Carta abierta a los geólogos británicos sobre los deslizamientos gigantes en Canarias y la credibilidad científica

Con una reiteración que ya se hace sospechosa han aparecido informaciones alarmistas sobre una supuesta catástrofe de dimensiones planetarias que tendría su origen en el desplome del flanco occidental de la dorsal de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma. Este deslizamiento gigante originaría olas gigantescas que aniquilarían las Canarias, el Caribe y la costa atlántica de USA. Tan catastróficas premoniciones ya aparecieron el año pasado en un periódico británico. El 6 de octubre de este año se repitió el ciclo, con unas declaraciones idénticas del Dr. Simon Day en la 'BBC,' recogidas por los periódicos nacionales 'El Mundo' y 'ABC'. El 11 de octubre los geólogos británicos Douglas Masson y Bill McGuire volvieron a presentar en la 'BBC' un modelo en el que aparecía la isla de La Palma como centro de un colapso de características apocalípticas.

Por fin, la noche del 12 de octubre, la misma BBC emitió un programa de audiencia mundial (Horizón), insistiendo en la misma idea.

Todo esto, que parece ciencia ficción o locura milenarista proviene no de unos iluminados, sino de científicos británicos profesionales, de un centro de investigación relacionado con el estudio de desastres naturales (Benfield Greig Centre for Hazard Research, University College London).

Son comprensibles las dificultades para conseguir fondos para la investigación: hay más científicos vivos y en activo que todos los que han existido jamás, y la competencia es feroz. Pero todo tiene un límite y, en esta ocasión, parece que se han pasado con creces.

Las autoridades españolas conocen este asunto desde 1995. Existe un Comité Científico de Evaluación y Seguimiento de Fenómenos Volcánicos en Canarias en una de cuyas reuniones ordinarias comuniqué la existencia de deslizamientos gigantes en Canarias, como consecuencia de cierta intranquilidad originada por la difusión en la prensa de un pretendido deslizamiento del flanco noreste... ¡de El Hierro! En 1993 el Cabildo de El Hierro preparó unas jornadas para ensalzar los atractivos geológicos de esta isla, con asistencia conjunta de geólogos y periodistas. En semejante foro, en que se suponía que había que ensalzar las maravillas geológicas de la isla, unos alarmistas con afán de protagonismo -como los que ahora nos ocupan- centraron estos atractivos en el supuesto deslizamiento inminente de un trozo gigantesco de esta isla, incluyendo incluso el Parador Nacional donde las Jornadas se celebraban. Con gran asombro por mi parte me quedé solo recomendando prudencia hasta, por lo menos, estudiar a fondo el problema. Era surrealista ver al entonces consejero de turismo del Cabildo entusiasmado con el hallazgo. Incluso llegó a decir en la clausura de las Jornadas que uno de los asistentes les había roto la guitarra, al cuestionar que un deslizamiento gigante, capaz de producir los efectos que ahora se describen para La Palma, fuera en el futuro la principal atracción turística de El Hierro, la isla tranquila por antonomasia. ¿Quiere vivir peligrosamente? Venga a Canarias y, sobre todo, a El Hierro.

El caso de La Palma es, ciertamente, bastante diferente. Se sabe hace muchos años que las islas volcánicas oceánicas se construyen muy rápidamente, especialmente en las fases iniciales. Este crecimiento excesivo no sólo las hace inestables sino que dificulta y llega a impedir la continuidad del volcanismo. En un proceso natural, las islas sueltan lastre mediante el deslizamiento súbito al mar de enormes trozos. Recuperado el equilibrio la isla sigue creciendo.

Esto se descubrió en los años 60 en Hawai. La Ciencia avanza a veces muy derecho con renglones más bien torcidos. En efecto, en los años de la guerra fría el gobierno norteamericano estaba indignado por la continua aproximación de submarinos soviéticos a estas islas, cuyas aguas territoriales se extendían sólo a la plataforma circundante, de escasa extensión en este tipo de archipiélagos. Iniciaron entonces un amplio proyecto de estudio de los fondos marinos circundantes mediante el uso de imágenes de radar y descubrieron que estaban alfombrados por derrubios de deslizamientos gigantescos de trozos de las propias islas, que se dispersaban mar adentro por centenares de kilómetros. Bastó con extender las aguas territoriales hasta donde habían llegado las tierras de las islas para acabar definitivamente con el acoso de la flota rusa. Los resultados los publicó en un artículo científico el geólogo James G. Moore (Giant submarine landslides on the Hawaiian Ridge. USGS Profesional Paper 502-D: 95-98), pero el descubrimiento contó con fuertes críticas y pasó bastante desapercibido por las implicaciones alarmistas cara al turismo de las Hawaii.

