Cuántos muertos en Beslán?

Juan Jesús Ayala

Beslán es una pequeña ciudad de 32.000 habitantes que pertenece a Osetia del Norte, la cual a su vez está encuadrada dentro de la Federación Rusa e insertada en el Cáucaso Norte. Nos dicen que allí se produjo la toma de un colegio por parte de un comando terrorista checheno el que mantuvo como rehenes a más de 1.500 personas, la mayoría niños, lo que motivó, sin inicio de acuerdo alguno, que por parte de las fuerzas de Seguridad de Putin se intentase su rescate. Pero fue tanta la confusión, el desaguisado, la falta de previsión y organización, que hizo que se desembocara en una verdadera masacre. Y los muertos que al principio nos dijeron eran unos pocos se contaron más tarde en número de 350 y ya pasan de 500.

Pero las muertes de nada vale contabilizarlas. Eso no consuela. Las muertes se sufren. Son seres humanos que nada tienen que ver con los conflictos que aparecen en el escenario de sus pueblos por las torpezas acumuladas de sus mandatarios. En este caso lamentable, Putin y una situación, la chechena, que pretende resolver desde la fuerza, dándole la espalda a la historia y al diálogo, y desde unas elecciones fantasmas por él propiciadas, dentro de un marco antidemocrático total. Y los pueblos no son tontos. Su historia no se puede borrar de un plumazo ni con tanques ni aviones y menos ejerciendo el terrorismo de Estado que es, ni más ni menos, lo que ha hecho Rusia con Chechenia. Estas lluvias traen estos lodos. Los muertos no deben contarse, los sufren aquellos que notan su ausencia y más aún si son niños ajenos al conflicto, dado que sus conciencias están sólo preparadas para jugar y aprender a vivir. Por eso, que sean acribillados dentro de una confusión infernal y de maniobras burdas de rescate es lo que nos hace sentir ciertamente perplejos y defraudados de los que se erigen en protectores del mundo, que no acaban de darse cuenta de que, con su excesivo e hipócrita proteccionismo, lo que consiguen es que muchos niños dejen su vida en un trayecto que acaba de empezar y que ahora, tanto en Beslán como en Irak por muchas amenazas, llantos y soflamas que se pronuncien no las vana devolver.

Las muertes no se cuentan, se sufren y no sólo éstas que hoy nos duelen en el alma, sino todas las que ocurren en el planeta ocasionadas por las guerras y las hambrunas perfectamente calculadas desde los centros de poder donde se pretende, a toda costa, que los pueblos continúen sometidos al yugo opresor de los que se titulan demócratas excelsos, a los que sólo les guía el control y explotación de las riquezas de sus territorios. Un saludo pues a Putin. Que siga así, orillando el diálogo. Y otro para Bush, amigo inconsolable para que continúe igual de fuerte y poderoso. Mientras, otros desde el desconsuelo, lo único que saben hacer es llorar, seguro que con rabia contenida, la muerte de sus seres queridos.