Primera boda celebrada por el rito guanche después de la Conquista, un precedente para la Historia

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Es natural que los pueblos culturizados por otros más desarrollados, técnica, militar o políticamente, después de un periodo de absorción de la cultura impuesta por el dominante, se debata en un continuo proceso interno de contradicciones, tanto en el aspecto individual, como miembro de una colectividad que conforma un pueblo diferenciado. Si bien es verdad que este pueblo sometido ha asumido en el ámbito colectivo determinados aspectos, sobre todo aparentes de la cultura impuesta, ésta no deja de ser una simple capa externa de la que se revisten los individuos como medio de resistencia para mantener la supervivencia de su ancestral forma de vida ante las nuevas y ajenas que se ve obligado a aceptar para poder sobrevivir como ente colectivo. Esta actitud defensiva ha hecho posible que en el pueblo canario haya pervivido, después de más de quinientos años de culturización y de imposición religiosa, las prácticas rituales de nuestros ancestros, prácticas que perviven no sólo en los ritos sincretizados por la Iglesia católica, sino que están presentes en la mente de gran parte de nuestro pueblo, que si bien no las ha practicado abiertamente hasta el presente, ha sido debido a la aguda represión a que hemos estado sometidos, especialmente en los últimos tiempos, por las causas quede todos son bien conocidas.

Pero en toda sociedad que está viva y en constante progreso espiritual, para el rescate de su antiquísimo acervo cultural no faltan personas concienciadas y con coraje que están dispuestas a defender sus derechos ancestrales y los de su pueblo, abriendo brecha, y haciendo frente abiertamente a sistemas y actitudes mantenidas y sostenidas desde la prepotencia que otorga el poder absoluto, tanto político como espiritual. Este es el caso de una joven (que no juvenil) pareja de ciudadanos canarios compuesta por Cha Acerina n Anaga y Cho Rukadén n Teguize Arehukas, quienes el pasado día 14 de diciembre decidieron contraer matrimonio por el rito de la iglesia del pueblo guanche, creando así un antecedente en los tiempos actuales de los nuevos derroteros que se viene marcando la moderna sociedad canaria.

E1 acto ceremonial tuvo un marco singular. Se llevó a efecto en un lugar cargado de simbolismo como es la Cueva Santa de Añaco, situada en la confluencia de los barrancos de Afirama y Chacorche, en Igueste de Candelaria. Esta cueva fue un convento de maguadas o harimaguadas, sacerdotisas guanches que cuidaban del culto a la Chaxiraxi, y de una cueva situada en el mismo barranco de Afirama que estaba dedicada a hospital de los guanches, creemos oportuno anotar que este término de Igueste estaba dedicado al pastoreo exclusivo de los rebaños sagrados de la Chaxiraxi y de su "carnero sagrado", estando castigado con la pena de muerte a cualquier pastor que osara introducir rebaños ajenos en los pastos sagrados. Es probable que esta congregación de maguadas fuesen las encargadas de velar por el correcto mantenimiento del rebaño y que al mismo tiempo, en parte, se sus tentasen del mismo.

El rebaño sagrado de la Chaxiraxi debió ser sumamente importante, no sólo por ser propiedad de la deidad, sino que lo debió ser numéricamente y por tanto económicamente, hasta el punto de que tanto el clero secular como la congregación de los dominicos, se vieron enzarzados en acaloradas y nada espirituales disputas, en las cuales llegaron a lucir las espadas por la posesión del mencionado rebaño y demás pertenencias de la sagrada Chaxiraxi, tal como ha quedado reflejado por los cronistas de la época.

Volviendo al acto de la ceremonia de la boda por el rito guanche, digamos que éste estuvo arropado por unos trescientos invitados, algunos de los cuales se desplazaron expresamente desde otras Islas, además de un gran número de curiosos que presenciaron dicha ceremonia desde las laderas próximas a la cueva. Los sacerdotes actuantes fueron Cho Guaire Adarguma, quien ofició como guadameñe, y Cho. Francisco Peraza que lo hizo en su calidad de kanku, ambos asistidos de una maguada o harimaguada.

Uno de los aspectos que los organizadores trataron de trasmitir a los asistentes, y a la sociedad canaria en general, es la imagen de dos tiempos históricos que convergen en el mismo acto, es decir, una imagen histórica y real del rito de boda de nuestros ancestros, más otra imagen de los guanches actuales, de ahí que una parte de los asistentes acudiesen ataviados con las ropas usuales de los antiguos canarios, y otro sector lo hiciera con vestimentas actuales; con ello, los organizadores quieren dejar bien claro que el hecho de recuperar y llevar a la práctica los ritos sagrados de nuestros ancestros, no presupone que se pretenda "volver a las cuevas" como algún "bien intencionado" pudiera tratar de hacer creer, por el contrario, pretenden desarrollar en toda su plenitud el riquísimo legado espiritual y moral de los primeros canarios, al tiempo que bregan por una más justa y mejor calidad de vida para los guanches actuales y futuros.

* EDUARDO PEDRO GARCÍA RODRIGUEZ De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo. Chinet (Tenerife)

Obras consultadas: Sabino Berthelot, "Antigüedades Canarias", Goya Ediciones, 1980. Juan Bethencourt Alfonso, "Historia del pueblo guanche", Francisco Lemus, Editor, 1991

**Publicado en el periódico "El Día" de Tenerife, -separata "La Prensa"-, 22-2-2003