En 1980 hubo una erupción explosiva de gran magnitud en la costa del Pacífico de los EE.UU. (el volcán St. Helens, 18 de mayo de 1980). Por primera vez, se pudo observar y estudiar un deslizamiento gigante, aunque el volumen implicado (3 Km3), apenas era una fracción insignificante de los observados en las Hawaií, que alcanzaban miles de km3. Aún con ese pequeño volumen, los efectos fueron devastadores.

Después de la erupción del St. Helens los volcanólogos de todo el mundo comenzaron el estudio de estructuras calderiformes que, consideradas como erosivas, no acababan de tener una explicación geológica satisfactoria. El estudio combinado en tierra y en los fondos marinos circundantes fueron desvelando la presencia de numerosos deslizamientos masivos en todos los grupos de islas volcánicas oceánicas del planeta.

En Canarias estos procesos habían pasado casi desapercibidos, ya que los estudios geológicos. se habían concentrado tradicionalmente en las denominadas Islas mayores", dejando las "menores" (La Palma y El Hierro) prácticamente sin estudiar. Gran error, porque son precisamente estas islas occidentales, las más jóvenes y, por lo tanto, con las estructuras geológicas bien conservadas, las que han aportado las claves decisivas para comprender el origen y la evolución del Archipiélago, como demuestra el hecho de que en los últimos años la mayoría de los trabajos científicos publicados están dedicados a estas islas, que han pasado de ser casi desconocidas geológicamente, a estar entre las mejor conocidas del planeta.

En 1994 publiqué un artículo modelizando la generación de rifts (nuestras dorsales) y los deslizamientos gigantes en islas volcánicas oceánicas (JC. Carracedo, 1994. The Canary Islands: an example of structural control on the growth of large oceanic-island volcanoes. Journal of volcanlogy & geothermal research, 60: 225-241). En este artículo se relaciona la formación de los rifts o dorsales y los deslizamientos gravitatorios masivos, así como entre éstos y las calderas y valles calderiformes. En una figura de este artículo (1) se hace mención a un deslizamiento que habría formado el valle de Aridane y la Caldera de Taburiente en el pasado geológico de La Palma. Asimismo, se indica que las fallas originadas en la zona de Hoyo Negro, durante la erupción de 1949 podrían estar relacionadas con los estadios muy incipientes, geológicamente hablando, de la formación de una nueva caldera de deslizamiento. Naturalmente, una estructura geológica cuyo significado e implicaciones eran desconocidas, requería un estudio profundo. Por ello, la mención en el artículo, dirigido a la comunidad científica (no a los periódicos), donde se proponía como un tema de investigación interesante, con objeto de analizar científicamente sus posibles implicaciones. Al publicarse el artículo fui invitado a presentarlo en la Geological Society de Londres, donde el grupo de University College indicó su interés por estudiar la zona más a fondo.

En los siguientes años seguimos estudiando estas estructuras en Canarias. Un grupo de científicos españoles, franceses e ingleses hicimos los estudios en las islas; otro grupo británico, y más tarde uno español, emplearon barcos oceanográficos para obtener imágenes de los fondos marinos.

Pronto se evidenció que las Canarias estaban asimismo afectadas por numerosos deslizamientos masivos, que explicaban satisfactoriamente la formación de las estructuras paisajísticas más espectaculares de las islas: la Caldera de Las Cañadas y los Valles de La Orotava y Güímar en Tenerife; la Caldera de Taburiente y el Valle de Aridane en La Palma; El Golfo y El Julan en El Hierro, etc. En las islas más viejas, estos procesos han debido ocurrir asimismo en sus fases juveniles, pero la erosión posterior, de millones de años, ha desmantelado todas las evidencias.

Naturalmente estos fenómenos sólo ocurren con "frecuencia geológica", es decir, con intervalos de decenas e incluso centenares de miles de años. No son, en consecuencia, un riesgo para la población (en realidad, aparte del minúsculo deslizamiento del St. Helens, jamás se había observado este fenómeno), sino un interesante y novedoso modelo para explicar pautas principales en el desarrollo de las islas volcánicas oceánicas y sus principales estructuras paisajísticas.

