Canarias entre dos hienas
Jaime Morera
Es un hecho bien conocido que Marruecos, al igual que España en relación a la colonia británica de Gibraltar, tiene manifiestas ambiciones anexionistas sobre los enclaves de Ceuta y Melilla, situados en la ribera sur del Mediterráneo y también sobre la colonia española atlántica de Canarias. De ahí que el depredador expansionismo de ambos países coincidan en virulenta y feroz oposición, a cualquier iniciativa política o movimiento popular alguno hacia la independencia en dichos territorios colonizados.
La única solución efectiva para poner fin de una vez para siempre a tal avasallador expansionismo, es otorgar a esas pequeñas colonias mediterráneas, el mismo estatus de soberanía e independencia que en la actualidad disfrutan otros diminutos estados en Europa, como Liechtenstein, Mónaco, República de San Marino, Andorra, en la misma península Ibérica, y las minúsculas islas Comores en el Continente africano. El derecho a la libertad de las poblaciones de dichos enclaves debería, en justicia, estar garantizado y defendidos por todas las naciones libres del mundo, y no ser ignorados y cobardemente abandonadas para pasto colonial de ambas detestables tiranías.
Canarias se encuentra en la actualidad acorralada por dos repugnantes hienas de rapiña que las despedazan y la devoran como si de un indefenso cervatillo se tratara. Una, representada por la masiva invasión de europeos y de otras procedencias, a los que, traicioneramente, se les permite la compra de nuestro vital y cada vez más escaso suelo patrio en nefasto detrimento del nativo canario, al que cada día se le hace más imposible adquirirlo, viéndose, consecuentemente, empujados a vivir hacinados en guetos urbanos o barriadas, con los consabidos males sociales que eso produce; cubriéndose indiscriminadamente en el proceso nuestras costas y escasos espacios rurales de feo piche y de cemento para acomodar a tal interminable vorágine de invasores. Y otra, por la indeseada invasión de norteafricanos a nuestras Islas Orientales, particularmente en Fuerteventura y Lanzarote que, de continuar así al ritmo presente, pronto superarán peligrosamente en número a nuestros paisanos majoreros y conejeros, lo que ya está realizado, con creces, por inmigrantes europeos, volviendo a nuestras Islas vulnerables y susceptibles de ser ocupadas en un momento dado por el voraz y belicoso expansionismo de Marruecos, como ya lo hizo sanguinariamente con nuestro vecino Sáhara.
Ambas descomunales invasiones suponen un verdadero apocalipsis para la continuación y existencia misma de nuestro Pueblo Canario, al que comprimen en el hacinamiento urbano o desplazan paulatinamente a la diáspora del destierro, puesto que las islas de nuestro Archipiélago no son, precisamente, Australia ni Venezuela.
Para todos los canarios debería estar claro que el bienestar y porvenir de nuestro Pueblo y su mera existencia, constituyen, desde el mismo comienzo de la conquista hasta el día presente, un estorbo para la ejecución de los intereses coloniales. Obstáculo del que tratan de desembarazarse por todos los medios a su alcance, como con nosotros brutalmente están haciendo ahora.
En el mundo real en que vivimos, la Historia, con claridad y crudeza, muestra que la letárgica indiferencia de pueblos mansos y bobalicones sólo les lleva a su propia destrucción y extinción.
El único camino posible y viable para la defensa de nuestro hábitat, es la pronta independencia de Canarias, que haría posible establecer una economía moderna al entero servicio de nuestro Pueblo, similar a las que le han traído inmensa prosperidad y armonía a la República de Malta, isla Mauricio o Singapur, etc.
Tedote, 8 diciembre 1999