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Camilo Estrada Luviano
El desarrollo del capitalismo trae consigo el crecimiento desmesurado de las ganancias, es decir, del trabajo ajeno apropiado por los capitalistas y que le fue extraído a los trabajadores. Esto de extraérselo suena raro, pero no tiene en si ningún misterio si por esto entendemos que simple y llanamente no se les paga, cosa que la ley protege debidamente y cómo se lo extrae. Haciéndolo trabajar, proceso en el cual transforma, por medio de las máquinas y las herramientas, unos objetos en otros que son las mercancías que el capitalista vende, y al haberse realizado ésta, la venta, como por arte de magia, él, el dueño de los medios de producción, tiene en su haber un remanente que, por supuesto, no cayó del cielo, sino que es trabajo materializado que no le fue pagado al trabajador.
Este remanente, que se llama ganancia, se invierte constantemente dando así el casi permanente crecimiento de las empresas y el aumento del monto de las ganancias, no así de la proporción de éstas con el capital invertido, porque, en su afán de obtener cada vez más y mayores ganancias, se desarrolla la tecnología y, como producto de ella la productividad lo que, a su vez, trae consigo el incremento de la pobreza y el aumento de la cantidad de pobres hasta niveles horroríficos. Pero eso a los capitalistas los tiene sin cuidado, siempre y cuando el Estado les garantice la paz pública interior, si se trata de su mercado interno, y de la exterior si se perturban las condiciones en las que "actúa" su capital, sea de la forma que sea.
El Estado, desde su origen ha tenido como función la protección de los propietarios de los medios de producción. Esta función cuando el Estado es incapaz de cumplirla cae, y el caer el Estado es la revolución que es como decir que el diablo se le presenta "en carne y hueso" a los explotadores y gente de las clases dominantes, en general.
Primeramente, el territorio que los capitalistas ocuparon, como su país, les quedó chico, porque lo producido rebasaba la demanda de su propia población, entonces recurrieron a exportar lo que ellos consideraban que eran sus excedentes. Esta exportación se hizo por el medio que fuera posible, si no podían más que por medio de la compra/venta, así lo hacían, pero donde era necesario dominar otros territorios, no dudaban en hacerlo: El Estado, como siempre, con recursos de todo el pueblo, "colonizaba" lo que podía para sus exportadores. El único límite de su colonización era la oposición de sus pares. Más adelante, ante los nuevos intereses surgidos entre la población local, que también se dedicó a producir para la venta y que sus intereses de ellos entraron en conflicto con los de las metrópolis, los grandes de los grandes se enfrentaron a ellos, con la fuerza del Estado, y sólo si fueran derrotados se retiraban físicamente, pero sus relaciones de negocios continuaron, porque la contradicción entre los nuevos capitalistas de las colonias no eran antagónicas a los de sus, ahora, "vencidos" amos. Esta dominación se hizo más sutil. De ahora en adelante las relaciones, serían por medio de los negocios, y así empezaron a llegar las nuevas inversiones, -porque las existentes nunca en ningún país, se retiraron del todo-, y entonces la exportación de mercancías, para la metrópoli, pasó a segundo lugar lo que NO significa que haya cesado, sino, simplemente la exportación de capitales pasó ocupar el primer lugar.
Este cambio trajo consigo, naturalmente, la deformación total de la economía nacional, porque la población del país tenía que consumir lo que llegaba de las dizque exmetrópolis como exportación de mercancías, y cuando ésta optaba a producir en el país lo que éste importaba o lo que por sí mismo producía, simplemente se apropiaba de todo el mercado. Esto significó realmente que los capitalistas locales tenían la opción de subordinarse a los extranjeros, -en un plan de total de servilismo, su única "oportunidad"-, o se iban a buscar otra forma de vida. Mientras tanto, el Estado de esas metrópolis, dominado por los mismos capitalistas inversores y "benefactores" y "coadyuvantes del estado nacional, dominaba, a su vez al estado con todo y el gobierno del país que recibía su bendición. Cuando mucho encontramos incidentes entre los pretendientes imperialistas a dominar el país del que se trate. ¡Pero no más!
La acumulación de capital, obligadamente lleva consigo la acumulación, y entre más y mayor sea ésta, engendra más y mayor miseria en la población, -si es que se puede hablar así-, tanto en el país de origen del capital, como en el país huésped, "beneficiado" con dichas inversiones. Por esta razón, los imperialistas ya han provocado dos guerras mundiales y, ahora US e Inglaterra ya decidieron mandar al bote de la basura todo lo que les estorbe y se han lanzado a los negocios destruyendo lo que sea, tratando de imponer lo que quieran. Aparentemente son los gobiernos de esos países, pero no olvidemos que éstos son parte de su Estado imperialista y el Estado, surgió para defender la propiedad privada sobre los medios de producción y siempre ha cumplido a cabalidad su tarea, y si ahora son Bushsón el matón y su Pony, bien podrían ser los jefes de Estado de Francia, Alemania, Japón, Rusia o cualquier otro gobierno imperialista que considerara que le llegó el momento de "salvar al mundo" e imponer la "democracia". ¡Claro la democracia de ellos!
El capitalismo es uno y, aunque no les guste a los "revolucionarios neomodernos" ni a la "sociedad civil", el imperialismo es su fase superior y lo sigue siendo, sólo han cambiado aparentemente sus métodos, pero en esencia, "sigue siendo el mismo". La realidad es testaruda. Con gran dolor lo estamos viendo en Argentina en estos momentos. ¡Y vaya que nos duele! Pero no es hora de llorar, sino de no oír el canto de las sirenas "civilescas" ni "ultras", sino de volver a los clásicos, para no andar con el sorprendente dislate de Galeano.
De Saramago no, si recordamos a los eurocomunistas, que él fue uno de ellos, vanguardia en el movimiento anticomunista que se inició en los años 60 y que desde entonces estamos viendo su gran obra "humanista".
El pueblo cubano ha hecho una revolución tan grande que sus detractores se empequeñecen y, por si solos, se convierten en "güirindos", (palabra, posiblemente purépecha, que en mi pueblo, me enseñaron que así se llaman esos que ahora nombran como escarabajos estercoleros).
22 de abril de 2003