De todos los deslizamientos habidos en Canarias había tres que tenían un significado especial. Uno era el de El Golfo, en El Hierro. Este fue "descubierto" por los protagonistas de las Jornadas de El Hierro, que intentaron incluso proponerlo como un nuevo descubrimiento en el Libro Guiness de los records (ciertos deslizamientos de Hawaii, más de 20 veces mayores que el de El Golfo se conocían y estaban publicados desde 1964). La publicación por el grupo británico de un modelo de este deslizamiento fue el comienzo de la separación de los geólogos británicos del grupo formado, empecinados aquellos en considerarlo como un proceso muy reciente (unos 15.000 años), cuando teníamos sobrada evidencia (geológica y geocronológica) de que tenía, al menos, 120.000 años de antigüedad. Incluso 15.000 años era una edad muy reciente a efectos de riesgo, y empezamos a encontrar sospechosa la insistencia en exagerar el peligro de estos procesos en Canarias por parte del mencionado grupo británico. A partir de entonces la confrontación científica se produjo en cuantos congresos participamos y en los artículos científicos publicados.

El segundo tema de interés era asimismo de El Hierro. Se trataba del deslizamiento pretendidamente "inminente" jaleado entusiásticamente en las mencionadas Jornadas. A esta estructura, que denominamos Falla de San Andrés, parte porque la falla pasa por este pueblo herreño, y parte por la "analogía" con la famosa falla californiana, dedicamos varios meses de estudio, llegando a la conclusión de que se trababa de un proceso abortado hace al menos 176.000 años, e inocuo, ya que con posterioridad se produjo el deslizamiento gigante de El Golfo en la misma isla, sin que se moviera el de San Andrés en absoluto.

Quiero aquí hacer un inciso para decir que el geólogo británico Simon Day, tan denostado estos días, contribuyó a este estudio y a desmontar la alarma originada por aquellos que difundieron que este deslizamiento estaba "vivo", que no eran precisamente británicos sino españoles. Esta cuestión del peligro geológico de El Hierro quedó al parecer zanjada con la publicación de un artículo sobre el tema (S. J. Day, J.C. Carracedo & H. Guillou, 1997. Age and geometry of an aborted rift fiank collapse: the San Andrés fault system, El Hierro, Canary Islands. Geological Magacine, Cambridge Univ. Press, 134 (4):523-537). He encontrado poco elegante el que conocidos geólogos locales hayan tachado al Dr. Simon Day como mediocre. Nada más lejos de la realidad. Este geólogo, doctor por la Universidad de Oxford, tiene una sólida preparación científica, probablemente muy superior a la de los que ahora le debelan. Su reciente comportamiento, que no tiene justificación posible, hay que enmarcarlo, tal vez, en la desesperación de tantos científicos jóvenes, con excelentes cualificaciones, que se ven abocados al desempleo o a abandonar carreras levantadas con gran esfuerzo, mientras que otros, con méritos muy inferiores, sestean en las poltronas vacías.

El tercer problema es el que ha levantado todo este revuelo. El estudio de las fallas de Cumbre Vieja, en La Palma, iba a significar la ruptura definitiva con el grupo británico, que se apartó de la colaboración y siguió un tratamiento del tema cada vez menos científico y más alarmista, coincidiendo con la creación del citado Instituto de Desastres Naturales británico.

Previendo la posibilidad de que pasara lo que ha ocurrido, por el tratamiento cada vez más alarmista que los geólogos británicos estaban dando al tema, informé a las autoridades en el marco del citado Comité Científico de Evaluación y Seguimiento de Fenómenos y convoqué un Congreso internacional de volcanología (Intemational Workshop on Volcanism & Volcanic Hazard in Inmature Intraplate Oceanic Islands), que se celebró en Puerto Naos (La Palma) en septiembre de 1997. A él asistieron unos 90 especialistas de todo el mundo, no faltando científicos tan relevantes como el profesor George Walker, considerado poco menos que como el "inventor" de la Volcanología moderna. Entre otros temas, se debatió el significado de estas fallas y de un posible (aunque lejano) deslizamiento del flanco occidental de la Cumbre Vieja. Sorprendentemente, en este Congreso apenas hubo participación española, como correspondería al país anfitrión. Por ello me asombra que ahora algunos pontifiquen sobre ideas y teorías en los periódicos locales, cuando es en estos foros de especialistas donde hay que batirse científicamente.

