BODA

TEODORO SANTANA

Qué en el Código Napoleónico (que acaba de cumplir 200 años) donde se estableció el matrimonio como un contrato civil, ejercicio de un derecho individual. Hasta hoy sigue en pie la regulación de que el matrimonio debe celebrarse por voluntad de ambos cónyuges. Ningún sacerdote es imprescindible ni puede evitar un divorcio. Ningún padre puede ordenar o impedir la boda de su hija. Todo esto supuso un avance verdaderamente revolucionario.

Claro que también contenía algunos elementos difíciles de tragar. Por ejemplo, el hombre debía "proteger a la mujer" mientras que ésta debía "obedecer". La mujer seguía siendo tratada como una "menor" y estaba incapacitada para casi todas las funciones económicas y públicas. Se afirmaba que "quiso la naturaleza que las mujeres fueran nuestras esclavas... Son nuestra propiedad... Nos pertenecen tal como el árbol que pare frutos pertenece al granjero... La mujer no es más que una máquina de producir hijos...". Como aquí hasta hace poco más de veinte años, o sea.

En cambio, Dios no aparece en el Código. La sociedad que propone se basa en la libertad e igualdad, naturaleza y razón. No hay sitio por tanto tampoco para una jerarquía con el Papa a la cabeza. Curiosamente, a la vez que regulaba el matrimonio, el código napoleónico prohibía la prostitución (es decir, prohibía la prostitución pública y regulaba la privada).

Sin embargo, la realidad es que los intereses y miramientos de clase, riqueza, posición social y prejuicios religiosos, siguieron (y siguen) condicionando los matrimonios burgueses. Vamos, que sólo los pobres se casan verdaderamente por amor. Curiosamente, mientras el Papa aconseja a las católicas que no se casen con muchachos de otras religiones, mira para otro lado cuando una mujer, casada como no creyente y después divorciada, vuelve a casarse, esta vez por la Iglesia. La corona bien vale una misa, vaya.

Por eso uno, ciudadano de un Estado teóricamente aconfesional, prefiere felicitar a todas las parejas que esta primavera se casan por lo civil. Y sin costarnos ventiún millones de euros a todos.

tsantana@tsantana.com