España, Marruecos, el Sáhara y Canarias

Ramón Moreno

Como decía en mi artículoanterior ("El nuevo eje Madrid-Rabat-Canarias"), en las relaciones internacionales, donde la diplomacia juega un papel fundamental, hay un principio sagrado que es el de la "no ingerencia en los asuntos internos de otro país". Pues bien, las declaraciones y actuaciones de algunos dirigentes de Coalición Canaria -carentes del más elemental sentido de la prudencia-, no contribuyen, en absoluto, a crear el necesario clima distendido entre Canarias y Marruecos; sobre todo, si se tiene presente el próximo viaje institucional del presidente del Gobierno canario, Adán Martín, al vecino país, previsto para el 12 de este mes [mayo 2004].

Y en este sentido, no es nada nuevo constatar la especial sensibilidad que existe en Marruecos con el tema del Sáhara y la firme posición de la Corona y de todo el espectro político (desde el Istiglal a la USPP), en defensa de "sus provincias del Sur", que consideran parte de su integridad territorial. Tampoco resulta nada novedoso las posiciones encontradas con respecto a las diferentes resoluciones de la ONU -plan Baker incluido-, ya que Marruecos no quiere ni oír hablar de autodeterminación e independencia para el Sáhara y sólo contempla negociar "un estatuto de autonomía, viable, creíble y definitivo". Una especie de autonomía a la española por la vía del Artículo 151.

La reciente resolución 1541 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para ampliar seis meses más, hasta el 31 de octubre, el mandato de la Minurso, que insta a las partes a buscar un acuerdo justo y duradero, lejos de acercar posiciones, parece que enquistará aún más el asunto.

Pero, lo que verdaderamente llama más la atención en este conflicto que dura ya cerca de 30 años, es la indisimulada defensa que desde algunos sectores de Canarias (¿mandados por quién?) se hace de una fantasmagórica RASD, inexistente para la ONU; y del status del que goza el independentista Frente Polisario, tanto en el Estado español como en Canarias.

Qué pasaría, pregunto, si Marruecos diera cobertura política y proporcionara medios económicos a un movimiento independentista canario?

Desde algunos círculos marroquíes se plantean que si España aprueba el plan Baker porqué Marruecos no puede aprobar el plan Ibarreche, pongamos por caso. Y es que en el tema del Sáhara, la realidad es como es (Marruecos no va a soltar "sus provincias del Sur") y no como a algunos les gustaría que fuera. ¡Esto es así, guste o no! y cuanto antes nos hagamos a la idea, mejor para todos...

Lo que sí es importante señalar, para conocer los verdaderos entrecijos de la cuestión, es que en el asunto del Sáhara y todo lo que ello implica, subyase el contencioso histórico entre Argelia y Marruecos, con la deseada salida al Atlántico del gas argelino como telón de fondo. Porque a nadie se le oculta, que la estrategia de Argel, en plena guerra fría, con Argelia escorada claramente hacia la antigua URSS, pasaba por la creación de un estado títere en la ex colonia española (la supuesta RASD) y la independencia del archipiélago canario con un Mpaiac próximo a las tesis del FLN argelino. Hay analistas que sostienen que el Polisario es un invento argelino para presionar y soliviantar a Marruecos. Lo cierto es que, una vez que terminaban las alocuciones de Antonio Cubillo en la "Voz de Canarias Libre", desde los estudios de Radio Argel, desde los mismos micrófonos, empezaban las emisiones de "Radio Sáhara Libre".

Tampoco conviene olvidar, las simpatías del PSOE, en la época de Felipe González, con las tesis argelinas sobre el Sáhara y el Polisario, lo que posibilitó el confinamiento en Argelia de significados miembros de ETA. Por tanto, Argelia, que no suscribió, obviamente, el acuerdo tripartito (España, Marruecos y Mauritania), sin dejar de ser parte interesada, también es parte en el conflicto -dada su probada participación en la creación y constante apoyo al Polisario-. Y sigue jugando hábilmente sus cartas.

La cuestión envenenada del Sáhara erosiona desde hace décadas las relaciones entre Marruecos y Argelia, impide la necesaria cooperación entre los dos países e imposibilita la edificación de la Unión del Magreb, cada día más indispensable, pero que según políticos marroquíes, "es frenada por los oficiales argelinos". La reciente reelección de Abdelaziz Buteflika en las presidenciales argelinas, donde arrasó con el 83'94% de los sufragios, si bien parece que refuerza el poder civil en Argelia contra los militares, es justamente, el jefe de Estado argelino, el máximo valedor de la causa saharaui, defendiendo a ultranza el derecho de autodeterminación del Sáhara. Mientras tanto, fuentes diplomáticas occidentales consideran que "ahora hay que reconocer que el referéndum no es la solución buena y el asunto de Timor Oriental lo ha puesto de manifiesto".

No es casualidad que haya sido Argelia, precisamente, el primer país en reconocer la independencia de Timor Oriental. Pero nadie se prestará al juego por las consecuencias que se podrían producir en ese escenario, ya que si Marruecos perdiera el referéndum seria una catástrofe nacional. No abandonaría el Sáhara y su situación se haría insostenible frente a la legalidad internacional. Si Marruecos ganara, los argelinos no lo aceptarían y estaríamos ante el riesgo de una nueva confrontación directa.

La comunidad internacional debería mojarse, pero no quiere, aunque parece que Francia y Estados Unidos ya están convencidos de que el referéndum no es una buena solución. París está encargado de hacérselo entender a Marruecos y Washington a Argelia. Se debería ir hacia una solución inmediata. El Sáhara dispondría de una gran autonomía, la mayor posible. Pero ¿lo aceptarían los generales argelinos y el presidente Buteflika? ¡Ese es el nudo gordiano de la cuestión!

8 mayo 2004

rmorenocastilla@hotmail.com