KEBEHI BENCHOMO

Una de las figuras más importantes en los días tristes de la conquista de Canarias fue, sin duda alguna, la del Mencey de Taoro, jefe de los confederados, para hacer frente a la invasión española, el Kebehi Benchomo, denominado por los propios españoles como el Rey Grande de Tahoro.

Fue éste, hombre capaz, inteligente y gran estratega, lo cual demostró no sólo en la planificación de la batalla de Acentejo, sino, también, en otros encuentros mantenidos con los conquistadores, de los cuales los cronistas de la época dejaron pocas o nulas reseñas por haberles sido contrarios los resultados. No obstante, la Tamusni, (la tradición oral) ha conservado la memoria de las batallas libradas con los invasores españoles, así como otras sostenidas con los menceyatos feudatarios, especialmente con el de Güímar. Entre ellas, las de La Negrita; chaharte y chivisaya, y la reñida batalla de Guenifante, en las proximidades de Pasacola, (Igueste de Candelaria) siendo totalmente derrotados los Güímareros, muriendo en este combate el gigante Emotio, el cual, posteriormente, fue enterrado con todos los honores en Guadamoxete, cantón del que seguramente era archimencey. En este enfrentamiento el Menceyato de Güímar perdió su independencia, pasando a ser un archimenceyato de Taoro. Kebehi Benchomo, haciendo gala de la generosidad que siempre le caracterizó, permitió que el ex Mencey Añaterve continuase como régulo del Menceyato, gesto este que posteriormente habría de costarle muy caro, pues la alianza de este Mencey con las tropas españolas fue determinante en la conquista de la Isla.

La penetración cristiana en el menceyato de Güímar, se había iniciado casi un siglo atrás. Los frailes erigieron una ermita en las proximidades de la playa de Chimisay, la que, posiblemente, servía al mismo tiempo como fuerte y casa de contratación, y era usada por Pedro de Vera como cabeza de puente para las continuas correrías que desde Tamarán ordenaba contra la isla de Tenerife con el ánimo de robar ganados, cereales y cuanto encontraban a su paso que tuviese algún valor, no librándose de esta acción depredadora los habitantes de las bandas del Norte donde hacían verdaderas razzias de esclavos ayudados por los güimareros y algunos anaguenses. Es más que posible que los continuos ataques sufridos por los tahorinos y que partían las instalaciones de este reducto europeo motivara la batalla de Chimisay entre tahorinos y güimareros. Añaterve, no debió quedar escarmentado con los resultados de la refriega, o bien aleccionado por sus aliados españoles dio lugar a un encuentro posterior en las inmediaciones de pasacola, mientras éstos estaban ocupados en la conquista de Gran Canaria. En esta ocasión Benchomo decidió ser más drástico y retuvo como prisioneros a un contingente de güimareros, entre ellos al príncipe Guetón y de Añaterve y al Guadameñe, hermano de éste. El Guadameñe durante su prisión de libertad vigilada, en el menceyato de Tahoro, no dejaba de sembrar la cizaña entre los tahorinos haciendo proselitismo a favor de los españoles e incitando al pueblo a revelarse contra Benchomo, ante esta situación Benchomo decidió cortar por lo sano y ordenó ahorcar al inquieto Guadameñe. Hasta hoy en día, el lugar donde se llevó a afecto la ejecución, se conoce como Montaña del Ahorcado.

La estirpe de Benchomo ha superado los avatares de los siglos, la persecución, el odio y el desprecio de los vencedores, legándonos una pléyade de hombres y mujeres, que, a pesar del recelo mantenido por los conquistadores, colonizadores y sus descendientes hacía esta raza de gigantes, supieron aprovechar las contradicciones de la nueva sociedad impuesta, logrando situarse entre los estamentos de influencia social, económica, religiosa y política, donde han permanecido arraigados con sus ancestros como ejemplo de lo dicho anteriormente.

