ANCESTROS HISPANOS EN CUBA Y CANARIAS

Miguel Leal Cruz *

Tras reciente fallecimiento en Granada del insigne historiador y profesor de historiadores Antonio Domínguez Ortiz y analizando el contenido de sus magníficos tratados sobre población hispana, el mestizaje y su entorno, durante pasados siglos, resulta apropiado conmemorar, en su recuerdo, aspectos tangibles de la realidad social y poblacional hispana en amplios territorios de lo que fue el imperio español de ultramar (del que sólo resta estas Islas Canarias).

Es notorio, a la vez que lamentable y preocupante, que muchos nativos de estas ínsulas con varias generaciones, asocien sus apellidos con presuntos ascendientes hispanos llegando, algunos de ellos, a presumir de excelsa genealogía originaria. Nada más lejos de la realidad, al menos en una elevada proporción, puesto que los aborígenes canarios pervivieron en dos tercios del total, a los que hay que sumar la implantación de un régimen esclavista con población africana, mayoritariamente bereber en lo que se refiere a estas nuestras islas, con mayor proporción en las orientales.

Más, la política hispana, estrechamente ligada a la moral eclesiástica, imponía nombre y apellidos a aquellos nativos supervivientes al ser bautizados, tanto en Canarias como en territorios americanos, y de Filipinas, hasta el punto que muchos de los patronímicos impuestos eran aportados por los propios religiosos para poder dar filiación a sus feligreses, si bien los más eran adjudicados por la administración dependiente de la corona hispana, enviados y sistematizados desde España.

Tal preámbulo nos facilita la comprensión filosófica en torno a uno de aquellos presuntos descendientes hispanos de los que tanto abundan en la geografía planetaria: Fulgencio Batista Zaldívar que fue mandatario cubano en diferentes etapas.

De ascendencia indígena fue suboficial del ejército cubano en la especialidad de taquígrafo pero que ascendió a coronel, sin escalafonamiento previo, como consecuencia de acontecimientos singulares que tuvieron lugar en Cuba tras la caída de Gerardo Machado, palmero de origen, su antecesor en las directrices políticas de la "Perla Antillana". La algarada con huelga que tuvo lugar en agosto de 1933, culminó en el famoso golpe de estado por el que Batista, con aval norteamericano, se convierte en el máximo mandatario cubano, emulando a su homónimo Machado, apodado "Musolini Tropical", en cuanto a crueldad con la población de la Isla, unos 30 años después de su independencia como posesión española en el Caribe.

Hemos de reconocer desde la óptica comunista que durante su régimen La Habana se convirtió en la capital del vicio: loterías, máquinas tragaperras, casas de juegos, peleas de gallos, "pistolerismo" bajo la dirección de bandas organizadas de gansterismo y fue considerada "el prostíbulo de América".

Esta visión se contrapone a otras sobre todo si comparamos con la Cuba de hoy totalmente distinta. No podemos ocultar que la Isla fue la más mimada empresa económica de los Estados Unidos en la zona, superando a estos efectos a la República Dominicana, Jamaica, Bahamas e incluso Puerto Rico, en aquellos momentos.

La economía cubana era una prolongación de la que dominaba en Miami y las costas de Florida. Las mejores infraestructuras ferroviarias, vehículos, industrias de consumo, destilerías, comunicaciones de primer orden. Es por tanto lógica la existencia de la TV más antigua del entorno, por supuesto con tecnología USA.

La revolución de Castro desde 1959 y durante la década siguiente fue transformada toda la citada infraestructura hacia unas fórmulas, consideradas en principio, más racionales en la distribución y en otros aspectos añadidos, entre los que destacamos: la sanidad al alcance de todos, reforma agraria de enormes latifundios y su conversión en planes oficiales, educación, alquileres asequibles, seguridad pública, en suma fue la consolidación comunista en la que desembocó aquella revolución, tan deseada y apoyada por diversos estamentos cubanos del momento e incluso norteamericano, para caer, tal vez por la misma intransigencia y poco tacto político de las relaciones externas de su poderoso vecino del norte, que hicieron que el régimen revolucionario en principio no comunista, salvadas contadas excepciones, cayera en el abrazo del "oso soviético" y, al amparo de la guerra fría, conformara un régimen utópico, que aún perdura, mientras que aquellos, sus antiguos aliados, adoptan las más variadas fórmulas del capitalismo occidental.

Fulgencio Batista, siendo ya general, estuvo muy preocupado por sus ancestros, puesto que de extracción humilde le preocupaba su origen genealógico. Fruto de tal obseción y haciendo uso de sus apellidos recurrió a archivos españoles como consecuencia lógica de los mismos, aunque su aspecto físico parece encubrir la auténtica etnia con mezcla entre indio y mulato.

Con este fin ordenó revisar documentos de sus presuntos antepasados, logrando pergeñar un documento a partir de una partida de nacimiento, falsa a decir del escritor humorista cubano de origen chino de nombre Mario Kuchilán.

Convertido en pergamino, el documento lujosamente encuadernado fue situado en los lugares más destacados del Palacio Presidencial, en el que se leía: "Estas familias, refiriéndose a Batista, proceden de Aragón..., donde fueron Justicias Mayores y lucharon contra los moros..., una de cuyas ramas pasó a Canarias y a Cuba. Respecto a los Zaldívar, vascos de origen, fueron también de alta alcurnia con gran linaje y pertenencia a órdenes Militares..." y , el citado documento añade "...que las altas virtudes castrenses, morales y políticas que adornaron a los caballeros Batista y Zaldívar, refulgen con particular brillantez en la figura del Excmo. Sr. Mayor General y Primer Magistrado de Cuba Don Fulgencio...".

Y claro, a decir de Kuchilán, no es extraño que siempre despreciara a sus ancestros de indio semínola, como así le llamaban en su pueblo de Banes en el Oriente cubano y que, a pesar del citado pergamino, un alto dignatario italiano a quien habían dicho que "parece negro", recibido por Batista en su despacho, al salir de la entrevista dijo: "no parece blanco ni negro".

Observando imágenes retrospectivas filmadas donde aparece el dictador cubano no aparenta ser, precisamente, un prototipo caucásico (y menos aún vasco), como tiene lugar con la mayoría de los descendientes hispanos de América donde, según datos fehacientes que analiza el mismo Domínguez Ortiz, el comportamiento social -colonizador español ha dejado mucho que desear, como igualmente había tenido lugar en la América anglosajona, por citar a algunos de los imperios históricos.

Como hemos dicho, es de sobra conocido que la fórmula utilizada por los colonizadores españoles, desde los prolegómenos a la conquista total de Canarias, luego extensible a América, fue el apadrinamiento o patrocinio laboral con nombres y apellidos para aquellos nativos que en adelante serían sus protegidos - que dio lugar a las "encomiendas" o repartimientos en el Nuevo Continente -, imponiéndoles disciplina, cultura hispana haciéndoles renunciar a la propia, a la par qué, por imperativos de la misma religión católica o por estrategia política o administrativa, se impondría aquella normativa las más de las veces obligatoriamente.

*Licenciado en Geografía e Historia y en Periodismo