El Canario
Reproducimos
continuación es un artículo publicado en el periódico La Prensa de Buenos
Aires, realizado por un musicólogo argentino que investigó acerca del origen
norteafricano insular de la Jota. Aunque no habla nada de la Isa, cuya
existencia parece que no conoce, podemos deducir fácilmente como se trata de un
baile y un canto amazigh que se vio influenciado por la arribada de nuevos
instrumentos de cuerda y la contaminación debida al caciquismo musical
españolista promovido por la Sección Femenina y el “panderetismo” de Los
Sabancerdos.
Entre los juegos y
diversiones que en todos los festejos públicos y privados tenían lugar entre
los guanches, con marcada preferencia se contaba el "baile canario",
o "Canario" solamente, que adquirió bien pronto fama europea.
Según Abreu Galindo, en
Lanzarote, la sonada que hacían los isleños era con pies, manos y boca, muy al
compás y graciosa.
Escudero refiere que los
canarios eran diestrísimos en zapateos y cabriolas.
Sedeño dice que el baile era
muy pulido y de gran cuenta: que los canarios eran diestrísimos en las mudanzas
y zapateados.
El mismo Abreu Galindo añade
que su baile era menudico y agudo, "el mismo que hoy (se refiere al año
1632) llaman "Canario".
Marín y Cubas se expresa
así: "Usaban el zapateo a modo de villano que usaban en España, llamando
"el Canario", a un tiempo con pies y manos, y palmeando el suelo y
rodillas y saltando, y éste es de mujeres y también de ellos, caminando unos
hacia otros al son de muchos silbos, que no hay otro instrumento que la
boca".
Espinosa añade que hacían
"alarde de sus gracias en saltar, correr, bailar aquel son que llaman
"Canario", con mucha ligereza y mudanza".
El mismo Marín, refiriéndose
sólo a los herreños, añade que "los bailes se hacen de muchos juntos,
dados las manos, saltando a compás".
Según refieren varios
historiadores, siendo tan agradable ese baile, por sus cambios y mudanzas, pasó
a Europa, bajo el nombre de Canario, y que allí lo llevaron los conquistadores,
donde fue conocido, aprendido y usado con mucho aplauso, no tan sólo dentro de
los vastos dominios de España, sino también en Francia e Italia.
Francisco de Gómara, en su
"Historia General de las Indias", capítulo 224, página 287, ocupándose
del propio baile, dice: "Dos cosas andan por el mundo, que han ennoblecido
estas islas: los pájaros canarios, tan estimados por su canto, y el
"Canario", baile gentil y artificioso".
Y según Viera y Clavijo,
éste es un tañido músico de cuatro compases, que se danza haciendo el son con
los pies, con violentos y cortos movimientos.
Hay más aún: en el
"Epítome de D. Juan el Segundo", por el P. Fray Juan de la Puente, se
lee: "Gustaban mucho, aún hoy, de cierto baile o saltareto muy gracioso,
que llamamos en España "Canario", por haber venido su uso de aquellas
islas".
Sabemos igualmente que
cuando en España alcanzó este baile carta de Naturaleza, llegó a ser colocado
entre los bailes de salón, como la “Gallarda”, la “Alta”, la “Baja” y la
“Hacha”. Más tarde vino a descender hasta el pueblo, que lo arrastró por ferias
y tabernas, con lo que tomó posiciones truhanescas, exagerándose sus
movimientos. De esta suerte el “Canario” hubo de perder muchísimo de su
carácter primitivo -etnocentrismo puro, como podemos ver-, llegando a
convertirse en un baile picaresco, con todas sus consecuencias, como la
“Caringa” en Cuba, y en otros países las “Folías”, el “Villano”, la “Capona” y
el “Escarramán”.
Parece, según un autor, que
la “jota” en un principio tuvo por nombre el “Canario”, y si quedase de ello
alguna duda citaremos aquí el testimonio de otro autor antiguo.
Me refiero a Pedro Saputo;
en la vida de éste, libro 1º, capítulo 7, refiriéndose a los árabes, se lee lo
que sigue:
“Tocaron después, entre
otras cosas, el “Canario”, baile que entonces se usaba mucho, y el “Jitano”,
que comenzaba a usarse, cuyos bailes, de variedad y de nombre en nombre, han
venido a ser y llamarse, el primero la “Jota” y el segundo el “Fandango”.
Este último es también
bastante conocido. Consiste en un aire de danza a tres tiempos y de un momento
vivo. Báilase con castañuela. A propósito del mismo baile, en un “Diccionario
técnico, histórico y biográfico de la música”, leo una cosa que juzgo no
creíble, a saber: cuéntase que la Corte de Roma, escandalizada de ver una
nación de alto renombre como España, por la pureza de su fe, tolerar una danza
tan voluptuosa, resolvió proscribirla, bajo pena de excomunión. Reunidos los
cardenales, instruyose el proceso del “Fandango”.
Mas al ejecutarse la
sentencia, uno de los jueces observó que no debía condenarse a un culpable sin
antes oírlo. Añádase que en el acto apareció ante los cardenales una pareja de
españoles con sus correspondientes castañuelas, la cual, por invitación del
tribunal, se apresuró a desplegar todas las gracias y el salero del “Fandango”.
No fue preciso más. Todos
los jueces depusieron al instante su severidad. Seducidos por las gracias de la
danza echaron a reír, sin poderse contener; y entre las palmadas y golpes de
pies de la concurrencia, el “Fandango” fue absuelto. Friné, con su hermosura
sin igual, despojada del velo por el orador Hispérides, no hizo más impresión
que el ánimo de los jueces. Nada más elocuente que la hechicera belleza de una
mujer y la belleza de una encantadora danza en los más críticos momentos.
Abreu Galindo afirma que en
la Península usaban a modo de villano el baile de los guanches. Varios autores
dicen que con el nombre del “Canario” este baile pasó a la Península. Gómara,
bastante explícito, asegura que andaba por el mundo un baile que ha ennoblecido
las Islas Canarias. Fr. Juan de la Puente dice que era el “Canario” un baile
importado a la Península desde estas islas. Y, por último, Pedro Saputo afirma
que ese mismo baile, el “Canario”, de variedad en variedad y de nombre en
nombre, ha venido a ser y llamarse la “Jota”.
Luego, la “Jota aragonesa”, la jota por excelencia, el aire más alegre y popular, viene a ser el mismo baile de los guanches. Parte, pues, su origen de las Islas Canarias; gloria no pequeña para ellas, porque siendo esta jota uno de los aires más agradables de la Península -Ibérica-, el más alegre tal vez, y hasta su canto el más animado y expresivo, esa gloria alcanza a estas islas sin duda alguna. Con ellas se comparte toda esa inmensa celebridad de que goza la preciosa “Jota aragonesa”.