En busca de la Democracia perdida
Por
Enrique CamineroMarcel Proust escribió la novela «En busca del tiempo perdido», (muchos años después la novela vio la luz, no por su autor, sino por terceros)
Como una novela, cuarenta años más tarde el pueblo dominicano convierte en una condición necesaria para recobrar su dignidad y seguir existiendo como nación soberana, su búsqueda por la verdadera democracia.
Los acontecimientos, las movilizaciones, las huelgas y las protestas populares contra el gobierno autoritario del presidente Hipólito Mejía y el perredé, nos indican que los Dominicanos se encaminan hacia la búsqueda de una democracia participativa y verdadera. Su democracia perdida.
Desde 1966, con la instauración del régimen autoritario de Joaquín Balaguer los dominicanos hemos vivido dentro de una ilusión de democracia y «desarrrollo económico. El modelo fiscal que se puso en práctica, no ha sido cambiado, con acuerdos y sin acuerdos con los organismos internacionales, el modelo ha sido el mismo, con sus variantes en el tiempo, en principio gozando por los precios altos de las mieles del azúcar y de la cuota, permitió beneficiar a sectores nacionales, recibiendo éstos concesiones y facilidades para adjudicarse empresas que permitieran la aparición de una «industria nacional» y de una clase media que se beneficiaría también del modelo, desarrollando el consumo y el clientelismo político en las zonas rurales, el modelo fue seguido por una "política agraria" de asentamientos para ubicar al campesinado en tierras del Estado, en las peores, sin los recursos necesarios para ponerla a producir, para finalmente terminar las tierras en manos de los grandes propietarios y terratenientes amigos de Balaguer y su gobierno. En el plano político le permitió al gobierno ubicar cualquier foco de resistencia, a la vez que se le prohibía a los campesinos sus medios festivos, se destruía el ambiente familiar del campesino, cierre de galleras, billares, todo lo que significara encuentro e intercambio entre las personas. El mundo rural fue vaciado de contenido, como se hizo también con el sentido urbano y convivial entre los citadinos. Éxodo y desolación de los campos, e inauguración del caos urbano.
Desde entonces, la reproducción del modelo no ha parado; recuerdo que, a principio de los anõs ochenta, el economista Lucas Vicens, con certeros análisis, planteó a través de una serie de artículos, que el modelo se había agotado. Las críticas llovieron, economistas, económicistas, y "especialistas" en la materia, politiqueros, lo tildaron de teórico, trostkista y cuantas cosas pudieran permitir opacar su acertadas palabras. Para estos críticos el modelo era eterno, como su mentor.
Tiempo después de lo dicho por Lucas, el gobierno del señor Salvador Jorge Blanco y el perredé acudían al Fondo Monetario Internacional para poder seguir con el modelo.
Estos factores externos fueron marcando la "diferencia" entre los gobiernos que sucedieron, y el de Balaguer. El modelo Balaguer de los dos primeros periodos se ajustaba con medidas de austeridad y era la consecuencia de la intervención estadounidense de 1965. Se basaba, por una lado, en la contrainsurgencia y, por el otro, en la destrucción y reconstrucción. Destruir para construir el nuevo Osorio del siglo XX.
Cuando la principal razón de ser del régimen dejo de tener como prioridad, aplastar la resistencia política y armada, el modelo comenzó a presentar sus primeros indicios de puntos débiles y fracasos, permitiendo que la oposición se organizara y se lanzara al ruedo del combate político electoral y dispustarle el poder a Balaguer, contando con la simpatía de la gran mayoría de los dominicanos. Diferente a los gobiernos de Balaguer, el del perredé venía catapultado por el apoyo masivo del pueblo, en busca de su democracia perdida que reclamaba justicia, trabajo y libertad, mientras que los de Balaguer nunca contaron con ese apoyo.
Los gobiernos del perredé fueron clones del modelo balaguerista, ni un ápice cambiaron, o muy poco, desde entonces ninguno de los gobiernos se ha ocupado de ese vacío social que el pueblo dominicano busca llenar cada cuatro años. El siglo XX pasó y los mismos problemas siguen existiendo, es cierto que estamos en un nuevo siglo, y que "vivimos en un mundo cada día más globalizado, donde los países deben abrir sus fronteras, eliminar sus aranceles de aduanas" y otros conceptos que no me he embotellado, como manda la doctrina globalizadora.
Retornar hacia estos hechos pasados, les parecería un anacronismo de mi parte para los que propugnan que vivimos en el mundo del ciberespacio, el soft, los web, Internet, de la comunicación para todos. Pero no, yo sigo remachando en estos momentos históricos para proponer cambios, hacer como el zapatero que cada vez que le traen la misma chancleta despegada, hace que la cliente la espere ahí sentada, y recordarle que por más tachuelas que le clave debe cambiarla. Cambio es lo que indica los acontecimientos de los días pasados
Nuestro deber está en participar de donde sea para que la desesperación en que vivimos los dominicanos sea cambiada por la bienaventuranza. La ilusión de democracia en que se ha estado viviendo ha entrado en crisis, los milagros económicos fueron puros espejismos. Hipólito y el perredé se han encargado de darle el tiro de gracia, el fracaso de este gobierno anuncia que se requiere de otro modelo para no perecer en este mundo de grandes turbulencias, donde los ciudadanos de los países del Sur son cada día más pobres y en los países desarrollados los ricos son más ricos, aumentando el hambre a la vez que acrecienta la fosa que separa los países del Norte de los países del Sur.
