COMUNIDAD CANARIA EN LONDRES (CCL)
EL "DESCUBRIMIENTO" DE AMERICA
El viaje de Colón fue un intento de España de lograr una mayor autonomía en el comercio con el Lejano Oriente, sin tener que guerrear con navíos árabes que tenían un virtual monopolio comercial en la región.
Colón hoy sería condenado por crímenes de lesa humanidad en el tribunal de La Haya.
Con cada aniversario del "día de la raza", "fiesta nacional", etc,, (12 de Octubre) mucha gente inquisitiva se hace la misma pregunta sobre quién descubrió -realmente- al continente americano, aunque la respuesta oficialista-colonial contestará:
Cristóbal Colón. Sin embargo, a 510 años del citado "descubrimiento", todavía no está claro quiénes fueron los primeros europeos en llegar a tierras americanas, o si el continente recibió visitas de nuestro continente (africanos) o asiáticos antes de la llegada de Colón.
En principio resulta algo incongruente que se hable de un "Nuevo Mundo", pues en lo que luego se llamó "América" ya vivían millones de indígenas dentro de civilizaciones en diversos grados de avance, por lo que la frase "encuentro entre las culturas europea y amerindia" refleja mejor lo que significa aquel 12 de octubre de 1492. Incidentalmente, todo sucedía mientras la potencia ibérica que financió la expedición consolidaba la unificación nacional al terminar la "reconquista castellana", apropiado de los musulmanes, y se decretaba la expulsión de los judíos de España por los "reyes católicos".
A estas alturas, gracias a investigaciones arqueológicas y bibliográficas hechas en el último siglo, ya nadie discute que los vikingos fueron los primeros visitantes europeos en llegar a costas americanas, pues las excursiones de escandinavos a las costas nororientales del Canadá, específicamente en Terranova, bajo el liderazgo de Leif Ericson, están suficientemente corroboradas por los historiadores.
Ericson, hijo de Eric el Rojo -un sangriento prófugo de la justicia vikinga- navegó a costas americanas desde Groenlandia, donde se había refugiado su padre para huir de la justicia, cerca de finales del primer milenio de la era cristiana, llegando luego quizás hasta las costas de los actuales Estados Unidos. Así, la gesta indiscutible de estos intrépidos marinos noruegos antecede en cinco siglos la "hazaña" de Colón, pero como nunca estuvieron en "misión oficial" ni dejaron bitácoras que registraran sus viajes, ni tomaron posesión de los territorios que colonizaron, fueron ignorados por la historia imperial-colonial (oficial) durante casi un milenio.
También se especula sobre la posibilidad de que marinos portugueses pudieran haber llegado a las costas de Brasil algunos años antes que Colón, en medio de sus frecuentes viajes a la costa occidental africana, quizás sin darse cuenta de la trascendencia de su visita. De hecho, así sucedió en el viaje de otro navegante lusitano, Pedro Cabral, quien en 1500 perdiera el rumbo en camino a la India, llegando a costas del noreste brasileño, tomando posesión de ellas para Portugal casi al mismo tiempo que Vicente Yañez Pinzón -el ex capitán de la carabela Niña, con quien se disputó el descubrimiento de Brasil- las exploraba para España. De la misma manera, otros navegantes portugueses o africanos pudieran haber franqueado la corta distancia que hay entre las costas africanas y brasileñas, que representan menos de la mitad del recorrido que hiciera luego Colón al toparse con una islita de las Bahamas.
Por cierto, ya está suficientemente comprobado que Colón nunca pretendió "descubrir" un nuevo continente, ni sospechaba que existiera América, pues su misión era llegar al Lejano Oriente por la ruta del Oeste, para traer a Europa las supuestas riquezas del Japón y la China, o las apetecidas especias que se cultivaban en las "indias orientales" (actualmente islas filipinas, malasias o indonesias) a veces más valiosas que el oro y que eran comerciadas mayormente por los musulmanes desde el Mediano Oriente, en vista del dominio ejercido por éstos en el océano índico durante varios siglos. Así, el viaje de Colón fue un intento de España de lograr una mayor autonomía en el comercio con el Lejano Oriente, sin tener que guerrear con navíos árabes que tenían un virtual monopolio comercial en la región.
