El nuevo eje Madrid-Rabat-Canarias

RAMON MORENO

La visita que el pasado sábado realizara al vecino país el nuevo presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, pese a su brevedad, ya que apenas duró seis horas, constituye todo un acontecimiento en las relaciones entre España y Marruecos que, sin duda, marca un punto de inflexión en la diplomacia entre ambos estados y en Canarias invita al optimismo.

Al margen de la costumbre de que el primer viaje oficial del jefe del Gobierno español sea al Reino de Marruecos, la inmediatez de la visita, anunciada, por otra parte, en el debate de investidura, demuestra la importancia que Zapatero concede a la relación con Rabat, bastante deteriorada últimamente por la política de los sucesivos gobiernos del Partido Popular, pese al cierto grado de distensión observado en la cumbre de Marrakech del mes de diciembre pasado.

Porque, como se ha podido comprobar en todo este tiempo, los modos y las formas de la diplomacia española se parecían mucho a los nefastos planteamientos colonialistas propios del antiguo africanismo, pues se ha jugado con las divisiones existentes en el Magreb sobre asuntos como el Sahara, tratando de asegurar las posiciones españolas.

Ahora parece que se parte de cero, separando lo sustancial de lo accesorio, y acontecimientos como los atentados del 11-M han puesto de manifiesto la necesidad de potenciar unas relaciones que son de vital importancia para ambos países y la estabilidad internacional. Ello se traduce, ante todo, en lograr una mayor coordinación en la lucha contra el terrorismo, una amenaza que nos afecta a todos, como prueba la supuesta conexión entre los atentados de Casablanca y el 11-M.

Resulta, pues, bastante aleccionador que los gobiernos de España y Marruecos acordaran "inaugurar una nueva era de entendimiento profundo y de cooperación bilateral", según afirmaron en un comunicado conjunto tras las conversaciones del jefe del Ejecutivo español, Rodríguez Zapatero, con el rey Mohamed VI y con el primer ministro marroquí, Driss Jetu, que, por cierto, viajará a España antes del verano.

Esta nueva relación estratégica entre España y Marruecos se basa en dos ejes fundamentales: la lucha contra la amenaza común del terrorismo y una política de desarrollo conjunto. La importante delegación española integrada por los ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Angel Moratinos, e Interior, José Antonio Alonso, así como por la secretaría de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, y su homólogo de Exteriores, Bernardino León, pone de relieve la importancia de la visita y la naturaleza de los problemas planteados.

Mención aparte merece la buena sintonía entre el monarca marroquí y el presidente español, con quien departió durante cuatro horas en perfecto castellano. El rey de Marruecos recibió a Zapatero en su residencia privada de Casablanca -lo que no fue casualidad- y salió a la calle con el mandatario español (algo que sólo suele hacer con el presidente francés, Jacques Chirac) para rendir homenaje a las 45 víctimas de los atentados del 16 de mayo de 2003, descubriendo una placa conmemorativa en la Plaza de la Wilaya, sede de la representación del Gobierno de Casablanca.

La capital económica de Marruecos ha sido, por tanto y una vez más, protagonista de la historia. Recuérdese que en el año 1943, en Anfa, zona residencial de Casablanca, donde está enclavado el domicilio privado del rey Mohamed VI, el presidente de Estados Unidos, Frankin I). Roosevelt; el primer ministro británico, Winston Churchill; el soberano marroquí, Mohamed V (abuelo del actual rey), y el fallecido padre del monarca, Hassan II, declaraban caducado el sistema colonial y expresaban su deseo de que Marruecos accediera a la independencia una vez terminada la guerra, declaración que tuvo lugar el 2 de marzo de 1956.

Hasta aquí, la referencia al viaje presidencial. Pero ¿cómo se traduce esa nueva relación estratégica entre España y Marruecos en Canarias?

Es evidente que el creciente flujo de chalanas continúa y es verdad que la inmigración irregular -¡también la regular!- constituye un grave problema para nuestras Islas con todo lo que ello conlleva; pero las declaraciones y actuaciones de algunos dirigentes de CC no contribuyen, precisamente, a propiciar un clima de entendimiento, sino todo lo contrario.

Máxime si, en efecto, el presidente canario, Adán Martín, sigue manteniendo en su agenda el viaje institucional al vecino país. Parece que en Canarias algunos dirigentes políticos que se dicen nacionalistas estuvieron más interesados en causas ajenas que en las propias de las Islas, ignorando, de ahí su analfabetismo político, una regla básica de las relaciones internacionales -donde la diplomacia es fundamental-, como es el principio sagrado de no ingerencia en los asuntos internos de otro país.

Pero ése es otro tema. Lo importante ahora, desde mi punto de vista, es que Canarias salga beneficiada de esa luna de miel entre España y Marruecos y que, en ese nuevo marco de las relaciones hispano-marroquíes, desarrollemos con nuestros vecinos una necesaria política de complementariedad, basada en el respeto mutuo, la confianza recíproca y la cooperación bilateral. Que el Archipiélago canario participe en el desarrollo de Marruecos es una exigencia inmediata, sobre todo si el Comité de las Regiones de la UE apoya la inclusión de Canarias en la estrategia de vecindad de la Unión Europea con los países de la cuenca del sur del Mediterráneo.

El nuevo eje Madrid-Rabat-Canarias se vería, así, reforzado desde su punto de arranque, Bruselas, donde Canarias y Madeira jugarían un importante papel en la cooperación euromediterránea.