Elguanchepress- Aguere, 13-10-03

Preocupante escalada racista ante la pasividad del colonialismo

Informaba el Diario La Opinión el pasado 9 de Octubre, en escueta reseña, del apuñalamiento de dos ciudadanos marroquíes en la zona aledaña a la calle Villalba Hervás de la capital tinerfeña por parte de cinco españoles, alrededor de las 1,30 a.m. del día anterior. Los cinco individuos huyeron hacia la zona de la Avenida de Anaga cuando se dió la voz de aviso a la Policía por parte de algunos canarios que en ese momento pasaban por dicha zona...

Como es habitual en estos casos la referida nota de prensa repetía la misma cantinela de siempre: se procedió a dar una batida por los alrededores y por el momento no ha sido detenida ninguna persona en relación a este asunto. Otras veces la cosa va de "ajuste de cuentas" o de "peleas callejeras". El preocupante fenómeno de la inseguridad ciudadana en las Islas se torna doblemente grave en los casos de ataques racistas a norteafricanos. Estos últimos tienen una probabilidad casi nula de ser resueltos aunque estén teñidos de rojo ("tiene que haber sangre" te dicen los Cuerpos y Fuerzas de Inseguridad (perdón, de "Seguridad") del Estado Español cuando uno se decide a denunciar ataques o amenazas a la integridad física). Es decir, te tienen que matar primero y luego, si hay efectivos disponibles en ese momento se dan un salto a ver qué pasó. Kafkiano.

El asunto de la inmigración procedente del Continente, que sólo viene a reclamar lo que les quitaron los siglos de colonialismo español y europeo en general en Marruecos y en el resto de Africa, está produciendo una brecha cultural jaleada por el PP y por ciertos sectores reaccionarios isleños en los que se nota bastante la influencia de los muchos españoles que por aquí pululan. El "moro" es el objetivo a batir. Y es que los 12.000 soldados españoles abatidos en tres días por las valientes tropas rifeñas de Abdelkrim al Khattabi en Annual, en 1921, en justa lucha de resistencia anticolonial por la ocupación de su territorio, pesan mucho. La prepotencia y el orgullo hispano rodando por los suelos en aquella época quedaron en el subconsciente de los hijos y nietos de aquellos europeos entrometidos que años más tarde, en represalia, se dejaban fotografiar con las cabezas cortadas de los rifeños capturados como "trofeos" de guerra, emulando a sus ascendientes que 430 años antes en Tenerife exhibieron la cabeza de Tinguaro en una pica.

En nuestra isla, este ataque a dos bereberes del Continente es un aviso de que desde determinados círculos de españoles aquí afincados que frecuentan la "zona de copas" de la Avenida de Anaga se está fomentando el odio racista al "moro invasor" que "quita el puesto de trabajo" al canario. Es un claro ejemplo de la paja norteafricana en el ojo ajeno sin ver la viga goda en el propio. No es la primera vez que ocurre. Hace unos dos o tres años, otros ciudadanos marroquíes que tomaban tranquilamente una copa en uno de estos "pubs", fueron salvajemente golpeados por unos españoles sólo por mirar a una chica. Y, curiosamente, fueron unos soldados canarios que allí se encontraban los que salieron en su defensa.

Los recientes asesinatos de dos jóvenes marroquíes en Vecindario, Gran Canaria, sólo distanciados por el tiempo pasado entre los mismos, indican una peligrosa espiral de violencia racial que únicamente tiene una explicación en el odio visceral fomentado por algunos sectores. No se trata de robos, ni de ajustes de cuentas, ni de drogas. Se trata simplemente de la "caza al moro". En el caso de Gran Canaria los pacíficos jóvenes marroquíes fueron cosidos a puñaladas o masacradas sus cabezas contra el piso, lo que indica una acción ruín llevada a cabo por animales drogados o borrachos salidos de los suburbios miserables en los que el colonialismo español tiene sumidos a las islas. Si son canarios no merecen tal nombre y muy posiblemente estén influídos por determinados y oscuros intereses a los que les hacen el "trabajo sucio". Nuestro pueblo en general es noble y no es racista, por lo que llaman la atención estos actos criminales contra los norteafricanos y contra nadie más. La investigación policial de la mayoría de estos casos (a excepción de alguno muy sonado) queda en la nada por la falta material de efectivos humanos y técnicos.

Recientemente, el pusilánime grupo de Coalición Callada demandó más policías al Ministerio del Interior español con voz medianamente enérgica. El ministro les larga un palique entontecedor de esos que saben hacer los godos, que hablan y hablan y prometen y al final "leche cacharro". Se ríen y los torean desde Madrid y los coaligados se cogen un empute sordo (por dentro) pero por fuera se ven obligados a contenerse por eso de ofrecer la imagen de "moderados" y no parecer como radicales, palabra esta (radical) a la que Paulino le tiene un miedo enfermizo. Es la Coalición Callada. De vez en cuando consiguen algo después de dar el "coñazo" un par de días en Madrid y siempre y cuando el PP sopese la cuestión y vea que no le afecta gran cosa la susodicha "concesión".

Naturalmente, la solución es una auténtica Policía Nacional Canaria dotada de suficientes medios en el marco de un estado independiente solidario con todos los países de nuestro entorno y que ofrezca total seguridad y eficacia ante la delincuencia de propios y extraños. Y punto.