La Provincia, 27-8-01

Regreso a la Cuevita

Artenara, el bello municipio del centro de Gran Canaria famoso por sus casas-cueva horadadas en la montaña, celebró el día principal de sus fiestas en honor a la Virgen de la Cuevita, que incluyó, además de los actos litúrgicos y la procesión, un festival folclórico, el solemne regreso de la imagen a su albergue habitual y el espectáculo anual de fuegos artificiales. Las características especiales de este día de fiesta en este hermoso rincón de la isla, como el solemne regreso de la Virgen a su Cuevita entre cantos de sus fieles, que se ayudan de antorchas para iluminar el camino, constituyeron una vez más una excusa estupenda para llegar hasta Artenara. Pero este pueblo es también buen destino para un día cualquiera. Si el medio de transporte elegido es además una guagua, el viaje no sólo permite disfrutar del paisaje durante el recorrido por el corazón de Gran Canaria, sino de las historias cotidianas que relatan, en el camino, otros pasajeros.

Los habitantes del pueblo de la Virgen de la Cuevita, Artenara, celebran estos días, y en particular este último domingo del mes de agosto, las fiestas en honor a su patrona, con la tradicional procesión y el estallido de los fuegos artificiales. Cientos de personas se congregaron ayer en el municipio del centro para honrar a la Virgen de la Cuevita durante la procesión y disfrutar por la noche de los fuegos artificiales que iluminaron las montañas.

Situada en un borde de la cuenca de Tejeda, el pueblo de Artenara deslumbra con el reflejo de un sol más cercano en el blanco de sus casas, la mayor parte construidas sobre un antiguo poblado aborigen de cuevas, que continúan abriéndose como viviendas. Entre ellas se sitúa la ermita de la Virgen de la Cuevita.

Desde el miércoles pasado la Virgen se encuentra a un lado del altar de la iglesia, pues la han acercado hacia el centro del municipio.

A su lado, puede verse una de las más antiguas casas del pueblo de Artenara, donde Chema Gil abre su cueva bar y donde la temperatura se mantiene a 23 grados, en verano e invierno, ofreciendo cocina canaria y la compañía de unos pajaritos que habitan en su interior. Gil construyó juguetes curiosos para sus no menos sorprendentes compañeros, como la pesa en la que se posan balanceándose, una cesta enorme con un jardín enano o la casa colgante de mimbre con vistas a la planta trepadora. Situado al lado de la iglesia, desde su interior, y a través de sus tres puertas se pueden observar muchos de los eventos que se celebran con motivo de las fiestas populares.

Tras la petición del sacerdote, que sugirió formar un grupo de voluntarios que engalanaran la casa del Señor, los jóvenes del pueblo ayudan limpiando su cara, encerando las maderas nobles que ésta contiene y abrillantando los tesoros eclesiásticos.

Cada año, los habitantes de Artenara, por medio de algunos de los lugareños, entregan una ofrenda económica en favor de la parroquia, que se destina a favorecer las fiestas con banderas, flores, y si acaso enbellecer los ropajes de su Virgen querida.

El viaje

Una de las guaguas que llegan hasta Artenara arranca a las diez de la mañana de la estación de San Telmo, en Las Palmas de Gran Canaria, y, si coincide, es conducida por una persona muy indicada, pues Juan Cristino Díaz Cárdenes es oriundo de este pueblo y conoce el camino como la palma de su mano, tras sus 36 años al mando de la guagua, que duerme a diario en Artenara como él.

Es uno de los ocho hermanos de una familia que vive en el pueblo, desde siempre, está casado y tiene cuatro hijas de las que se siente orgulloso. Se le ilumina la cara cuando cuenta que "este año a una de mis hijas le han pedido que sea recolectora de dinero para las fiestas del pueblo".

Anualmente, según cuenta Juan, el cura solicita la ayuda económica de los lugareños, para comprar cuanto es necesario para celebrar unas fiestas lo más espléndidas posible. Al parecer, el pueblo entero colabora generosamente en esta campaña.

