Diario de Avisos, 16-6-04
La columna Manuel Iglesias
Canarias y el Sahara
El representante permanente del Frente Polisario ante la ONU, Ahmed Boukhari, durante su visita al Archipiélago, ha 'advertido' a las autoridades políticas y económicas canarias contra los "cantos de sirena" que atribuyó a Marruecos, en relación a unas supuestas ofertas de beneficios comerciales, a cambio del reconocimiento de su ocupación del Sahara.
Según Boukhari, atender a esas ofertas de relaciones privilegiadas y beneficios que calificó "de corto vuelo" a cambio de reconocer la soberanía marroquí supondría una estrategia que llevaría a Canarias "a colaborar en la ocupación ilegal de otro pueblo".
El asunto de las relaciones de Canarias con respecto al vecino territorio es complicado y cualquier paso que se da para mantener buenas relaciones con alguna de las partes genera una reacción hostil en el otro lado, como ha podido comprobarse con las últimas actuaciones de los representantes del Polisario.
Obviamente, no es casualidad que Boukhari haya venido a las Islas sólo unas semanas después de que el presidente Adán Martín visitara Marruecos. En ese sentido, el representante permanente del Frente Polisario ante la ONU, le hizo una oferta aparentemente equilibrada a Adán Martín, pero que estratégicamente resulta envenenada, ya que invitó al presidente canario a que visite Tinduf.
Boukhari sabe que una acción significaría de manera automática el rechazo de Marruecos y una congelación de cualquier relación, como sucedió recientemente con una misión del Gobierno vasco, encabezada por el lehendakari, que fue absolutamente 'ninguneada' por las autoridades marroquíes después de haber visitado Tinduf. Ese enfriamiento y hasta ruptura de las aproximaciones entre Canarias y Marruecos evidentemente estaría entre los objetivos políticos del Frente Polisario. Es una manera muy inteligente y astuta de 'dinamitar' estos contactos, no por la acción en sí, sino por la reacción que genera.
Los intereses del Polisario son muy legítimos y tienen fundamentos históricos y sociales, pero Canarias debe actuar con respeto y consideración también hacia Marruecos. Unos y otros son vecinos que están ahí no de una manera casual, sino para quedarse. En ese sentido, Canarias debe poner todo su esfuerzo en aquello que contribuya a evitar conflictos, a buscar puntos de coincidencias, a facilitar acuerdos dignos. Para eso ha de ser no indiferente, pero sí equilibrada en mantener buenas relaciones con las dos partes. De hecho, el Gobierno canario tiene en sus presupuestos una partida económica que entrega a los representantes del pueblo saharaui, lo cual ya demuestra una voluntad de apoyo, sin contrapartidas. Esta posición de mesura en un asunto tan delicado, se debe entender no sólo por los canarios, sino por las autoridades marroquíes y los dirigentes saharauis si de verdad quieren que las Islas les sean útiles.
Con el problema de la inmigración y la latente amenaza del extremismo islámico dentro de Marruecos -que ya mostró sus zarpas sangrientas en Casablanca y en Madrid- más que nunca hacen falta conversaciones de paz y no conflictos potenciales, porque pueden surgir otros acontecimientos que nos arrastren a todos.
Y en todo esto del vecino Sahara hay más elementos colaterales preocupantes. Porque si inquietante es que, al parecer, el Rey de Marruecos tenga en su despacho un mapa con las Islas Canarias pintadas del mismo color que las tierras de su país, no lo es menos que, en el otro lado, también aparezca otro mapa, con el Archipiélago incluido en un territorio independiente con el Sahara, nación a la que algunos aquí ya han dado nombre y promocionan como la "República de Taknara".