Federico "Mandahuevos"
Francisco P. De Luka
Entre las múltiples "habilidades" del ministro español de Defensa está la capacidad de hablar claro. Tan claro que, afortunadamente para nosotros, es capaz de revelar su subconsciente personalidad castrense. Es decir, con quién nos enfrentamos. Desde aquella famosa frase "manda huevos" que se le escapó furtiva por el micrófono y constituyó su anagrama político para el futuro, la fascinación que despertó en el "premier" Aznar lo llevó a los altares del poder.
Los últimos retos chulescos relacionados con su persona y su Departamento comenzaron hace poco más de dos semanas, cuando un par de intrusos cazas españoles sobrevolaron -que "casualidad"- el espacio aéreo del norte marroquí próximo al enclave colonial de Mililia. Ante las lógicas protestas del país maghrebí surgió rápida y veloz Ana, la "belle dame", apagando el fuego que se prendió en el frondoso bosque reverdecido de la cumbre de Marrakech del pasado mes de Diciembre. -Yo prendo y tú apagas-, le susurra Federico al oído de la ministra.
La frialdad metodológica del susodicho, casualmente coincidiendo con la época de elecciones en su país, siguió con el famoso euro rodante lanzado a la dignidad de una periodista que se atrevió a preguntarle por las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. Tenía el confiscado guardada la moneda en el bolsillo porque sabía que le iban a hacer la consabida pregunta. Maquiavelismo celtibérico.
Hace poco, en la misma tónica de ofender y luego pedir excusas (algo queda en los sublímines del pueblo), largó aquella parida relacionada con su deseo de ser ministro hace ocho años para tomar el islote marroquí de Leyla (ellos la llaman "Perejil") y permitir que los pescadores españoles pudieran faenar en aguas marroquíes. El comentario fue del estilo de siempre, en forma de frase chunga y despectiva, fraguada en "petit comité" entre las cuatro paredes de alguna sala de mandos. Sólo que esta vez se amplificó convenientemente a su pueblo. Y además la dijo en Santa Pola (España), en la misma provincia de Alicante donde días después, en un cuartel de esa ciudad, condecorara a poco menos de la mitad -65- de los militares, entre oficiales, suboficiales y soldadesca, que tomaron parte en su particular desembarco de "Normandía". El pedrusco de Leyla, "peligroso" enclave militar de cabras armadas hasta los dientes al mando de su vieja pastora, fue tomado por 170 "abnegados y valientes" soldados, apoyados por una flotilla de modernos helicópteros y navíos de la Armada. Con sus cañones apuntando hacia la costa del Rif (por aquello de la "subversiva rebelión popular" de las vecinas poblaciones que insultaban al Imperio), redujeron estos "bravos" muchachitos a la asombrada y simbólica pareja de gendarmes marroquíes que los miraban con los ojos abiertos como chernes. La Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo se otorgaba ante las enérgicas protestas del Gobierno marroquí y la prensa del país hermano. Concretamente, el diario "Aujourd´hui le Maroc" calificaba esta parafernalia como una provocación al pueblo marroquí y a su gobierno y comparaba a Mr. Aznar con el ultraderechista francés Le Pen.
La ceremonia militar coincidió en el tiempo con el trágico terremoto de Al Hoceima, y aún recién conocida la triste noticia no tuvieron la nobleza ni la sensibilidad (nada extraño en estos gobernantes españoles) de suspender el acto en señal de respeto hacia las víctimas de una catástrofe -paradojas del destino- ocurrida tan próxima al islote de Leyla. La hipocresía corrió pareja con la oportuna ocasión que la Naturaleza brindaba al gobierno español de lavar su conciencia enviando las ayudas humanitarias -qué menos puede hacer- que la tragedia requiere. De todas formas, desde aquí queremos agradecer profundamente estas ayudas -todas las ayudas- a las víctimas y sobretodo las de los civiles españoles -sanitarios, periodistas, bomberos, ONG, etc.,- de Andalucía y nacionales de otros países, que voluntariamente y en un gesto que les honra prestaron -y prestan- una inestimable atención a los damnificados de la aldea de Im-Zouren. Un recuerdo entrañable para las 600 víctimas mortales y nuestro apoyo para los más de 400 heridos, para sus familiares y amigos y nuestra solidaridad y abrazo a todo el pueblo hermano marroquí por tan terrible drama.