Expongo algunas breves notas sobre algunos de los descendientes del gran Benchomo:

Benytomo, o Bentor digno hijo de Benchomo, confundido frecuentemente con su padre, este mencey, fue el último rey de Tahoro negándose a firmar las paces de los Realejos. Prefirió una muerte honrosa antes que rendirse a los invasores. Llevado de su inmenso amor a la patria y a la libertad, prefirió el suicidio ritual, arrojándose al vacío desde las alturas de Tigayga antes que entregarse a los conquistadores.

Otros menceyes de la liga, firmaron las mencionadas paces forzados por las presiones de los villanos, y las enfermedades y penurias que sufría el pueblo Guanche, como consecuencia del envenenamiento de las fuentes y manantiales por parte de los invasores.

Derimán hijo de Bentor, al serle impuesto el bautismo tomó el nombre de Cristóbal Hernández de Taoro. Estudió en Sevilla la carrera de vocero (abogado). Cuando regresó a la patria tomó el nombre de su abuelo como apellido, por lo que fue más conocido como Cristóbal Bencomo, sus hermanas fueron: Ramagua, quien casó con Antón Güímarés, descendiente directo de Añaterve, y Collarampa. A ésta le fue impuesto el nombre de María Hernández, y contrajo matrimonio con el conquistador Canario, Juan Doramas, antecesor de los actuales Oramas.

Cristóbal Bencomo o Derimán, escribió una historia de la conquista, de cuya obra se editaron tres ejemplares manuscritos, lamentablemente perdidos. Nuestro personaje testó en la Orotava, ante el escribano Grimón, en 1553.

Por razones de espacio, nos vemos obligados a dar un salto en el tiempo para tratar de las figuras de unos ilustres descendientes de Kebehi Benchomo, el patricio canario, llamado D. Cristóbal Bencomo, y sus hermanos. Sus padres fueron: D. Francisco Bencomo, y Dña. Barbara Rodríguez de Fleytas, vecinos de la calle del Agua, en La Laguna. (Eguerew)

D. Cristóbal, nace en La Laguna, el 30 de Agosto de 1758, estudió Filosofía y Teología en el convento de San Miguel de las victorias (La Laguna). El rey español, Carlos IV, le nombró en 1793 maestro de Filosofía y Política. Anteriormente, en 1790, había sido maestro de Latinidad del Príncipe de Asturias, con la dignidad de Chantre de Plasencia. En 1815 se le confiere por Fernando VII, honores de miembro del consejo y cámara, y la Gran cruz de Carlos III, en 1817 fue presentado y preconizado Arzobispo de Heraclea. En 1818 fue nombrado por el monarca español, Inquisidor General, situación que posiblemente aprovechó para debilitar aún más esta vergonzosa institución cristiana, según se desprende de escritos de la época.

D. Cristóbal Bencomo, impulsó con denuedo la creación del Obispado de Tenerife (Diócesis Nivariense), y la fundación de la Universidad de San Fernando. Muerto en Sevilla el 15 de Abril de 1832, fue sepultado provisionalmente en aquella ciudad, siendo trasladados sus restos mortales a Tenerife en 1837, e inhumados en la Catedral de La Laguna, de la que fue un gran benefactor, a la que, entre otras donaciones, le legó 3.000 duros para concluir la fachada, más su inmensa y valiosa biblioteca.

D. Santiago Bencomo, hermano del anterior, fue Obispo electo de Astorga, y D. Pedro Bencomo, también hermano de los anteriores, ostentó las dignidades de primer Deán de Tenerife, y primer Rector de la Universidad de San Fernando, entre otras.

En la actualidad los descendientes de Kebehi Benchomo, son innumerables, estando situados en todas las Islas, pero especialmente en las de la Gomera y Tenerife, ocupando cargos relevantes en política, en educación y sanidad, destacando también en las profesiones liberales y en el mundo de la economía. Pero, aún así, cuando oigo mencionar el apellido Bencomo, no puedo menos que recordar unas estrofas del poema del precursor D. Secúndino Delgado, "MI PATRIA" y que dicen: żEs que la sangre de aquellos/ en la de éstos se extinguió/ y el amor a ti con ellos?/ żNo vendrán nuevos destellos?/ żLa dignidad se perdió?.

Eduardo Pedro García Rodríguez