canarias con sus ideales intactos. Sufre una fuerte frustración ante la falta de una base sociopolítica para desarrollar con plenitud sus ideas de libertad y tiene que optar por una autonomía. En aquel momento había una ebullición de las fuerzas proletarias. El luchador Secundino se incorpora a la Asociación Obrera de Canarias. Recuperado emocionalmente, con su característico entusiasmo se integra en la propaganda del obrero Partido Popular. Incansable funda un nuevo órgano de prensa llamado VACAGUARÉ. En poco tiempo se implanta en el archipiélago pregonando la máxima autonomía de España. Esto una vez más resultó intolerable para los nostálgicos del imperio.
Estaba Secundino Delgado en su casa de Arafo con su mujer y sus hijos. Vive momentos de felicidad familiar. Goza del amor de su abnegada mujer. Se divierte jugando con sus hijos Darwin y Lila. Mas él sabía que aquello no podría durar mucho y por ello apuraba aún más sus momentos de paz y alegría. Estaba dispuesto a sacrificarlo todo por los ideales a los que había dedicado su vida. Él mismo dirá estas generosas palabras: "Qué importa los sacrificios si algún día llega a alumbrar nuestra Patria el sol de Libertad ".
En tanto aparece por allí una pareja de la guardia civil. Tocan la puerta. Su mujer sale a abrir sobresaltada. No esperaba nada nuevo a hora tan temprana.
-¿Vive aquí el señor Secundino Delgado? le increpa un civil de enorme mostacho. Ella queda paralizada y no sabe que responder.
-Señora, está sorda ¿está aquí el señor Secundino Delgado? sigue atolondrada y no puede reaccionar. En ese momento aparece Secundino.
-¿Qué quieren? ¿Qué hacen en mi casa? Él ya sabía porque estaban allí. Llegó la hora del Vacaguaré, del sacrificio por su lucha por la libertad.
-Órdenes superiores nos obligan a llevarlo detenido a Santa Cruz. Así que coja lo que necesite, pues tenemos que partir inmediatamente - su mujer se le abraza al cuello, se agarra a él con todas sus fuerzas. No quiere separarse de nuevo de él. Sus lágrimas acuden a sus ojos desde una fuente llena de dolor y se desparraman por su bello y pálido rostro regando la bendita Tierra Canaria. Gracias que al ser temprano sus hijos todavía están dormidos.
-¡Mujer, tú lo sabes, es el precio por la libertad y hay que pagarlo lo antes posible! le consuela Secundino besándola y abrazándola con una entereza largamente trabajada, pero que le resulta duro a pesar de todo.
Recoge algo de ropa y comida para el camino. Se pierden las tres siluetas bajo la pálida luz del amanecer y su mujer no ceja de mirar hasta la extenuación. Tras larga caminata llega a Santa Cruz. Algunos pocos amigos que han logrado enterarse le despiden y le dan ánimos. Es enviado a la cárcel modelo de Madrid sin cargo ni acusación alguna. Pretenden lincharle moralmente. Durante el viaje renuncia a escaparse en una escala en Casa Blanca, por no perjudicar a los guardias y sus familias que le custodian. Esto da idea del talante ético de Secundino.
En Cádiz le recibe el apóstol y patriarca anarquista, y mejor ser humano Fermín Salvoechea. Le recibe con gran cariño, cosa que anima a nuestro protagonista, que se encuentra triste lejos de su Tierra. En la cárcel modelo le visita con frecuencia Salvoechea y algún canario al que fichan como anarquista, lo cual significa declararse un demonio peligroso para el gobierno metropolitano. En los periódicos pretenden desprestigiarle por tener la nacionalidad cubana.
Nuestro gran Nicolás Estévanez, canario ilustre, va a visitarle. El director de la cárcel es el famoso fundador de la legión José Millán Astray. Estévanez le da un buen repaso con el fuerte carácter que tenía el libertario canario que llegó a ser ministro. Es un anciano corpulento, nervudo, la mirada franca; revela una voluntad poderosa, como poderosa naturaleza física. Tiene grandes bigotes blancos y retorcidos, una perilla larga exuberante y también muy blanco. Secundino Delgado dice: Lo vi y lo amé... Cuando le anunciaron que tenía visita bajó de mala gana, pues no sabía quién era. Lugo sucedió lo a continuación se narra.
-¿Por qué te tienen encerrados estos imperialistas desfasados, carajo? le pregunta cariñosamente Don Nicolás a su paisano Secundino, mientras le saluda efusivamente.
-No sé exactamente, pero me supongo que por mis luchas emancipatorias, quieren hacérmelas pagar, pues para ellos es un grave delito le responde Secundino a otro de sus ídolos, entretanto se abraza a él con emoción.
-¡Tú no te preocupes, que estos cobardes imperialistas trasnochados van enterarse saber quién soy! le contesta animoso este canario gran luchador por la libertad, y hombre íntegros a pesar de los altos cargos que ocupó.
Con la ayuda sobre de Nicolás Estévanez Murfy y otros influyentes canarios, Secundino vio la luz de la libertad en enero de 1903.
El padre de nacionalidad canaria cuando regresa de la cárcel se declara que antes que nacionalista es libertario, pero que estaba por la emancipación de Canarias. Ante la imposibilidad de llevar adelante sus ideales se exilia voluntariamente a América. Cuando de nuevo regresa a Canarias está enfermo y muere de una afección pulmonar. Al poco mueren sus hijitos Darwin y Lila, quizás por contagio. Podemos terminar con una estrofa de un poema Secundino Delgado que puede resumir lo que fue el ideal de su vida: Lucho porque tengo fe/ del triunfo por la verdad/ y aunque despatriado esté/ sueño en PATRIA Y LIBERTAD.