"CONTROVERSIAS EN TORNO A LA CONDUCTA BÉLICA ESTADOUNIDENSE".

Por Miguel Leal Cruz

La guerra contra otro país, en este momento en Irak, declarada unilateralmente por la máxima potencia bélica del Mundo desde mediados del pasado siglo XX, con vulneración de los acuerdos consensuados dentro de la ONU e incluso a los de otros de tipo pacífico en la Unión Europea, nos hace reflexionar y, por ello, como amantes de la Historia que el clásico griego Herodoto llamó "Maestra de la Vida", analizamos otro acontecimiento protagonizado por el "Gendarme del Mundo, de los muchos que tiene en su currículo, en los que precisamente España no era aliada como lo es ahora: La voladura de un acorazado USA en el puerto de La Habana, entonces colonia española, cuyo aniversario tuvo lugar el pasado día 15 de febrero. Es curioso que, sobre dicho acontecimiento, llegó a escribir el periodista Manuel Aznar Zubigaray en defensa de España, como redactor jefe del Diario de la Marina, y que fue ascendiente próximo del presidente del Gobierno español, José María.

La incógnita que apunta el magnífico periodista corresponsal de RNE en Nueva York, Agustín Remesal, en su excelente libro "El enigma del Maine", habrá de ser despejada a través del conocimiento, sentido común y de la misma lógica, como sí de una operación aritmética se tratara. Es el deber de la Historia en su inescrutable averiguación de los acontecimientos mundiales, en especial aquellos en que la interpretación es controvertida, o en los que una de las partes guarda fundamentales y firmes secretos.

Son aún ilimitadas las conjeturas e hipótesis sobre este lamentable y más que misterioso hecho, que afectó especialmente a la dignidad de aquella España, todavía imperial, y en claro provecho de un país en vías de gran desarrollo, en "el que todo vale" (como ahora) para conseguir su imparable avance, sin importar los medios que en atroz maquiavelismo ya habían puesto en uso con su "madre patria" (la Gran Bretaña), o con indios americanos, franceses, españoles y mejicanos, a quienes arrebataron con artimañas casi la mitad del territorio heredado de España, en su pasada reciente historia hacía el "destino manifiesto" uno de sus postulados máximos y que mantienen incólumes.

Permanecen teorías sobre las que aún se pueden superponer nuevas tesis para hipotéticas conclusiones a la vista de lo conocido, investigado, publicado o declarado, sobre este "más que sospechoso" asunto, en aquel momento de todavía gran poder económico español, cuando el valor de mercado de la peseta superaba en mucho al dólar, y aún hoy, cien años después, en que los americanos, todavía "gendarmes del mundo", a pesar de "los contratiempos" en la misma Cuba, en Vietnan, ahora con las torres gemelas de Nueva York . También resulta curiosa la destrucción de la escuadra en Pearl Harbour, por los japoneses, en circunstancias todavía no suficientemente aclaradas, pero que "obligaron" a los Estados Unidos a entrar en la Guerra Mundial, amen de otros curiosos hechos.

No obstante, los mismos que hoy bombardean ciudades históricas, donde se ubicaba el Paraíso Terrenal bíblico, poseen en sus manos el secreto de lo ocurrido al Maine. Willian Randolp Hearst, periodista poco escrupuloso, no aportó todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos entramados periodísticos en el inexorable viaje al "más allá".

La opinión actual, incluida la de intelectuales norteamericanos, es clara al respecto. La extraña voladura del acorazado norteamericano Maine, la noche del 15 de febrero 1898, en el puerto de la Habana, consideramos fue previamente preparada, probablemente, por personal al servicio de los mismos Estados Unidos, en su desesperado intento de participar en la guerra cubana, a favor de sus muchos intereses en la isla, entre los que no era ajeno el mismo Hearst. Era necesario crear "un elemento justificador", que no retrasara por más tiempo la entrada de EE.UU. en la guerra, cuyo impasse actual creaba considerables pérdidas económicas a los intereses yanquis y, lo que es más contradictorio, a los magnates españoles con intereses en Cuba. Elemento justificador para que la opinión pública americana terminara por aceptar la movilización de buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino más que manifiesto".

Peggy y Samuels, en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que entresacamos algunos aspectos. A la vista del expansionismo norteamericano, dicen que" algo imprevisible iba a suceder", "el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción de adivinos y visionarios". " Sigbee, su capitán recibió el mensaje, próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana, al lugar del sacrificio diríamos, y cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque el mismo escribirá un informe en 1899, un año después, donde justificaba su no presencia a bordo en el momento de ocurrir el hecho, lo que aún resulta sospechoso".

Clara Barton fundadora de la Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas de evacuación de heridos.

Añade que desde el puerto la gente gritaba "traen dinamita para volar barcos españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo, otro oficial americano llamado Wainwreigth dijo "juro no pisaré territorio español hasta que el Maine sea vengado". "El capitán del navío, estaba convencido de que fue un accidente - aunque más tarde rectificó e insistía en explosión exterior - y, sin embargo, el cónsul Lee hablaba de un acto de sabotaje". " Se intentó demostrar que el puerto de la Habana estaba minado", posición absurda por la cantidad de barcos españoles y de otras nacionalidades, que entraban o salían. "Los periódicos británicos, The Times principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa norteamericana, punto de vista coincidente con el resto de la prensa europea". Jingonismo o patrioterismo, confundido con la prensa amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada asesina". Datos estos muy reveladores.

