ECONOMÍA DEL COLONIALISMO

 Jaime Morera

Sobre 12 millones de turistas al año visitan nuestras Islas, con las astronómicas ganancias que eso genera, para terminar la mayor parte de ello fuera de Canarias. Más de medio millón de españoles están empleados en nuestro Archipiélago a expensas de desplazar y de empujar al paro a otros tantos canarios, en adición -según Cáritas- a más de quinientos mil isleños que, como consecuencia, viven en el umbral de la pobreza. El crecimiento poblacional nativo está en visible declive, de acuerdo a las últimas estadísticas; mientras que la población foránea crece sin control alguno, en tal número que en islas como Fuerteventura y Lanzarote superan con creces a los originales isleños. Crecimiento demográfico que actúa como vorágine devoradora de nuestras irremplazables zonas de cultivo y paisaje rústico, al que inexorablemente se está cubriendo de piche y de cemento con la interminable proliferación de más carreteras y más urbanizaciones, llegando hasta el hacinamiento del territorio de nuestras Islas ya superpoblado.

Otro indeseado legado del colonialismo, es la implantación de una larga y extensa burocracia, obstruccionista en su función, ineficiente en la gestión, y con harta frecuencia administrativamente corrupta; resultando tan cara de sostener, que en muchos municipios no alcanzan las recaudaciones para pagar a la numerosa plantilla de sus empleados. En vista de esto, no es de sorprender que la iniciativa y la creatividad del canario no puedan prosperar ni tener futuro alguno; y máxime con la imposición del lastre de un régimen fiscal penalizante y abusivo que impide dejar florecer a la industria de manufacturados, virtualmente en extinción, y que aún el cada vez menguado sector de pesca y agricultura tengan que sostenerse a fuerza de subsidios.

Canarias necesita tanto como el aire que se respira el oxígeno de la libertad, que sólo se lograría con la independencia de nuestro Archipiélago, para así hacer posible el establecer unas instituciones al entero servicio de la población de nuestras islas; y no subordinada a los intereses de la metrópoli colonial como está ahora. Dando paso a una economía moderna y eficiente, basada en régimen de bajos impuestos que abarataría considerablemente el coste de vida y de producción, volviendo competitivos y rentables a todos los sectores de nuestra economía, para conseguir prosperidad y devolver la autoestima a nuestro colonizado y oprimido pueblo. Prueba viviente de esto la tenemos en la experiencia de otros archipiélagos, islas estados: Malta, Singapur, Isla Mauricio, etc., después de alcanzar su independencia.

Un servidor se avergonzaría en extremo de ser canario y no desear para nuestra patria archipielágica el mismo estatus de libertad y derechos a autogobernarse, que los países soberanos del Mundo disfrutan: La Independencia.

Tedote, 2 junio 1999