A propósito de la publicación del libro
SECUNDINO DELGADO EN VENEZUELA
"EL GUANCHE" INÉDITO
y de una entrevista a su autor, MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
Por VICTOR RAMÍREZ
Manuel Hernández, buena persona según percibo en sus escritos y foto, ha sido adiestrado para ignorantarse y para, minusvalorando lo propio, ignorantar. Pero, por suerte y como a otros compatriotas que escriben para ser leídos, se le escapan palabras y planteamientos iluminadores.
He escrito yo reflexivamente mucho sobre este asunto: sobre el valor de la palabra como conformadora de la conciencia a través de la conscienciación o de la conscienciación, y como concreción de la conciencia conscienciando o desconscienciando.
Nadie da lo que no tiene; y el universitariado canario está poco menos que incapacitado para dar luz liberadora, para propiciar energía emancipatoria. Los que se dedican a la docencia -y con las debidas ineficaces excepciones- suelen hacerlo como rentistas policiales y poco más.
Mas, así y todo, con trabajos como el de Manuel también se está haciendo Patria. No veo otra manera desde el mundo universitario en concreto y el docente en general.
El mero hecho de volver a editar -me importaría poco que se haga con fines espúreos- los escritos de Secundino -que, si hubiera vivido en la Patria Prostituida, no los hubiera realizado de puro desánimo provocado por los ataques de los más "aguerridos" independentistas- me parece valiosísimo.
Sé que muchos, casi todos los alardeados independentistas, preferirían que siguieran ocultos, esperando no sé qué oportunidad. Pues editar libro así -sin la cubierta dura, claro- cuesta poquísimo dinero: veinte se reúnen y pone cada uno diez mil pesetas, y estaría el libro en la calle. Otra cosa es que los compatriotas más "patriotas de boquilla" que el carajo lo compren y lo difundan.
Todos estamos corrompidos de españolismo, de infragodismo; también y con una peculiaridad muy dañina -producto de la permenente frustración provocadora de envidias y celos, de ingratitudes y traiciones- muchos de los pregonados independentistas oficiales -con sus caudillajes demoledores ante cualquier intento de unidad independentista, con sus ninguneos y vituperios calumniadores al intelectual que pone riesgosamente sus talentos al servicio de la liberación de la Patria.
Sí: me alegra que Manuel Hernández haya sacado este librito. Ya lo vi, y le eché un vistazo al prólogo. ¡Por supuesto que yo hubiera escrito otro totalmente distinto, casi contrario del todo!
Como me alegro del diccionario de Paco Osorio, quien -por cierto- hace años me pidió un escrito para incluirlo en él. Se lo di y no lo incluyó, acaso por desfasado -lo que no comparto en absoluto- o por decisión editorial o personal de él- que acato, por imperativo colonial.
Lo que Manuel dice en el prólogo de la publicación y en el extensísimo -y, por ende, interesadamente ideológico españolista- cuestionario periodístico no me parece tan negativo como el silencio y los intentos de liquidación a que se somete aquí a los escasos intelectuales que -milagrosamente- se ponen en pie y luchan a pecho descubierto contra la mentira impuesta por la tirania metropolitana.
Conmigo, con mi apoyo y gratitud, cuenta todo canario que trate lo canario afectivamente -como el caso de Manuel y de Paco Osorio y de otros-, aunque tiñan de ignorantación y de complicidad colonial lo que trate. Acaba imponiéndose la esencia de su canariedad; y eso es lo que valoro y estimulo.
¿Qué hubiera sido de nuestro pensamiento libertario actual sin los trabajos de Juan Bethencourt Afonso, de Agustín Millares Torres, de Alvarez Rixo, Chil y Naranjo, -por nombrar sólo a compatriotas del siglo XIX- y tantos otros, muy españolistas de pro, nada independentistas, trabajos plenos de canariedad, de compasivo amor por lo nuestro, más necesitado -¡ahora también!- de compasión redentora y rebelde que de exaltación orgullosa?
No, no conozco personalmente a Manuel Hernández. Pero le agradezco que haya publicado este y sus otros libros, que tengo en mi biblioteca y de los que me he servido fructíferamente. Tratan ellos, canariamente -con lo que arrastra de negatividad lo canario institucional universitario-, de nosotros antes y ahora. Y eso es mucho aquí.
Ojalá Manuel sea independentista, lo más grande que puede políticamente ser un canario. Si no lo fuera, al menos es preindependentista. Y si piensa, interesadamente -como todo lo que se piensa para el público-, que el nacionalismo de Secundino es -sí, es- criollista, que lo piense. Ni lo considero pernicioso para el lector.
Al pronto recuerdo que el cura Miguel Hidalgo Costilla, admitido padre de la Patria mexicana, no tenia gota de sangre mexicana prehispánica. Y que si su hermano pequeño no se suicida por mor de arruinarse por embargo al no poder pagar deudas, no hubiera optado él, con 57 años, por arriesgar la vida -al año siguiente fue fusilado y decapitado y desmembrado borbónicamente- en pro de la indendencia de México... ¿Quién va a reprochar al cura Hidalgo por los motivos de su levantamiento? Yo no... Y así muchos más casos.
Sólo tendremos independentistas veraces, no agazapados llenos de frustración, conformando conciencias nítidamente independentistas. Y los libros de Manuel, como los de otros -también editados, subvencionadamente, por el CCPC muchos de ellos-, ayudan a conformar esas conciencias.
No hay otros modos más eficaces -y tienen enfrente esos libros a todos los colegios, a las universidades, a los medios de comunicación, a los intelectuales canarios infragodizados al máximo por el miedo y la sumisión, a la inteligencia policial española infiltrada en el independentismo, a independentistas sinceros pero arrastrando la sombra de la decepción promovida por la impaciencia y los afanes de protagonismo, a los trabajadores canarios de todo tipo totalmente desnortado y con la más implacable desidia por conocerse...
Si sabiendo esto, no me alegra la existencia de libros así -pues únicamente nos quedan los libros para mantenernos vivos y ´vivificante en la desigual lucha por la liberación de la Patria- ¿de qué voy a alegrarme?
Saludos emancipadores y fraternales.
Víctor Ramírez
Entrevista citada, con foto de Manuel H. G.
Fracmento de "El fósforo encendido"