En República Dominicana, la pobreza ha aumentado a todos los niveles, se necesita un nuevo modelo para cambiar esta situación, debemos liquidar el modelo trujillista-balaguerista que persiste hasta ahora, las nuevas relaciones económicas que el próximo gobierno que surja ponga en práctica debe priorizar lo social, si se quiere eliminar la pobreza. Es hora de hacer justicia social y de fijar los mecanismos para el desarrollo sostenible y un crecimiento económico, que se hagan en armonía con la naturaleza, la protección de los recursos naturales, la salud y el mejoramiento de la vida de las/los ciudadanos.
Una verdadera democracia empieza dándole al Estado su rol de garante del progreso, el desarrollo social y económico de las personas y de su calidad de vida. En República Dominicana, cuando el Estado se propuso para llevar a cabo ese papel, fue derrocado por un golpe cívico militar en 1963. Nunca gobierno alguno desde la proclamación de la República se empeñó de tal manera por establecer una verdadera democracia para todos.
Habrá quienes me tilden de nostálgico, pasado de tiempo; me dirán, ˇah pero vas a volver con el pasado! De esa manera piensan las personas que actúan y viven para el mundo de lo inmediato, la macro de la burbuja financiera, a ellos les respondo que sí, y como diría un campesino: Si compay, hay que hablar de lo mismo, pué la jambre sigue siendo la misma.
Cuarenta años han pasado, y lo que planteaba la Constitución del 63, aunque usted no lo crea compadre, cobra cada día más actualidad, lo que allí está escrito, para cambiar de modelo, no es un secreto, está al alcance de los que se empeñen por sacar a la nación del marasmo en que la han metido.
En Brasil, que es un país inmensamente grande, con recursos necesarios para ser una potencia, una de las primeras medidas que el gobierno Lula puso en práctica es que millones de sus compatriotas coman tres veces al día, en el gobierno de 1963 Juan Bosch, lanzó la campaña de las tres calientes y los pollos dejaron de ser comida solo para ricos y precio popular.
Casi siempre, las veces que se recuerda el gobierno del 1963, se hace por quien fue su presidente, Juan Bosch, pero no por su contenido democrático.
Hoy que las/los dominicanos repudian en las calles este modelo actual, que trae más hambre y pobreza, tiempo de la mundialización en que los países imperialistas, a través de la Organización Mundial del Comercio, buscan imponer acuerdos como TLC, ALCA, AGCS (acuerdo general para la comercialización de los servicios), y otros que le permitan controlar y apoderarse por artimañas "legales" de los patrimonios de los pueblos, sus recursos y hasta de la existencia misma del ser humano. Por eso la memoria histórica de los pueblos es el punto de partida para buscar respuestas.
La referencia que hago de la Constitución del 63, en estas circunstancias se convierte en una cita obligada con nuestra historia para poder invitarlos a comparar que se ha hecho desde entonces. La primera parte de esa Constitución consagra 71 artículos para lo económico, ético y social; la aplicación de los mismos son y serían suficientes para garantizarle a cada unas/unos de los dominicanos una democracia comparable con las cartas magnas de las democracias más avanzadas del mundo desarrollado.
Desde entonces, ninguno de los gobiernos que hasta ahora hemos tenido no han sido capaces de elaborar una constitución de ese talante o detenerse a ver que herramientas del gobierno del 63 pueden ser utilizadas, siguen vigentes, y a la vez necesarias para cambiar y poder trabajar en la búsqueda de la democracia perdida.
Si insisto en esta dirección es porque, a pesar de encontrarnos en un nuevo siglo, en el año 2003, la vida de las /los dominicanos sigue igual o peor; quienes cada vez que se menciona esto consideren que del 63 es cosa del pasado, les respondo que la Constitución del 63 será cosa del pasado cuando sea superada por otra, y hasta ahora ninguna de las constituciones que han venido después, la balaguerista ni los "cambios" que el presidente Mejía y el perredé introdujeron para su beneficio, han superado lo que aquella consagraba.
Un gobierno de participación ciudadana, donde estén presente los intereses de todos los sectores nacionales, no es una utopía irrealizable, es realizable, y mayo está ahí a la vuelta de la esquina, empecemos desde ahora para echar las bases de su construcción.
Retomemos lo bueno y válido, cuarenta años después de esa Constitución, para que vayamos al encuentro de una verdadera democracia y poder vivir dentro de un Estado de derecho, de justicia social y económica, para todas y todos los dominicanos.
26/11/03