Cuestiones de Estado
Ramón Moreno
Las relaciones de "pareja de hecho" entre España y Marruecos se han convertido, de la noche a la mañana, en unas relaciones "matrimoniales" en toda regla. Un matrimonio de conveniencia, que ha iniciado una "luna de miel"... y dátiles, que ya veremos en que acaba, sobre todo, en lo que respecta a nuestro Archipiélago, que sigue soportando la llegada masiva de chalanas repletas de inmigrantes ilegales, sin que las Autoridades marroquíes hagan nada al respecto.
Y es que, como decía en el artículo anterior, a mi esto de que Madrid y Rabat "vayan de la mano" en los asuntos de Canarias, me da muy, pero que muy mala espina, por las "cuestiones de Estado" que subyacen en estas relaciones idílicas, casi incestuosas, si tenemos en cuenta el socorrido tópico del "hermano marroquí"...
En este nuevo panorama de connivencias, complicidades, carantoñas mutuas e "intereses comunes", es bastante significativo el acuerdo alcanzado entre España y Marruecos, sin precedentes en su historia, por el que un contingente de tropas marroquíes se unirá al grueso de efectivos que el Gobierno español va a enviar a las tareas de estabilización y reconstrucción de Haití, que se integrarán en la MINUSTAH, la fuerza de la ONU en el país caribeño. Mientras Rabat destacaba "la voluntad de luchar juntos por la paz", la Diplomacia española actuaba en dos frentes: el ministro Moratinos y su secretario de Estado Bernardino León, han escenificado, el uno en Marruecos y el otro en los campos de refugiados del pueblo saharaui en Tinduf, Argelia, la "voluntad del Gobierno español de contribuir a desbloquear la situación del Sahara Occidental", apoyando el Plan Baker II (desmintiendo "interpretaciones" en contrario), que Marruecos quiere enterrar definitivamente. El propio monarca marroquí confirmaba esta decisión de su país, al excluir la autodeterminación para el Sahara. El Rey Mohamed VI, en el Discurso del Trono, con motivo del quinto aniversario de su entronización, ha afirmado que la "primera de las prioridades de Marruecos en el Sahara", abogando por "una solución política definitiva y mutuamente aceptable" en el plazo de cinco años; asegurando además, que va a "abrir una nueva página" en la relación con España. Por su parte, el Frente Polisario no se ha hecho esperaren la respuesta. Su Delegado en Madrid Abdulá Ahmad, ha declarado que "toda solución sin referéndum está condenada al fracaso".
Por otro lado, desde Londres se pedía al Gobierno español que dejara su "lenguaje emocional", a propósito de las protestas españolas por la visita a la Roca del ministro británico de Defensa Geoff Hoon para conmemorar los 300 años de la presencia inglesa en el Peñón. Paralelamente a la llamada a consultas por el Gobierno español al embajador británico Stephen Wright para transmitirle su malestar por la visita en cuestión, el ministro principal de la Colonia Peter Caruana arremetía contra España por criticar los actos conmemorativos de los 300 años de la presencia británica en Gibraltar, al tiempo que los gibraltareños reafirmaban su "inequívoca condición" de ciudadanos ingleses. Vistas así las cosas, es evidente que tanto Gibraltar como el Sahara -salvando las distancias históricas y de todo tipo-, son cuestiones de Estado para España y Marruecos respectivamente. Pero no debemos obviar varios aspectos de suma importancia, referidos a estos dos territorios en litigio, sin perder de vista la perspectiva del Archipiélago canario como telón de fondo. En primer lugar, y este es un tema capital desde la vertiente geoestratégica, España se ha imposibilitado "sine die" la delimitación de los espacios marítimos de la Zona del Estrecho, retrotrayéndose al Art. 10 del Tratado de Utrecht de 13 de julio de 1713 suscrito por las Coronas de España y Gran Bretaña, al considerar que Gibraltar es colonia, sujeta a un proceso de descolonización. La pregunta, por tanto, es obvia: ¿Pretende acaso España controlar ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, en una supuesta soberanía futura del enclave, manteniendo enfrente, en territorio marroquí, las llamadas Plazas de soberanía de Ceuta, Melilla e Islotes adyacentes?. Porque, este es el verdadero quid de la cuestión, ya que Marruecos siempre ha ligado la retrocesión de Gibraltar a la soberanía española, con la "recuperación" de Ceuta y Melilla; suponiendo que antes no se llegue a algún tipo de acuerdo, por "razones de Estado", aprovechando la coyuntura favorable, seguro que con Canarias de por medio.
En segundo lugar, no conviene minimizar la concepción marroquí del Gran Magreb, cuyo límite meridional es el Río Senegal. Ello explicaría la anexión del territorio del Sahara -considerando las "provincias del Sur"-, haciendo una interpretación "sui géneris" del Acuerdo Tripartito (España, Marruecos y Mauritania), que le otorgaba la administración del territorio, y que en su afán expansionista y anexionista, convirtió en soberanía, para apropiarse de los yacimientos saharianos de fosfatos, gas y petróleo y de las riquezas pesquera y de hidrocarburos del banco canario-sahariano.
Con respecto a Canarias, la cuestión, desde mi punto de vista, está meridionalmente clara: España nos considera un territorio de "soberanía" que le proporcionaría unos espacios marítimos (de ahí la promulgación de la Ley 15/1978 de 20 de febrero sobre Zona Económica Exclusiva que, insisto, no está desarrollada y además colisiona frontalmente con los criterios del Derecho Marítimo), que pretende atribuirse para disponer de nuestros recursos marinos, petróleo y gas incluidos. Para Marruecos somos unos vecinos incómodos y peligrosos. Por un lado, para Canarias el Sahara es nuestro "hinterland" natural y la continuidad territorial que necesitamos, dado que nuestro espacio vital se acaba inexorablemente. Y por otro, la existencia de un Estado Archipiélago Canario, aparte de ser un grave precedente para su "cohesión territorial", implicaría el inicio del correspondiente proceso delimitatorio de las aguas adyacentes con el Estado opuesto, que reduciría de forma drástica la ZEE marroquí a sus límites exactos que, instituida mediante el Dahir de 8 de abril de 1981, "engloba" a todo el Archipiélago canario excepto La Palma y El Hierro. ¿Existe pues, alguna duda de que España y Marruecos pacten mantener el "status" actual de Canarias para repartirse sus mares y los recursos que contienen?