La cultura política colonial puertorriqueña
P. Luis Barrios
Casi estoy llegando de mi patria Puerto Rico y les cuento que en este año electoral -en donde una vez mas se tendrá la oportunidad de elegir al gobernador colonial de turno- está color de hormiga brava. O sea, que hay de todo como en botica.
Pude palpar entre otras cosas un sinnúmero de curiosidades, o tal vez estupideces moralistas, de la cultura política colonial puertorriqueña, las cuales en la mayoría de los casos tiende a ser el mismo cultismo sinvergüenza que ocurre en Estados Unidos. Y ya usted sabe, en asuntos coloniales en nuestra patria puertorriqueña hay la mala costumbre de hacer real el dicho que, what monkey see, monker do.
Observe usted como ahora, al igual que en Estados Unidos, nos están atragantando con el discurso político de ir a unas elecciones y votar por el partido que es más intolerante al matrimonio de parejas del mismo sexo, más tolerante a enviar la Guardia Nacional dizque a combatir el crimen, mas complaciente a la "mano dura" contra el crimen, o sea, el reclutar mas policías, construir mas cárceles y aumentar las sentencias de encarcelamiento. Todo este aparato represivo por supuesto es para la gente pobre, por que la gente rica dicen por ahí que no roban y por supuesto es toda una verdad, esta gente no va a la cárcel.
De todos estos disparates que suceden en mi patria el que más me tocó en este momento lo fue los análisis chabacanos de la violencia que estamos viviendo actualmente. Las soluciones políticas no se hicieron esperar. Dos de estas lo son el que se legalice el uso de drogas y la otra que la Guardia Nacional esté en las calles patrullando. Ambas medidas, dicen quienes saben mucho de nada pero están en el gobierno, son buenas para combatir la violencia.
Por supuesto, durante mi estadía en Puerto Rico pude escuchar todas estas sandeces resolutivas viniendo de los programas de la industria inmoral del chisme, de agentes de la policía corruptos/as, de periodistas incompetentes y oficiales electos/as con unos análisis miopes de cómo entender la realidad de la violencia. La desgracia se aumenta cuando usted escucha las recomendaciones que dieron como soluciones al problema. Tengo que confesar que me extrañó muchísimo el silencio putrefacto tanto de la Asociación de Psicólogos/as como el del Colegio de Trabajadores/as Sociales quienes aparentemente no quieren vela en este entierro.
Por supuesto, quien puede negar que la cultura política colonial puertorriqueña tiende a distinguirse -entre otras cosas- por las siguientes realidades: por sus idiosincrasias de un tradicionalismo místico de vivir en el pasado; de un clientelismo que promueve la invisibilidad; una ignorancia que facilita el idiotismo; un caudillismo que favorece el pánico socio-político; un personalismo que promueve la enajenación social; un libertarismo que promueve el culto de adoración al individualismo; y una desatención social la cual se caracteriza por la reducción del papel del estado en la vida económica, social y espiritual del pueblo.
La lista sigue. Existe también en esta cultura política colonial una especie de robotización política la cual promueve el abandonismo personal y colectivo; un servilismo gubernativo el cual acrecienta la ingobernabilidad patria; una marginación social que mercadea la fabricación del consenso; una inmoralidad de la mendicidad la cual se distingue por promover los profanidades de la desesperanza; y por supuesto no podía faltar -a mi juicio- una de las mayores depravaciones; la prédica de un evangelio del consumo a través del cual se nos dice que nuestra patria verdadera está en los cielos.
De aquí el que el análisis, diagnostico y tratamiento de la violencia debe de tomar en consideración las diferentes formas en que esta se manifiesta, como lo es la violencia directa (ejemplo: homicidios, genocidios, asesinatos, torturas, violaciones, etc.), la violencia indirecta (ejemplo: la violencia por omisión como lo es el hambre, las enfermedades, la pobreza, etc.), la violencia represiva (ejemplo: la privación de los derechos civiles y derechos humanos) y la violencia por exclusión (ejemplo: racismo, sexismo, heterosexismo, etnocentrismo, etc.).
Por otro lado, el enfoque teórico debe partir del postulado de que no es posible explicar la violencia personal sin un claro entendimiento de su relación con la violencia estructural. De aquí el que todo proceso de tratamiento debe de tomar en consideración la experiencia de la concientización a través del cual las/os personas reconocen la necesidad de no solo cambiar sus conductas de violencia pero también cambiar las estructuras de opresión y exclusión.
De aquí el que crea que al debate del análisis de la violencia que ocurre actualmente en Puerto Rico le faltó el tomar en consideración todas estas acciones de violencias que estamos viviendo. Sigamos promoviendo la paz con justicia que deje como resultado la descolonizacion e independencia para Puerto Rico.
P. Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
Lbarrios@jjay.cuny.edu
30 de Julio de 2004