El 23 de septiembre es el día de la subversión puertorriqueña


Padre Luis Barrios

El 23 de septiembre de 1868, sigue siendo evocado y celebrado, en los anales patrióticos de Puerto Rico, como uno de esos días en que la patria puertorriqueña conspiró contra el terrorismo colonialista desplegado por España. Este fue el día en que con acciones pudimos decir; "basta ya, coño". Este suceso, conocido como el Grito de Lares, demostró la capacidad de rebeldía, emancipación y valentía de nuestro pueblo, y sobre todo sus ansias de libertad. O sea, que no somos un pueblo amedrentado, ñangotado, ni mucho menos boca abajo, como nos han tratado de concebir. Somos hijos e hijas de una raza pura rebelde que no le aguanta pendejerías a nadie.

De aquí el que reconozcamos que nuestra agenda nacional de descolonización e independencia fue, y sigue siendo, el motor que nos impulsó hacia este grito de conspiración. Esto por supuesto con la intención de lograr de una vez y por todas nuestra soberanía nacional. Por cuanto había- aunque hay que reconocer que este mal existe todavía- una mala costumbre de celebrar las libertades de otros países, dentro de esta realidad, uno de los padres de ese movimiento de liberación, el Dr. Ramón Emeterio Betánces, se atrevió a decirnos: "Es el espectáculo más raro y triste el de todo un pueblo- chicos y grandes- celebrando las libertades que no creen tener y que no tienen". De nuevo, nuestro deseo de ser libres se encargó de llevarnos a organizar un chanchullo y tejemaneje conspiracional contra quienes nos robaban el derecho sangrado de la libertad nacional.

Por otra parte, la agenda del Grito de Lares también resalta dos realidades las cuales por lo general tienden a ser invisibles en nuestras discusiones. En todo momento la liberación nacional estaba conectada, por un lado a la abolición de la esclavitud, y por otro lado, a la abolición del sistema de libretas. O sea que la agenda de la negritud y de la justicia económica se puso sobre el tapete porque eran medidas que oprimían, explotaban y excluían a la mayor parte de la población puertorriqueña.

Por desgracia, 134 años después del Grito de Lares, la realidad socio-política de Puerto Rico es alarmante. No se puede negar que seguimos conspirando por esa liberación nacional, luego de que en el 1898 pasáramos a ser un "botín de guerra" del imperio más poderoso que existe en el mundo, o sea, los Estados Unidos, quienes nos han convertido en la colonia más importante de su imperialismo.

Por esto, el significado del Grito de Lares- para nuestra agenda de liberación actual- reclama la necesidad de buscar una oportunidad que nos saque de la inmovilización nacional existente en nuestra política puertorriqueña, en donde cada año electoral seguimos votando por fórmulas coloniales que no nos definen de una vez y por todas. Por lo tanto, en estos momentos es indispensable seguir discutiendo la creación de una asamblea constituyente que tenga la capacidad de representar la diversidad de nuestro arcoiris patrio.

Hoy más que nunca debemos seguir gritando con sentido nuestro proceso de liberación. ¿Cómo seguir gritando? Comencemos por hacer real el onceno mandamiento: no jodáis, para que no seáis jodidos. De aquí entonces también que no nos dejemos joder por nadie en estos asuntos nacionales.

Ante esta realidad que vive nuestro pueblo hay que reconocer que ante procesos inhumanos, tales como colonización, opresión, explotación, exclusión, genocidio y asimilación, tiene que existir una cultura de la conspiración la cual produzca una resistencia sagrada. Esta resistencia, a mi juicio, construye un pasaje que busca armonizar en lo personal y en lo colectivo. En lo personal la armonía es entre lo material y lo espiritual, y en lo colectivo, entre esa persona y el resto de la naturaleza. Esto se manifiesta en dos dimensiones, las cuales se complementan: la espiritualidad del josconiando y la espiritualidad del pitirreando. Estos conceptos los elaboro de la literatura Boricua, uno del cuento El Josco de Don Abelardo Díaz Alfaro y el otro del cuento El Pitirre, de Don Juan Antonio Corretjer.

En la resistencia espiritual del Josco, josconiando con mi muerte yo no le permito a mi enemigo que se apodere de lo más sacrosanto que tengo: mi vida. Por lo tanto se recurre al suicidio como una medida de resistencia que le diga al enemigo: muero libre. En lo físico, la resistencia es literal, me quito la vida para no darle ese honor a mi enemigo. En lo espiritual, el suicidio es mucho más metafórico; es la realidad que viven aquellos/as hermanas/os prisioneros/as políticos/as y/o de guerra, y también la realidad de quienes viven en la resistencia de la clandestinidad. El lema principal aquí es poder estar dispuesto/a a morir por la patria.

Por otro lado, también está la resistencia espiritual del Pitirre, en la cual pitirreando con mi vida yo mato al enemigo. Esta medida radical, de "los/as mártires de la patria", dentro del contexto de la desesperación sigue siendo otra alternativa de lucha para algunos, como por ejemplo los grupos palestinos. Esta es su manera de eliminar a su enemigo, tal y como el Pitirre lo hace con el Guaraguo. El lema principal aquí es poder estar dispuesto/a a matar por la patria. Coño, que te van a joder!

En otras palabras, nuestra resistencia conspiradora puede, y debe tener diferentes manifestaciones, siempre y cuando sean efectivas. Ante esta realidad se presenta la necesidad de entender cualquier acción de "violencia revolucionaria" de quienes resisten dentro de su contexto histórico, político y socio-económico. Primero, es necesario entender esa violencia como un "mal necesario", siempre y cuando resulte en el cese de la opresión, explotación y colonización. Segundo, a mi juicio, esta "violencia revolucionaria" debe estar validada por los siguientes postulados espirituales: (a) fueron agotados los recursos de la negociación política; (b) las acciones revolucionarias no están dirigidas a la población civil; (c) nos motiva el amor hacia la liberación y la construcción de un nuevo orden social y no el odio hacia quienes ejercen la opresión, explotación y/o colonización. Me explico.

Considero que muchos conflictos pueden resolverse con las negociaciones políticas, por lo tanto, no creó en que "los fines justifican los medios", sino más bien, que algunos fines justifican algunos medios. Si no es posible la negociación entonces mantengo el derecho divino del uso de la "violencia revolucionaria", la cual dentro del contexto de opresión, explotación y colonización, pasa a ser defensa propia, como una medida de resistencia. De aquí la necesidad de entender la realidad social como el posible problema y la violencia como un posible síntoma.

En ese sentido, también extiendo una invitación a mis hermanos y hermanas latinoamericanos/as para que se unan al proceso de liberacion de Puerto Rico. Necesitamos su ayuda en la lucha por recobrar la patria ocupada por el imperialismo yanqui. Sigamos gritando y conspirando subversivamente hasta lograr la descolonizacion e idependencia para Puerto Rico. Paz con justicia.

Padre Luis Barrios

Iglesia San Romero de Las Americas

New York, New York

23 de septiembre de 2002