El conflicto político en Venezuela

El conflicto político en Venezuela

Los planes conspirativos que oculta el sector de la cúpula poderosa. Planes disfrazados de "referendo" (desestabilización), con el apoyo del imperio (CIA), para exterminar a todos los revolucionarios y bolivarianos. Planes que serán respaldados por el segundo segmento: los fanáticos asesinos al servicio de la CIA & cúpula reaccionaria.

Comunidad Canaria en Londres (CCL)

Tres segmentos componen la macroestructura de la oposición venezolana de hoy. El primero, lo constituye la cúpula de los poderosos (educados en USA). Sector reaccionario instigador de la conspiración y aliada del imperio (USA). Grupo que vislumbra la pérdida de su mando. Camarilla que ha sido usufructuaria del poder durante el puntofijismo, por lo que, ahora, no quiere perder sus privilegios. Mantiene lazos estrechos con la CIA, tanto en EE.UU., como en Venezuela. Soporta también a los lobbistas en Washington (encopetados escuálidos que hacen la antesala en los cuerpos que deciden la política de EE.UU. hacia Venezuela). Amantes de la globalización y de todos los planes militares que el imperio USA ha diseñado para mantener su hegemonía en América y en el mundo. Vocero del modelo de "democracia" de los poderosos (dictadura de Pedro Carmona, "el breve"), sistema de gobierno que EE.UU., recomienda para Latinoamérica.

El segundo segmento es el de los fanáticos asesinos. Clan que asume con desmedida pasión las posturas contra-revolucionarias. Pandilla de entusiastas asesinos obsesionados con la salida de Chávez. Aupadores de la confrontación en la calle. Propulsores del aniquilamiento de los Círculos Bolivarianos y de cualquier otro componente popular organizado. Gestores de las unidades de choque para enfrentar al pueblo revolucionario. Su acción, aunque relativamente autónoma, sin planes racionales, se plega a las que determina la cúpula de los poderosos. Son sus secuaces para aplicar la violencia y, en consecuencia, seguidores ciegos de sus posiciones ideológicas.

El tercer sector es el de los decepcionados. Conjunto ubicado en la penumbra de la vacilación. Cree que, entre la oposición y el gobierno, Chávez representa el "mal mayor". No obstante, tampoco siente plena simpatía por la mal llamada coordinadora democrática (Oposición). Presenta rasgos de relativa racionalidad y claros sentimientos nacionalistas. Su más impactante preocupación es el miedo de que Venezuela caiga en el "comunismo". Participa de las costumbres tradicionales del mundo occidental y de los valores inculcados por la iglesia católica. Su realidad no va más allá de su parcela familiar y su estatus socio-económico. Hecho determinado, principalmente, por su analfabetismo ideológico.

Los estamentos más significativos son los trabajadores y la clase media. A ellos hay que hacerles entender que la meta de la revolución no es el "comunismo" inexistente, sino la consolidación del poder del pueblo. Las tres banderas son la génesis para conducir el desarrollo nacional hacia el modelo de producción intermedio (desarrollo endógeno). Esto es la sustitución de las Corporaciones Transnacionales (CTN) por las unidades productivas nacionales. Unidades de producción que estarán en manos de los trabajadores y de los profesionales, técnicos y empresarios de la prosperidad.

Además, hay que añadir al discurso, que la Revolución no se materializa por la vía violenta. Ahora se alcanza por la vía electoral. La Revolución no tiene una cartilla pre-elaborada que permita su funcionamiento como un manual de procedimientos. La Revolución se está inventando. Por eso, el segmento de los decepcionados, que supuestamente posee talento, temperancia y ecuanimidad, tiene la oportunidad y la obligación de participar en la construcción de la nueva era en Venezuela. Los decepcionados pierden más acatando las líneas de la oposición (repetir el modelo cupular y clientelar), que incorporándose al Proceso Revolucionario (luchar por alcanzar el Bien Común). Procede, entonces, hacer el llamado para que se abstengan de firmar el 28/11.