La corona sueca desafía a Europa
Francisco P. De Luka
Con un significativo margen de 15 puntos (el 56,2 % del no frente el 41,8% del sí), el culto pueblo sueco le clavó una buena puncha al sistema monetario de la zona "euro" en el pasado referendum consultivo sobre la propuesta de abandono de su tradicional moneda nacional.
No sirvió de nada el asesinato de la ministra Lindh, cuando menos sospechoso al llevarse a cabo unos días antes de la referida consulta, cuyos sondeos previos indicaban un previsible triunfo de la postura contraria a la moneda única europea y que por supuesto no beneficiaba precisamente a las grandes multinacionales suecas. Y digo que no sirvió de nada porque con la trágica muerte de la popular política escandinava se jugó, cínica y fríamente, en los reducidos círculos financieros de alto "standing", hasta el punto de barajarse frívolamente un empate o incluso una victoria del "sí" a modo de revulsivo social de amplio efecto. Nada de esto último ocurrió, para inmenso pesar de algunos. Desde luego este resultado indica, a nuestro juicio, que el ciudadano medio sueco es ajeno a todo tipo de emotividades, influencias y manejos políticos como sí seguramente habría ocurrido, en un muy hipotético caso, en nuestras latitudes isleñas. No es la primera vez que una muerte, violenta o no, se utiliza políticamente también por las esferas del poder de la vieja y calculadora Europa. La Europa de las "perras".
La madurez ciudadana de este ejemplar pueblo nórdico (que aún recuerda con dolor el extraño asesinato de Olof Palme) no tiene ninguna relación con la tipología del asesino, un neo-nazi detenido por la Policía hace escasas horas. Es más, la admiración por dicho pueblo se torna en auténtica veneración política cuando se constata que antes del atentado todas las encuestas ubicaban a los opositores al "euro" por encima de los partidarios en 10 puntos porcentuales. Y,¡oh, sorpresa!, en contra de todas las previsiones, cocinadas desde las alturas del poder, el resultado final supera en 5 puntos dichas previsiones: 15 por encima de una opción sobre otra.Y para más "inri" después del sangriento atentado contra una cualificada y popular miembro del gabinete de Goran Persson, un esforzado jefe de gobierno que, según sus propias palabras, "realizó la campaña en un momento en que varios países de la zona "euro" están sumidos en una profunda recesión". Tiene razón. La unificación monetaria europea es un ídolo con pies de barro que se está desmoronando, porque las economías de los distintos países están siendo devoradas por una brutal inflación que debilita la demanda y, por consiguiente, aumenta el paro. Tienen un flamante "euro" que quiere competir con el viejo y poderoso "dólar". Ver quien puede más, en un espectáculo de chulería y prepotencia económica de la que el primer ministro español es el "number one", secundado por sus mayordomos canarios, como no podía ser menos. Se echan los europedos más grandes que el culo... Y si alguna conclusión se puede sacar de todo esto, esta es una: el pueblo sueco no tiene un pelo de tonto. Demostrado queda pues que la vieja y decrépita Europa, atravesada mortalmente por la espada de la baja natalidad y reactivada económicamente con la savia joven de los miles de explotados inmigrantes africanos y latinoamericanos, se sirve únicamente del sólido y recién adquirido bastón que representa el "euro". Pero el bastón no es el problema. El problema es la propia vieja que se está cayendo, por muy sólido que sea el nuevo bastón. Decididamente, el pueblo sueco es nacionalista de verdad. Aman a su corona, garante de su tradicional sistema social y su amplia autonomìa económica. Los efectos de esta consulta se pueden extrapolar a otros países y se preveen perjudiciales para la primera Constitución Europea, a aprobar igualmente por referendum, así como para las decisivas elecciones parlamentarias que tiene planteadas la UE en el 2004. El presidente de la Comisión Europea, el italiano Prodi y el comisario español Solbes se apresuraron a minimizar, con la boca empequeñecida por la decepción, el para ellos "accidente" sueco. Suecia no necesita del "euro" ni por razones puramente económicas ni por razones de competitividad, argumentan orgullosos los defensores del "no".
El ejemplo democrático de este país del norte de Europa contrasta con el chapucero ingreso de Canarias en la CEE en 1986 sin ningún tipo de refrendo popular, año a partir del cual se empezó a desmontar el Régimen de Puertos Francos cuyos primeros orígenes se remontan a 1852. Igualmente forzosa, y sin aprobación directa de nuestro pueblo mediante el correspondiente referendum para asunto tan importante, es la reciente incorporación del Archipiélago por parte del colonialismo español a la zona "euro", cuyos iniciales y refulgentes fuegos de artificio se están apagando gradualmente. Se abre paso la oscuridad que representa la inflación "europeista" que malvive con los sueldos "africanos" de esta parte insular de nuestro continente. Se empeñan en meter a Europa en 7.500 Km
2 de territorio y así surge un horrible engendro pintarrajeado con pegostes de cemento. Así nos va. Decididamente el pueblo sueco es verdaderamente nacionalista e inteligente.