LEFIGARO

Jueves 4 de marzo 2004.

La oposición quiere empujar a Chávez a la represión

VENEZUELA El Concejo Nacional Electoral le ha dado parcialmente la razón al presidente. La estrategia es ahora de arrastrar al jefe del Estado a que cometa una falta

Caracas: de nuestro enviado especial Lamia Oaulalou

Traducción: Juan Vicente Gómez Gómez

En las calles de Caracas es mayo del 68, pero a la inversa. Mientras que la calma reina en los «barrios» (tal cual en el texto original), las "ciudades de lata" que dominan las colinas de la capital, la insurrección se adueña de las elegantes urbanizaciones. Confrontados a la aparente determinación del presidente Hugo Chávez de rechazar un referéndum que cuestionaría su mandato, la oposición furiosa se ha lanzado a la calle. En los elegantes municipios de Chacao y el Country Club, la bicicleta se ha convertido en el único medio para hacer "slalom" entre sacos de basura dispersos en medio de la vía y troncos de árbol ardiendo. En la Plaza Altamira jóvenes adolescente sacrifican T-Shirts para fabricar con ellos mechas de cócteles Molotov, y hasta se dice que algunos pendencieros amenazan a los automovilistas no con bates de béisbol, sino con palos de golf.

Caracas se ha convertido en la ciudad de todas las paradojas. Es contra el "izquierdista" Hugo Chávez que sus opositores levantan barricadas. No son los sindicatos quienes llaman a manifestar, pero sí los patrones, no son los jóvenes quienes se lanzan a la calle, sino cincuentones. Pero sobre todo no son los pobres, tanto más fieles al presidente quien desde hace tres meses multiplica los programas sociales, sino los más favorecidos, y la clase media agotada por la tensión política, quienes llaman hoy a la desobediencia civil.

La oposición, reunida en torno a la Coordinadora democrática, ha cambiado de estrategia. Ella reivindica el derecho, previsto en la Constitución, de organizar un referendo revocatorio del mandato presidencial, presentando para ello 3,4 millones de firmas de personas que favorecen la consulta, cuando el Concejo Nacional Electoral (CNE) exige solamente 2,4 millones. En frente, el Gobierno denuncia un "mega-fraude", se habrían hecho votar a muertos, menores de edad, extranjeros. El martes por la tarde por fin se supo el veredicto del CNE: reconocía la validez de 1,9 millones de firmas, y pide el "reparo", es decir la confirmación, de cerca de 870 000 otras firmas, las que presentan, así lo estima, "caligrafías similares". Sacudón en el seno de la oposición que en ello ve una nueva maniobra de Chávez para posponer "sine die" el referéndum. Si la Coordinadora democrática, aún no ha hecho pública su posición, varios de sus miembros ya se han pronunciado por un "rechazo total" de la propuesta del CNE. La estrategia de la oposición de ahora en adelante es de empujar a Chávez a que cometa una falta, es decir que desate la represión. Según AFP, los enfrentamientos entre los dos bandas ya han cobrado seis vidas desde el pasado viernes.

La televisión oficial multiplica las imprecaciones en contra de los "vándalos fascistas" culpables "de impedir que los ciudadanos vayan a trabajar y de agredir a las fuerzas del orden público". Los canales privados de televisión, afectos a la oposición repiten una y otra vez imágenes de la "sociedad civil manifestando democráticamente y pacíficamente" y confrontada a la violencia policial, todo ello con un acompañamiento musical de tono febril, y resaltado con subtítulos que formulan preguntas como estas: "¿Violación de los derechos humanos?", "Estado de emergencia?", "¿presos políticos?". De lo que se trata es de desacreditar al régimen ante la comunidad internacional. "Reprimiendo, Chávez nos encamina hacia una dictadura como la de Pinochet", señala Américo Martín, un miembro de la Coordinadora democrática. "Después de todo el mismo Pinochet ha reconocido que jamás hubiera creído que su régimen fuese a ser tan violento", argumentó.

Incómodos, los observadores internacionales, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter han indicado que respetan lo decidido por el CNE aunque manifestando "ciertos desacuerdos".

Por su lado, los Estados Unidos, a los que el jefe de Estado venezolano ha amenazado el pasado domingo (29/02/2004) de dejar sin petróleo si intentaban derrocarlo, han denunciado crecientes acciones antidemocráticas "del presidente Chávez, quien provoca desde hace tres años una crisis política en ese país". Pan bendito para la oposición, la que multiplica las comparaciones entre Hugo Chávez y el ex presidente de Haití Jean Bertand Aristide, abandonado por los Estado Unidos y compelido, el pasado domingo, a dimitir. Pero Venezuela, una potencia petrolera, bisagra de la articulación entre América del Norte, del Sur y el caribe, no es Haití. Y si respaldaron a Aristide, los Estado Unidos jamás han manifestado la menor simpatía por Chávez, el ex paracaidista autor del abortado golpe de Estado de 1992. En la zonas marginales de Caracas, las imágenes de los cauchos quemándose desencadenan la hilaridad. "Es la estrategia de la guarimba", explica la socióloga Marisol Pérez Schael, cercana a la oposición. La "guarimba", es un juego que consiste en refugiarse en lugares en los que se puede burlar al adversario sin ser atacado, una especie de "chat perché" (Juego infantil francés, cuya traducción literal equivale a "gato encaramado"). Porque, hasta ahora, los partidarios de la oposición no manifiestan fuera de sus bastiones del Este y del Sudeste de Caracas, y nunca en los barrios chavistas.

Es una opinión generalizada que el empresariado venezolano, bien que ferozmente opuestos a Chávez, no se está dispuesto a reeditar una huelga general, juzgada como suicida dentro de un contexto de recuperación económica. Lo que está en juego dentro de las próximas horas es doble: saber si las explosiones de violencia que comienzan a verse en barrios tenidos por "tangentes", a horcajadas entre los dos campos, pudiera extenderse hacia el Oeste de la capital, y cuál habrá de ser la reacción de las fuerzas del orden. La manifestación convocada para hoy (04/03/2004) por la oposición bien podría ser el test.