TAGINASTE ENCENDIDO

Expulsados al mar de la emigración

Félix M. Arencibia

Sangare Solimato, la mujer africana, navega a la deriva en una barquilla, junto a otra veintena de paisanos. Han sido expulsados de su patria a la que tanto aman. Nicolás Rodríguez, canario, navega también en un cascarón perdido en medio del océano. Lo hace junto a otra treintena, en un barcucho rumbo a América. También él ha sido expulsado, empujado al mar de la emigración. Recuerda con dolor y magua a sus Islas y familia. Sangare también recuerda a sus niñitos y demás familiares.. Ha sido el hambre, quien le ha empujado a este viaje interminable, hacia las fauces del continente esquilmador de África. A Nicolás y acompañantes se les acaban los alimentos y el agua. Los náufragos van siendo engullidos por el océano. El panorama es dramático. No podría contar lo que ha de hacer para sobrevivir. Bebe buchitos de agua de mar.

Sangare sigue en su barquilla. Se han perdido, pasan los días, se acaba el agua y los alimentos. En estos momentos difíciles se acuerda de su continente, cómo han sido explotadas sus riquezas y llevadas hacia Europa. Les han dejado sin metales preciosos, sin bosques, sin materias primas, sin nada. Sólo miserias han quedado tras ellos. No han compartido las riquezas y no le han dado la oportunidad de explotarlas. Con la independencia les han echado de su tierra esperando mejorar su situación. Ahora, con su globalización mercantilista, siguen comprando a sus políticos y llevándose lo que queda.

Nicolás contempla cómo la mar se traga a sus compañeros de viaje. Piensa cómo otros han explotado su Canarias, talado sus bosques. Se han llevado su caña de azúcar, sus vinos, su cochinilla, sus plátanos... Le imponen abusivos impuestos y son explotados por los caciques.. Esto y su deseo de encontrar cierta libertad es lo que le ha conducido a esta situación terrible. Unos pocos han logrado llegar a la Isla de Margarita. No saben los controles que les esperan y quizás otra expulsión.

Sangare Solimato, la mujer expatriada, ve como la mar consume implacablemente a sus compañeros de viaje. La han expatriado los mismos que hoy no quieren recibirlos.. Si hubiera sido otra la actitud del capitalismo colonizador y globalizante, ella estuviera en su hermosa patria, lejos de la estampa asesina del hambre. Nicolás Rodríguez, el canario de los cincuenta, piensa lo mismo. Otro gallo nos cantaría, si en su Tierra Canaria, nos hubiesen permitido planificar nuestro futuro y explotar nuestras riquezas.

Luis Drago, el periodista librepensador, ha estado soñando despierto los sufrimientos de los emigrantes. Mientras, el verde encendido ilumina el traje de la tarde. Alimenta su esperanza con las palabras que aparecen en el libro Patas arriba de Eduardo Galeano: Dejemos el pesimismo para tiempos mejores.