Alarmismo, resignación o previsión ante las catástrofes volcánicas: Catástrofe en espera

Álvaro y Adrián Morera

La cadena de movimientos sísmicos que se vienen sucediendo últimamente en Canarias, localizados, la mayor parte de ellos, en la zona de la comarca de Icod, en el noroeste de Tenerife, nos traen a la memoria a los canarios entrados en años, y en particular a los palmeros, aquellos otros movimientos sísmicos, ya históricos, que precedieron a las dos últimas erupciones habidas en Canarias, en el complejo volcánico Cumbre Vieja de La Palma: la del Nambroque, o Volcán de San Juan -denominado así por haber entrado en erupción precisamente el día de San Juan, 24 de junio de 1949- con una duración de 47 días. Y, veintidós años más tarde, en 1971, la del volcán de Teneguía -denominado así por la proximidad del roque de su nombre- con una duración de 24 días.

Los técnicos de los estamentos que tienen a su cargo el seguimiento y estudio de la actividad volcánica y sísmica en general, en nuestro canario archipiélago, nos han sorprendido por las contradictorias informaciones que han venido suministrando y publicando al respecto. En lo que sí coinciden es en el origen volcánico de los movimientos sísmicos registrados en la referida comarca de Icod, así como, por otra parte, los de origen tectónico registrados entre Tenerife y Gran Canaria, debidos estos últimos a reajustes de las placas en la falla localizada en los fondos marinos más próximos a Tenerife. Mientras que unos técnicos hacen referencia a una irrupción de magma que, de continuar la actividad sísmica, puede dar lugar a una próxima erupción en el plazo de pocos meses, otros le quitan hierro al asunto y ven más remota la posibilidad de tal erupción volcánica. En todo caso, los citados movimientos sísmicos y la polémica que han dado lugar, han tenido la virtud de movilizar a la clase política, despertándola de un cómodo letargo, que se han venido reuniendo con el fin de actualizar planes de protección civil y de evacuamiento. De las contradicciones no se han librado tampoco los políticos. Unos se han esforzado en tranquilizar a la población y, sobre todo, para que no se alarmen y espanten los turistas, y otros, como el alcalde de Santiago del Teide, se toman más en serio la puesta a punto de los planes de evacuación, para, llegado el caso, saber a que atenerse.

En un archipiélago de origen volcánico como el nuestro, y más aún teniendo en cuenta que la actividad volcánica no ha cesado hasta nuestros días, lo normal sería que la población estuviera puntualmente informada al respecto. Y tal es así, que en el pasado mes de febrero unos expertos alemanes a bordo de un buque oceanográfico germano, informaron haber localizado 50 volcanes submarinos entre las islas de La Palma y la de El Hierro, de los que se llegó a tomar muestras de lava, a más de 3.000 metros de profundidad, que reflejaron la existencia de erupciones recientes, posteriores incluso a la del Teneguía en 1971.

Llegados a este punto, convendría recordar también la polémica suscitada alrededor de la actividad en el complejo volcánico Cumbre Vieja de La Palma, a propósito de un informe elaborado por científicos, el británico, Simon Day, del University College de Londres, Douglas Masson, Bill McGuire y el estadounidense Steven Ward de la Universidad de California, así como, al menos en principio, el vulcanólogo local Juan Carlos Carracedo, y que hacía referencia al riesgo de un gigantesco deslizamiento, en la ladera suroeste de Cumbre Vieja, de magnitudes catastróficas. En efecto, el doctor Simon Day, del University College de Londres, alertó en la BBC de Londres, el 12 de octubre del 2000, sobre tal posibilidad, que «puede pasar en cualquier momento». Los resultados de la investigación, asimismo, han sido publicados en la revista Journal of Volcanology and Geothermal Research. Los temores de los científicos no sólo son consecuencia de que sus cálculos geofísicos sostienen que la actual isla de La Palma, con sólo 706 kilómetros cuadrados de superficie frente a los 2.426 metros de altura, está en un precario equilibrio geotécnico. El peligro reside, además, en que ocurra una nueva erupción del pico Cumbre Vieja, algo nada extraño si se tiene en cuenta que en los últimos 100.000 años ha explotado más de una docena de veces, según los cálculos de Day, y que la última erupción en La Palma se registró en 1971. Los investigadores contemplan dos posibilidades seguras de que la isla se desplome: Que haya una erupción y que el peso de la sobrecarga de lava induzca la ruptura del edificio volcánico. O, simplemente, que el incremento de temperatura generado aumente la presión del agua acumulada entre las grietas de unas rocas, que son impermeables, y que esta presión desencadene la catástrofe. «Este peligro es mucho más real que el hecho de que caiga un asteroide.

Esto no sólo sería una catástrofe para los habitantes de esa isla, sino para la gente del otro lado del océano que jamás han oído hablar de La Palma», dijo Day. La fuerza de los tsunami es conocida desde hace mucho tiempo. El más reciente tuvo lugar en 1998 y mató a más de 2.000 personas en las costas de Papúa Nueva Guinea. Fue provocado por un terremoto submarino. En cuanto al tamaño, en 1958 se pudo observar en Alaska una ola que alcanzó los 500 metros de altura.