"La prensa conservadora norteamericana vio la presencia del Vizcaya en el puerto de Nueva York como un acto de inocencia hacia España". No se aceptó la solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto.

El alférez Powelson, comisionado al respecto, dijo que fue una mina exterior, ya que la quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a su servicio.

Los autores, del citado libro, Peggy y Samuels, se preguntan: ¿Por qué la historia debe absolver a España? Por los siguientes argumentos:

1. La prensa europea estaba a favor de las tesis españolas.

2. España no quería la guerra. Estados Unidos sí.

3. La quilla no es argumento técnico suficiente, y difícil de atribuir, la explosión interior también pudo causar este efecto.

4. Que de haber sido una explosión externa hubiera producido daños más importantes en los buques apareados al Maine, entre ellos el Alfonso XII y el Ciudad de Washington. Hubieran aparecido numerosos peces muertos en aguas de la bahía por la onda expansiva directa, máxime cuando en aquellos momentos los peces, incluso de gran tamaño, entraban en la bahía para devorar los desechos de la ciudad y de los buques anclados.

5. Que el Vizcaya, buque de guerra español en visita de cortesía a Nueva York, en misión diplomática, estaba a 4 días del puerto de destino, y no obstante, se personó en el citado puerto, demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España en el misterioso y no esclarecido accidente.

Las declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en periódico El Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, se lee: " Había sonado el toque de silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa. Salto al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al agua". Todas las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando (sic) el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. En los torpedos se habían efectuado limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y en condiciones de un fácil y horroroso accidente.

El propio comandante en parte oficial dijo: "que la opinión pública debe suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles".

Según los informes el comandante estaba ausente del buque, otros que se hallaba en su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos de los 34 en total que componían la tripulación, formada por 370 marineros.

F. Foner, en su excelente estudio sobre la guerra de Cuba, obra de consulta necesaria para investigadores de este género, de suma importancia, nos aporta más detalles para este controvertido y misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazan el incidente como accidental, señalando las medidas preventivas seguidas en la construcción de este tipo de buques. Por ello sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido embarcada por "visitantes" en el puerto de la Habana - es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía, asesorada al efecto para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. O que, la presunta carga explosiva, fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el momento indicado y por agentes de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso al buque. Es igualmente eximente, de responsabilidad hacia España. El pronto deseo de la administración española en la Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado urgente según Remesal en el citado libro "La Incógnita del Maine", que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno norteamericano, que emitió otro dictamen y, por tanto, conclusiones opuestas.

El tribunal norteamericano, para justificar que la explosión no fue un accidente sino un acto se sabotaje por servicios españoles, adelantó cuatro posibilidades.

La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina. Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es tampoco descartable, la acción de un grupo de españoles - o individualmente-, resentidos o defraudados, que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer (sic) Cuba en manos rebeldes, prefiriendo la presumible administración "yanqui".

La segunda es que oficiales subalternos españoles cometieran el crímen a instigación de Weyler. Esto sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y falto de coherencia y racionalidad suficiente.

Una tercera teoría sería la instigación de la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje. Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos medios para que EEUU entrara en guerra con España, y en algunos momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de un accidente, y si no " es más probable la autoría americana"

Y existen otras especulaciones entre ellas las que manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el "Evening Bulletín" de Filadelfia, en el l2 aniversario, concluye que: el Maine fue volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteamericanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller, favorable a intervenciones norteamericanas en cuba. Fue a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso USA.

Nunca serán descartadas otras muchas hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión preliminar que consideramos con autoría, y que todas las enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en todo caso nunca totalmente esclarecida.

Son tantas, como las posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus mismas bases. Las causas han de hallarse en ese mismo aliado, que les permite la premeditación y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud de objetivos ideológicos, que les obliga moralmente para llevar a cabo "lo que sea". Estos sentimientos existían también en 1898.

Aquel país, hoy gran imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y etnias desde los mismos inicios del siglo XIX, guarda en su haber, hasta fechas actuales, un gran acerbo de elementos humanos cuya conducta esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes fácilmente comprobadas en su variopinta historia, hasta en hechos de protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya conducta patológica, apuntamos. Es por todo ello, que no podemos dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto que originó la tragedia del Maine y sus 260 desaparecidos. Aún aceptando que, sus autores, desconocieran a priori los resultados criminales del hecho en cuanto a muertos y heridos, pero sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las previsiones, las que tanto en medios de prensa, políticos, económicos y de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e irreversible: "un argumento de peso para justificar, ante la opinión americana, la entrada de los Estados Unidos en la guerra de Cuba, aspecto considerado como hecho evidente". Así se daba una solución definitiva al conflicto, incluso por las propias autoridades españolas que llegaron a desearla como mal menor ante la problemática, de todo tipo, que dicha contienda creó a la España del momento, en la que no estaban ajenas estas Islas Canarias puestas en el tapete anexionista norteamericano. Lo de Irak también es para reflexionar.

*LICENCIADO EN HISTORIA Y EN PERIODISMO.- LA LAGUNA

*(Extracto de ponencia expuesta por el autor, en La Casa de Colón –Cabildo de Gran Canaria en 1998)