Después de confrontar diversas comunicaciones y de estudiar en el terreno las evidencias se llegó a unas conclusiones generales del Congreso que, en lo que afectaban al tema en cuestión fueron en síntesis: 1) No había evidencia de que las fallas significaran indefectiblemente un desgarro del flanco de Cumbre Vieja; podrían ser simplemente fracturas de la erupción de 1949 sin mayores implicaciones, 2) En cualquier caso convendría continuar el estudio instrumental de estas fallas para comprobar si había algún tipo de desplazamiento.

Las ponencias de este congreso se publicaron en un volumen especial (D. Elsworth, J C. Carracedo & S. Day, editors, 199. Deformation and flank instability of oceanic island volcanoes: A comparison of Hawaii with Atlantic island volcanoes. J. Vol. & Geotherm. Res., 94. 1-4, 340 pp.) del tan denostado estos días Joumal of Volcanology & Geothermal Research, en realidad una de las revistas más conocidas y prestigiosas en el campo de la Volcanología.

Atendiendo a las sugerencias del congreso, se realizó en los años siguientes un seguimiento por satélite de posibles movimientos en la falla de Cumbre Vieja, con técnicas capaces de detectar desplazamientos inferiores a 1 mm. La conclusión palmaria fue que no existía desplazamiento alguno y, por consiguiente, la estructura era inactiva y no había motivo alguno de alarmista. Estas conclusiones fueron trasladadas al mencionado comité por lo que las autoridades españolas sí conocían perfectamente el tema (no ha ce falta por lo tanto molestar a Lord Sainsbury).

A pesar de ello, y contravi niendo las más elementales normas de la comunidad científica, este grupo de científicos británicos siguieron por libre con un comportamiento que, en dramáticas palabras de estos días de un locutor de radio local, "es puro terrorismo científico, un tiro en la nuca del desarrollo turístico de Canarias".

Afortunadamente no creo que sea para tanto. Aunque este comportamiento no tiene justificación alguna y merece el rechazo más absoluto, esta crisis pasará tan rápidamente como la "ola" de marras. Sin apoyo de la comunidad científica, se volverá en descrédito de sus autores. Son ahora lospolíticos los que tienen que actuar, el menos exigiendo que cesen estas informaciones, ya sospechosamente reiterativas, carentes de adecuada base científica y muy dañinas para la economía de las Islas y la tranquilidad de sus habitantes.

Una reflexión final: las islas Canarias, en general, y La Palma, especialmente, pueden considerarse entre las zonas más seguras del planeta. Incluso las islas Hawaii, paradigma de "islas paraíso" se ven afectadas por huracanes arrasadores. Canarias, en cambio, está exenta de terremotos, inundaciones y huracanes. Los volcanes que las han formado no son peligrosos, como evidencia la ausencia de víctimas en las 16 erupciones habidas en el periodo histórico. He trabajado con mucha frecuencia en La Palma durante los últimos 10 años. Háganme caso: venga a La Palma si quiere pasar unas vacaciones tranquilas e inolvidables en una naturaleza espectacular.

Y ustedes, los autores de esta alarma injustificada y descomunal, antes colaboradores y amigos, a los que tan bien han tratado en la Isla y tan mal se lo devuelven, sean más responsables. Ocasión tuvieron en el mencionado congreso para exponer sus puntos de vista y aceptaron plenamente las conclusiones, completamente antagónicas a lo que ahora propalan. Hemos publicado los resultados científicos juntos, sin matices alarmistas y en los medios adecuados. No son sus datos, sino de todos los firmantes. Más bien su trabajo fue esporádico y poco relevante... perfectamente prescindible. Ahora pomposamente quieren parecer el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Sólo cosecharán descrédito.

Busquen fondos de otra manera y quédense en sus casas modelizando cualquier cataclismo... a ser posible en su propia isla.

Y, por favor, ¡Dejen de una vez en paz a La Palma!

Juan Carlos Carracedo

Director del Dpto. de Volcanología

Consejo Superior de Investigaciones Científicas

La Laguna, Tenerife

Redacción

Gráficos añadidos:

*Visión aérea de La Palma

*Red hidrológica de La Palma

*Visión aérea de El Hierro

*Teoría del punto caliente

*Hipótesis de los bloques levantados

*Pautas estructurales de las Islas Canarias

*Tipos de agrupamientos de los volcanes canarios