Muy diferente es la posición al respecto del Director del Dpto. de Volcanología del Consejo Superior de Investigaciones científicas, Juan Carlos Carracedo, que sale al paso de tales declaraciones: «Con una reiteración que ya se hace sospechosa han aparecido informaciones alarmistas sobre una supuesta catástrofe de dimensiones planetarias que tendría su origen en el desplome del flanco occidental de la dorsal de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma. Este deslizamiento gigante originaría olas gigantescas que aniquilarían las Canarias, el Caribe y la costa atlántica de USA. Tan catastróficas premoniciones ya aparecieron el año pasado en un periódico británico. El 6 de octubre de este año se repitió el ciclo, con unas declaraciones idénticas del Dr. Simon Day en la 'BBC,' recogidas por los periódicos nacionales 'El Mundo' y 'ABC'. El 11 de octubre los geólogos británicos Douglas Masson y Bill McGuire volvieron a presentar en la 'BBC' un modelo en el que aparecía la isla de La Palma como centro de un colapso de características apocalípticas.... Todo esto, que parece ciencia ficción o locura milenarista proviene no de unos iluminados, sino de científicos británicos profesionales, de un centro de investigación relacionado con el estudio de desastres naturales (Benfield Greig Centre for Hazard Research, University College London).... Se sabe hace muchos años que las islas volcánicas oceánicas se construyen muy rápidamente, especialmente en las fases iniciales. Este crecimiento excesivo no sólo las hace inestables sino que dificulta y llega a impedir la continuidad del volcanismo. En un proceso natural, las islas sueltan lastre mediante el deslizamiento súbito al mar de enormes trozos. Recuperado el equilibrio la isla sigue creciendo.... Naturalmente estos fenómenos sólo ocurren con "frecuencia geológica", es decir, con intervalos de decenas e incluso centenares de miles de años. No son, en consecuencia, un riesgo para la población (en realidad, aparte del minúsculo deslizamiento del St. Helens, jamás se había observado este fenómeno), sino un interesante y novedoso modelo para explicar pautas principales en el desarrollo de las islas volcánicas oceánicas y sus principales estructuras paisajísticas..... Una reflexión final: las islas Canarias, en general, y La Palma, especialmente, pueden considerarse entre las zonas más seguras del planeta. Incluso las islas Hawaii, paradigma de "islas paraíso" se ven afectadas por huracanes arrasadores. Canarias, en cambio, está exenta de terremotos, inundaciones y huracanes. Los volcanes que las han formado no son peligrosos, como evidencia la ausencia de víctimas en las 16 erupciones habidas en el periodo histórico.» Lo que llama poderosamente la atención es el escapismo, no sólo de la clase política sino, en particular, la de los científicos locales. En los análisis de unos y otros se pasa por alto el hallazgo de los científicos británicos respecto a la aparición de una grieta producida en el proceso de la erupción del volcán de Nambroque o de San Juan, así como de una gran bolsa de agua entre diques, lo cual representa un riesgo añadido, realmente peligroso, que no se había conocido en otras erupciones históricas. Por otro lado, los científicos británicos y americanos se centran en el potencial riesgo que afectaría a las costas de sus respectivos países por el efecto de una gigantesca tsunami producida, como queda dicho, por el eventual deslizamiento de la ladera suroeste de Cumbre Vieja, ignorando, por activa y por pasiva, las consecuencias que tal fenómeno representaría para La Palma y nuestro archipiélago en su conjunto. Aunque, naturalmente, debemos ser los canarios los que nos preocupemos de lo que nos concierne.

Uno, ciudadano de a pie, francamente, no sabe a que carta quedarse. Eso sí, el instinto de conservación nos hace reflexionar sobre las posibilidades humanas de afrontar los riesgos derivadas de la actividad volcánica. No sólo en cuanto a la planificación de la evacuación de zonas afectadas por erupciones o, incluso de islas enteras, sino también a la posibilidad de poder modificar el curso de los acontecimientos con acciones concretas.

Respecto a la acumulación de agua entre diques impermeables a que se hace referencia en Cumbre Vieja, y que, en caso de erupción en esa zona podría ocasionar una explosión -efecto caldera- no sería descabellado el intentar desalojar el agua acumulada mediante una galería que conectara con dichas bolsas de agua, para vaciarlas progresivamente, para, al menos, evitar tal eventualidad. Actualmente existen medios técnicos suficientes, que, igual que permiten horadar un túnel de un extremo a otro de la base de la cumbre, en La Palma, posibilitan asimismo y con más razón, construir la galería a la que nos estamos refiriendo. Podría ser un ejemplo de previsión a seguir ante fenómenos y catástrofes similares, en lugar de esperar resignadamente lo que se nos venga encima.

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