Colón sabía de estas riquezas por los adornados -y a veces fantasiosos- escritos de su coterráneo Marco Polo, quien viajara al Oriente dos siglos antes, y además estaba convencido de la redondez del planeta, por lo que estaba seguro que debía toparse con Japón o China tarde o temprano, máxime cuando subestimó grandemente las distancias e ignoraba la vastedad del Océano Pacífico.
Colón también conocía los escritos de Platón, que hablaban de una fabulosa civilización -la Atlántida-- más allá de las costas europeas, en el Atlántico, lo que lleva a especular si los fenicios, los griegos, los egipcios y los romanos --todos expertos navegantes antes de la era cristiana-- pudieran haber franqueado ese océano.
El antropólogo y aventurero noruego Thor Heyerdahl hizo, precisamente, realizó un viaje similar en 1970, con una embarcación endeble de papiro (bautizado con el nombre de Ra, un dios egipcio), saliendo de Marruecos y llegando a una isla caribeña. Mucho antes, en 1947, el mismo Heyerdahl había sorprendido al mundo navegando con una balsa de madera, el famoso Kon-Tiki, saliendo de la costa peruana y llegando semanas después a una isla polinesia, tratando de demostrar que los indígenas americanos pudieran haber atravesado el Pacífico y poblado esas remotas islas.
Obviamente, a la inversa, también sería posible y todavía se especula si los polinesios -que navegaban hábilmente entre islas muy distantes- fueron los que realmente descubrieron el continente americano, ante lo parecido de sus facciones, al igual que esta misma similitud fuera el indicio que condujo a suponer que este continente fuera poblado gradualmente por asiáticos que emigraron por el estrecho de Behring desde Siberia o Mongolia en el pasado remoto, ya que el mismo ofrecía un puente terrestre en esa época prehistórica. Por otra parte, se encontraron documentos antiguos en China que hablan de un viaje de navegantes chinos -a fines de la edad media, pero mucho antes de Colón- hacia las costas de California, donde naufragaron y fueron ayudados por los amerindios a emprender el viaje de regreso. Aunque los chinos fueron por mucho tiempo una sociedad bastante cerrada y poco curiosa de culturas lejanas. Sus navegantes difícilmente se aventuraban al exterior -a diferencia de los europeos y árabes- lo que explica en parte la relativa homogeneidad y perdurabilidad de la cultura china.
En realidad, poco importaría el hecho de quienes fueron los primeros en llegar al continente americano, si no fuera por la ambición de los navegantes europeos en tomar el crédito por "descubrir" una determinada parte de la geografía terrestre y así entrar en los libros de historia imperial y colonial. Fue esa misma ambición que impulsó a Colón, Vasco de Gama y Magallanes a franquear océanos desconocidos y llegar a tierras inhóspitas, a riesgo de su vida. Pero el móvil de Colón tampoco estuvo centrado en el reconocimiento, como lo demuestra claramente ciertas características de la personalidad de Colón, un genovés hijo de comerciantes y que heredó de su padre la afición al lucro. De hecho, Colón exigió no sólo honores sino también tierras y títulos oficiales en premio de su "hazaña", y algunos relatos hablan incluso de que escamoteó el mérito -y la recompensa- de avistar tierra a su marino Rodrigo de Triana.
Sin embargo, si es la primera expedición documentada al Nuevo Mundo, que "debió" haberse llamado "Colombia" en su honor, si un cartógrafo francés no hubiera bautizado las nuevas tierras con el nombre de otro navegante italiano -luego naturalizado español- que exploró las costas septentrionales y orientales de Suramérica, en las cuales nunca puso pie el mismo Colón, pues aparentemente ni siquiera bajó a tierra al avistarse la "tierra de gracia" en el golfo de Paria.