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Revista Fundada en Agosto 2002

El poeta no requiere pedir permiso a nadie para estampar las imágenes que observa y construye en su discurso estético, si su corazón está en armonía con lo que sueña y escribe.

Unos de los graves problemas que podemos ver en la poesía actual, se trasluce en el comportamiento que asumen los "cultistas", quienes han optado por tomar a la literatura como referencia, y con esta actitud negar la realidad. Al parecer, estos poetas, evadidos en la necesidad de superar el carácter rudimentario de la lengua escrita y motivados por la búsqueda de una exactitud formal, optan por tomar a la literatura como referencia inmediata y con ello, niegan la realidad donde se encuentra inmersa la sociedad, la mayoría explotada y tratando de construir un camino de liberación.

Desaparecen de los discursos literarios las grandes proezas sociales que los explotados realizan con sus luchas de liberación, y las imágenes que describen el paisaje humano son lavadas y luego reconstruidas a través de "tecnicalidades" lingüísticas que sorprenden por el carácter nihilista con que se interpreta el drama de la humanidad.

De pronto, el poeta danza sobre el azufre y no sabe el origen de las cenizas que tiñen sus manos.

A los componentes racistas que sostienen la base existencial de los estados de América Latina, en una espiral capitalista que destruye las jambas de los pueblos originarios, se ha convertido al trabajador en un esclavo a sueldo, en una entidad que se niega profusamente y a la cual se hace desaparecer del lenguaje poético, en una prolija escalada de noísmo literario. Así, con la destreza de esta elaborada técnica multidimencional se trata de establecer un modelo estético que justifique la negación de la realidad, y el cual, metódicamente, es compensado por los nuevos Estados neoliberales, los cuales necesitan de la voz de poetas que otrora fueran progresista, con el fin de negar, ejemplarmente, el rol de las luchas sociales y lograr la implantación de una nueva teoría de explotación adormecida.

Dentro de ese engranaje de teorías literarias, existe una tendencia a dictar lo que el poeta tiene o puede observar, obligándolo, como hoy, a amoldar las imágenes que percibe a un mero cuadro aceptable al orden establecido: Cuando los Estados no pueden comprar al poeta, le restringen el acceso a la publicación de su obra, les niegan los recursos, y si no es suficiente, lo amenazan hasta terminar con aislarlo de la población.

Amparados en estas observaciones, creemos que es necesario levantar actas sobre el estado actual de la poesía, mediante los diferentes instrumentos que la prosa tiene: análisis, ensayo, artículos y críticas relacionadas con el poeta y la poesía, y en lo fundamental, dentro de las nociones de realidad, determinadas por el mundo circundante.