TAGINASTE ENCENDIDO
ESE TREN QUE NUNCA PASÓ
Félix M. Arencibia
Un tren ligero de vía estrecha zigzaguea cansino, bajo un solajero que incendia las medianías canarias. Es el tren soñado por Luis Drago y tantas veces prometido. Ése que no contamina y con un escaso impacto ambiental. Ese que acerca a cada uno a su destino, libre de largas y pesadas colas de automóviles. Recuerda el viejo esqueleto de las vías del proyectado tren vertebrado que enrejaba la vista de la avenida marítima. También evoca los restos de vía de la Pepa, añeja locomotora que unía Triana con el Puerto de La Luz.
Su sueño le trae los versos de Chona Madera: No es este el modo, lo sé, de ilusionarse. / Pero ¿qué hacer porque no fuera tanto? / Mirando hacia la vida y hacia dentro / a este triste horizonte me adelanto. Piensa que algunos políticos aprovechan dicha ilusión para ganar unos votos. Analiza el porqué no se hacen realidad dichas promesas. Intereses importantes han de haber por medio en estas islas alejadas de la metrópoli. Por supuesto que los poderosos intereses de constructores y vendedores de coches tienen que ser una de las tantas claves. Nos hablan los gestores públicos y personas bien intencionadas de la necesidad de utilizar el transporte público. Es loable la propuesta, pero para ello antes hay que convencer al ciudadano de sus ventajas.
La realidad, piensa Luis, es que el mal funcionamiento de dicho transporte hace perder al ciudadano su tiempo que vale oro. El sufrido contribuyente se ve entre la espada y la pared. En su coche particular también soporta largas esperas. Los aparcamientos en las poblaciones y sobre todo en la capital son cada vez más caros. Según ciertas informaciones de los más gravosos del Estado Español. Luis cree que no le han convencido con lo del transporte público, que se pierde mucho tiempo. Lo del carril bici se ha quedado en algo testimonial. Las carreteras invaden con su negra serpiente asfáltica los cada vez más escasos paisajes. Detrás de ellas vienen las urbanizaciones que acaban de rematarlos con sus regueros de hormigón.
No es fácil encontrar una solución cuando tantos intereses están en juego. Lo ideal sería un transporte público rápido y barato. Ya sea con guaguas o ferrocarriles. El tan deseado tren podría ser una de las soluciones. Ello, si tuviera poco impacto ambiental y contaminación. Que funcionase con la eficacia de un metro o un tren de cercanía. Luis recuerda con magua los de París, Barcelona, Londres… que tan eficaces le han parecido. Resolvería poco un tren sólo con vistas al turismo y con escasa incidencia en la población local. No deberíamos olvidar los carriles bici. Ese sueño de ese tren de foto fija que no lo aborten una vez más.
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