ACERCAMIENTO AL AUTISMO

José REPISO MOYANO

En la naturaleza no existen seres potencialmente inadaptables -otra cosa es que la adaptación de uno no pueda competir con la de otro y tienda por ello a desaparecer-. Lo que ocurre, porque es natural, es que los más débiles tienen que recurrir a la agresividad; y la agresividad no es aquí algo "malo" en el contexto biológico (1), sino un bien para ellos, un mecanismo de defensa.

Así, ningún ser es inadaptable ni aun considerando una deformación o una desorganización somática, pues, no existe incapacidad somática para que un individuo no se adapte, ya sea de una forma o de otra; teniendo en cuenta que todo organismo vivo es una deformación con respecto a la forma que tuvo anteriormente, es decir, los organismos en todo proceso adaptativo son deformados y deformables, y no todos siguiendo una total simetría. Lo que sí habría que analizar es más a fondo en esa debilidad que recurre a otros mecanismos de defensa, no habituales en todos los miembros de una misma especie.

Se ha demostrado experimentalmente por científicos de reconocido prestigio que si un animal es expuesto a un agente estresante o inadecuado ante él, entonces, el resultado es de bloqueo: inutilidad o pérdida de sus mecanismos de defensa a favor o en búsqueda de otros que se constituyen siempre entre unos niveles de rechazo y de agresividad. Significa esto, claro, que sus mecanismos de defensa quedan en cierta manera bloqueados porque no atienden a sus nuevas necesidades y, por medio de un rechazo inconsciente, se ve impulsado u obligado a actuar en otra dirección, ya inconsecuente a los mecanismos de defensa que contaba; y esta reacción no es anormal, sino de lo más normal biológicamente.

El ser humano desde que nace, como cualquier ser vivo, sigue un afán de sentirse seguro, en el placer, el cual puede no encontrarlo en el entorno provocándole un excesivo rechazo o un incontrolable rechazo por automatismo hacia él; y en tanto que, por afectividad, sólo ha encontrado como seguro "su mundo", ése que no es capaz -o que no cuenta con la ayuda suficiente- de concebir el orden afectivo de la mayoría. El autista o el esquizofrénico, desde luego, se adapta, pero de otra manera -menos difluida, porque sus mecanismos de defensa encuentran demasiado pronto la saciedad (2) determinándole una acumulación de patías y, éstas de seguida, un nuevo modelo de necesidades, que inevitablemente se forjan más en su interior. Por esto, el autista posee una emotividad superior sólo por una defensa de un interior amurallado que no precisamente cuenta con la protección comprensiva de los demás que, también, viven con sus intereses sobrecargados porque prevalezca un único o general orden afectivo. El autista "prevé" las patías de ese orden general y no se ofrece en su apatía inconsciente (3) para percibirlo: no le presta atención.

En cualquier terapia, la hipersensibilidad a sí mismo no puede ser eliminada, ya que probablemente destruiría la estructura de su personalidad en detrimento de su sentirse seguro; pero el juego o la ociocidad distienden su agresividad -el no aislarlo del humor o del placer físico de las cosas- porque lo acercan a lo real por su vía más agradable o persuasible para que confíe más en él. Su adaptación, en suma, no se ha de doblegar, sino se ha de incentivar y el juego lleva a su imaginación al terreno de lo real; se le incentivaría así para conseguir un cambio de sentido sin que ello suponga una descompensación en cuanto a imposición desagradable se refiere. El juego, o la ociocidad en torno a él, es la institución más abierta que pueda existir; además de que socializa, aparca la agresividad, a nadie reprime su sentimiento por sentirse importante e integra hasta al que solamente estuvo aislado, imperfecto para los demás.

Como conclusión, la no-agresividad no en todos requiere el mismo aprendizaje, ni una atención sobre aspectos más generales de la realidad debe ser impuesta ni exigida con un mismo método de aprendizaje; al igual que un invidente o un mudo, que no poseen las mismas necesidades, el autista no va a atender a lo mismo ni del mismo modo.

(1) En el contexto biológico la agresividad siempre es un bien, una reacción a la patía que se siente o se "prevé" por haberla experimentado repetidamente.

(2) Todo tropismo se fundamenta en una ansiedad hacia lo necesario; cuando lo necesario llega a cierto umbral queda saciado y es, entonces, en ese extremo donde se siente un rechazo o una patía o una obligada contra reacción que se dirige hacia otra acción o hacia otro modelo de acción condicionado por unas nuevas necesidades.

(3) Anula o rechaza un estado perceptivo de la realidad: el que pasó hambre puede "anular" ese estado y, además, a los que se encuentran en él, es decir, por debilidad de supervivencia rechaza esa empatía. Nota.- Cuando ya ha movilizado todos sus mecanismos de defensa con máximos esfuerzos creándose "castillos en el aire" -donde rápidamente sacia los ideales de su interior hiperemotivo-, pues, por ser esto constante o repetido, en esas sucesivas vueltas a la realidad son demasiados "castillos en el aire" los que se caen, o sea, acumula fobias o frustraciones o patías; lo que para los demás es una "tranquilo" corroborar lo que desean para él es una total confrontación con la realidad. Así, las referencias de la realidad las va sobrealimentando, las va sublimando con las que él crea. -