Los viajeros

De todos los que viajan en la misma guagua que utilizó esta periodista para llegar a Artenara, sólo unos pocos llegan hasta el mismo pueblo. María del Pino y su hermano Ramón comentan el por qué de su viaje: "Vamos a ver a la Virgen del Pino en Teror, primero, pues tenemos que ofrecerle nuestro viaje a Gran Canaria. Nosotros vivimos en Venezuela y pertenecemos a una asociación civil de hijos y amigos de la Virgen del Pino de Gran Canaria, que intenta promover la cultura de la isla, las costumbres, y reunir a todo canario que vive allá.

"Traemos una orquídea de oro elaborada en las propias minas de donde se extrae el oro del país. Luego iremos a Artenara a ver a la Virgen de la Cuevita a ofrecerle nuestro recuerdo".

Una chica de Teror, Chathaysa, que trabaja como auxiliar clínico en un centro de discapacitados y estudia Trabajo Social en Las Palmas de Gran Canaria, coge todos los días la guagua al menos cuatro veces, y ahora regresa a su casa, al acabar sus tareas laborales.

A su lado se sienta Gloria, que vestida de uniforme azul celeste y con el pelo recogido en una coleta, llega de trabajar de Barranco Seco donde ejerce de limpiadora en la Depuradora de agua. Volverá a tomar la guagua por la tarde, pues después de comer vuelve a trabajar, en la limpieza de otra empresa en El Sebadal.

Ha ido varias veces a ver a la Virgen de la Cuevita, para cumplir promesas realizadas. "La Virgen está preciosa, y ahora en fiestas la tendrán más. La mayoría de las casas son cuevas y la gente de allí es muy tratable".

El último de los visitantes del pueblo canario más alto de Gran Canaria se llama Fino. Artenara es el punto de origen de la caminata que preparó para llegar a La Aldea en solitario. Las caminatas las hace él solo y dice no esperar a nadie para levantarme de la cama. Esta es la primera vez que va a La Aldea caminando, pero ha hecho otras proezas, entre ellas recorrer la isla andando, dos veces ya. Estudia alemán, y a sus 28 años dice que "vivo y quiero seguir viviendo".

El casco

La plaza de la Iglesia se encuentra encapotada de banderines. A su vera se ha instalado un escenario donde se celebran las actuaciones festivas, bailes y juegos musicales.

En la plaza, los niños juegan con sus bicis, patinetes y monopatines. Uno de ellos con sólo cuatro años, dice: "Me llamo Sergi. Sergi Collado Gordillo". Está con sus padres y con su tío Miguel que vive en Gáldar y que, con su familia de Barcelona, hace estos días una ruta turística por la isla. "Hoy estamos aquí, venimos a saludar a la Virgen de la Cuevita".

Desde la torre de la iglesia llegan sonidos de campanas que tocan las horas en punto, y descendiendo hacia el parque, tras los asaderos, los bancos y mesas de madera, y por las escaleras de piedra, se alcanza la piscina, que en esta semana ha celebrado juegos y actividades para niños y los que no lo son tanto.

Diversión en la piscina

Lidia y Rayco son socorristas en la piscina municipal de Artenara, que abrió sus puertas el 30 de junio, y seguirá en marcha hasta, probablemente, el 9 de septiembre. La empresa Gedecam ha preparado e instalado unos hinchables, toboganes y un pulpo, que los ayuntamientos de Artenara, Valleseco, Aguimes, Tejeda, y San Mateo intercambian para mayor diversión de su chiquillería.

La piscina se llena sobre las dos de la tarde. Madres con sus niños y más tarde pandillas de jóvenes que se sientan por separado a tomar el sol son sus principales usuarios. Los más pequeños hacen cola para lanzarse por el tobogán, mientras a voz en grito, piden a Aarón, uno de ellos, que les haga olas, arrasando con el tobogán cuando se tira encima, haciendo una bomba. A lo largo de esta semana entrante será el pulpo hinchable el que proporcione color a la piscina. Los niños de Artenara ya cuentan las horas.