La Opinión
de TENERIFE, 29 de diciembre de 2002Verónica Martín
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Amor entre guanches de hoy
Una pareja canaria decide casarse por el rito aborigen y pretende que la boda se considere como legal
Estamos enamorados y, por eso, nos hemos casado. La boda fue una declaración de amor en público". José Tomás Bethencourt Benitez resume así su decisión de contraer matrimonio con María Espinosa Díaz.
El amor y la rebeldía movieron a estos dos "guanches de hoy", como ellos mismos se definen, a casarse en la Cueva Santa de Añaco en Candelaria hace dos semanas. En su boda no hubo ni vestido blanco ni anillos ni marcha nupcial, ni siquiera tarta de varios pisos, pues contrajeron matrimonio con un rescatado rito guanche.
Los novios, José Tomás y María, en su proceso de retomar las costumbres guanches, han decidido, también, iniciar los trámites para cambiarse el nombre: él se llamará Rukaden y ella, María Acerina. Aseguran que esta es su forma de volver a unas tradiciones que "se interrumpieron por la colonización extranjera". Además, insisten en que es un modo de rebelarse contra unas leyes que consideran injustas, "obsoletas, decimonónicas e inhumanas", impuestas tanto por la Iglesia como por el Estado.
Las miradas de complicidad entre Rukaden y Acerina desvelan que llevan varios años enamorados. Él es profesor de Psicología de la Universidad de La Laguna y ella es educadora social. Insisten en que, además del amor que les une, tienen razones "ideológicas, políticas y culturales" para casarse como lo hacían los antiguos pobladores de la Isla. Creen que, tras ellos, muchas parejas decidirán casarse de esta manera pues "ya hay muchas personas que nos han comentado que celebrarán las bodas de oro o los bautizos de sus hijos por ritos guanches", cuenta Acerina unos días después del acontecimiento. "Este pueblo merece el rescate de sus tradiciones y yo pediría a los doctos y a las doctas que nos den clases de estas tradiciones para poder hacer uso de ellas", asegura María Acerina.
Los, ahora, marido y mujer decidieron casarse "para hacer público nuestro amor", cuenta Rukaben y añade que eligieron esta curiosa fórmula "porque no queríamos someternos ni a la Iglesia ni a los jueces". Ambos habían tenido experiencias negativas por la intervención pública en sus anteriores matrimonios y querían consolidar su amor por un rito "más libre" en el que sí creyesen.
En el rito guanche, la unidad de matrimonio se simboliza con el gánigo (recipiente de barro) que la esposa recibe en la ceremonia. Para deshacer el matrimonio basta reunir al consejo y romper físicamente ese gánigo.
Nada en este casamiento ha sido casual. "Elegimos la cueva Santa de Añaco para casarnos porque era un convento de harimaguadas, es decir, de sacerdotisas guanches, es un lugar en el que se respira una gran espiritualidad", apuntan y añaden que "incluso los peregrinos que iban hacia la Basílica de Candelaria se paraban aquí a rezar".
Para utilizar este lugar, "nos pusimos en contacto por escrito invitando a los miembros del Ayuntamiento de Candelaria a la boda y nos respondieron que nos brindaban todo su apoyo", relatan.
Después, se pusieron en contacto con entendidos en el rescate de las tradiciones precoloniales canarias para que les instruyesen en cómo oficiar el rito. "Además de consultar bibliografía, nos dirigimos a los que han trabajado en este asunto. El fundador de la asociación Chesserkem de Chasna, Francisco Peraza, y el promotor de la asociación Kebehi, Eduardo Pedro García, fueron los que nos explicaron lo que teníamos que hacer y además fueron los celebrantes de la boda", cuentan.
El elemento ideológico del acontecimiento lo explica Rukaben: "tengo 46 años y como canario, a medida que voy avanzando y voy teniendo datos de la historia de Canarias, me doy cuenta de que la Conquista fue un elemento brutal que influyó hasta en la psicología de este pueblo que siempre fue noble y no entendió el engaño". Con esta boda quieren, también, "revindicar el honor del pueblo guanche".
La familia de ambos no se sorprendió demasiado al conocer la noticia de la boda y el cómo se iba a celebrar, "acudieron todos, incluso personas muy religiosas que se comportaron con un gran respeto por nuestra decisión", explica Acerina.
En el cortejo nupcial participaron alrededor de veinte personas que también iban ataviadas con las ropas que, "perfectamente documentadas", utilizaban los guanches para estas ocasiones especiales. Los trajes de los novios reproducían los de los guanches y sus caras estaban adornadas con tatuajes hechos con savia de drago. Durante la bajada del barranco, el sonido de las chácaras sobrecogía a los participantes.
Todos los derechos
El rito guanche no está reconocido por las leyes españolas como una forma legal de contraer matrimonio. Sin embargo, la pareja formada por José Tomás Bethencourt Benítez y María Espinosa Díaz pretende usar todas las vías legales que estén en su mano para que su matrimonio, celebrado hace dos semanas en una cueva del municipio de Candelaria, se reconozca legalmente.
La pareja asegura que, aunque no reconozca al Estado español como suyo "sí que pagamos impuestos en este sistema y, por lo tanto, tenemos derecho a recibir las contraprestaciones que tienen el resto de matrimonios como, por ejemplo, las pensiones". En este sentido, anuncian que sus abogados ya trabajan para lograr un reconocimiento tal y como ocurrió con una mujer gitana que había enviudado y cuyo matrimonio se produjo por un rito tampoco reconocido y que "al final, tras un juicio, tuvieron que pagarle la pensión de viudedad no como pareja de hecho sino como esposa".
Explican que en la misma boda pasaron un documento a los invitados en el que se exponía que habían sido testigo del enlace. Este documento puede servir para las futuras acciones judiciales, "vamos a pleitear simplemente para que se sepa que hay otras fórmulas de contraer matrimonio además de las establecidas por el Estado". Con este acto, los novios quieren animar a otras parejas que tengan un sentimiento similar al suyo a casarse por un rito "que nos robaron los colonizadores", recalcan.