El feminismo es también una revolución espiritual
En la tradición religiosa Cristiana hemos dado comienzo, con el pasado Miércoles de Cenizas, a la época de la Cuaresma la cual se distingue por ejercicios espirituales de autorreflexiones, arrepentimientos, conversiones y sacrificios. O sea, la Cuaresma es una oportunidad para que podamos lograr una transformación en nuestras vidas. De aquí el que les comparta algunas de la reflexiones que he estado llevando acabo durante esta semana. Meditaba que me parece necesario el que podamos- como hombres y mujeres- reflexionar sobre la realidad del día internacional de la mujer trabajadora. Muy en particular, el como nuestra instituciones sociales y políticas promueven y validan en nuestra sociedad la ideología de la supremacía masculina dentro de un marco de una sociedad patriarcal. También el como nuestras instituciones religiosas bendicen y justifican esta ideología de la supremacía masculina.
A mi me parece que es tiempo de que entendamos que la trasgresión de los derechos de la mujer en nuestra sociedad deben de ser evaluado no solamente desde el enfoque teológico de llamarle pecado capital, sino también dentro de la realidad de la violación de derechos humanos, lo cual es también un crimen. Esto por supuesto entendiendo que la apropiación de los derechos de la mujer y la opresión tiene otras realidades que se pueden interconectar, interrelacionar o ser interdependientes. De aquí entonces la construcción social de un paradigma de relaciones humanas basadas en la dominación-subordinación. Podemos comenzar por preguntarnos, ¿quienes se apropiaban de los derechos de la mujer y quienes establecen relaciones opresoras hacia la mujer? ¿Será el sistema, o nosotros los hombres? A mi me parece que ambos. Eso sí, tengamos claro que de la misma manera que la clase dominante (ejemplo: la gente rica) establece estructuras y sistemas para promover su ideología de control, existen también grupos dominantes (ejemplo: hombres) que establecen estructuras y sistemas para promover su ideología (ejemplo: machismo).
En nuestra sociedad la ideología del patriarcalismo- autoridad masculina la cual es conceptualizada como un sistema político socio-sexual. O sea, que de alguna manera un grupo dominante, entiéndase nosotros los hombres, hemos establecido que la sexualidad, la relación de géneros, y el amor deben de componer los elementos contemporáneos del como relacionarnos. Esto por supuesto dejando como resultado la dominación masculina y la subordinación femenina. Eso si, yo combato cualquier tipo de análisis simplista que trate de vender la creencia de que solo existe una sola categoría de exclusión y a la misma se le llama mujer. A mi me parece que hay la necesidad de analizar seriamente la composición social de los grupos de clase en nuestro capitalismo corporativo y patriarcal. Entendamos que no es solamente el que se rechace, se explote o se oprima a una persona por ser mujer. O sea, que una pregunta básica puede ser el que tratemos de entender el como en una sociedad como la nuestra a través de la construcción social se establecen unas "estructuras de clases" las cuales demográficamente tienden a estar constituidas en relación a, edad, raza, etnia, idioma, orientación sexual, apariencia física, entre otras. Esto lo digo porque en nuestra sociedad- la cual se distingue por establecer categorías que justifiquen y a la misma vez validen nuestras conductas de exclusión y opresión- no es lo mismo en este medio ambiente racista ser una mujer blanca en comparación con ser una mujer negra. Tampoco en este medio ambiente clasista no es lo mismo ser una mujer rica en comparación con ser una mujer pobre. Tampoco es lo mismo en este medio ambiente heterosexista y homofóbico el ser una mujer heterosexual en comparación con ser una mujer lesbiana. Podemos seguir añadiendo a la lista.
En los aspectos teológicos el lenguaje con imágenes de poder, de opresión, de exclusión y de apropiación ha jugado también un papel de dominación y control en donde nuestras hermanas y compañeras han sufrido la peor parte. De aquí entonces la necesidad de poder rescatar la imagen femenina de nuestro Dios de la misma manera que rescatamos la imagen masculina de nuestra Diosa. Por esto la constante necesidad de reconcebir, destruir y reconstruir. Ejemplo de esto lo es un Cristo-centrismo que se caracteriza por crear una imagen errónea del hermano y compañero Jesús propagando la imagen falsa Cristo-satánica porque le atribuye a nuestro hermano y compañero Jesús pensamientos, acciones y emociones que son un reflejo de los grupos que están ejerciendo el poder. Se hace necesario el que se reexaminen los postulados de que al Jesús ser hombre se valida la supremacía masculina en la Iglesia. El asunto de la masculinidad de Jesús me parece a mí que fue más un accidente histórico que una postura teológica por parte de Dios. De aquí entonces la necesidad de interrelacionar, interconectar los ministerios de Jesús y de María Magdalena, quien dicho sea de paso no fue una puta.
Esto se lo inventaron los macholóngolos patriarcales para seguir jodiendo a la imagen femenina de Dios. Yo creo como dice mi gran Arzobispo Desmnod Tuto, "María Magdalena fue la apóstola de los apóstoles". De aquí el que se le diera los dos mensajes más poderosos que establecen los fundamentos del Cristianismo: el mensaje de que el Mesías había llegado, y el mensaje de que resucitó. Que nuestra Diosa le haya otorgado este privilegio a María Magdalena corrobora la necesidad de poder entender el papel importantísima de las mujeres en la Iglesia. Por supuesto, esto tampoco no fue para validar las relaciones heterosexuales, de ninguna manera, sino más bien para validar las relaciones equitativas entre los generos.
Si es verdad que el feminismo puede ser catalogado como una revolución espiritual con dimensiones sociales y políticas, que requiere de una convicción moral y de una movilización subversiva, en donde los derechos de la mujer no sean apropiados y la responsabilidad de nosotros los hombres de ser los opresores no sea ignorada, entonces debemos de reexaminar cuidadosamente todo este asunto desvergonzado de no permitirse la ordenación de mujeres, de no otorgarle a las mujeres el completo derecho de tener control absoluto de sus cuerpos- en materia de sexualidad, control de la natalidad, terminación de embarazos indeseados (abortos), etc.
Me parece necesario el que podamos entender y aceptar que existe en nuestra sociedad un tipo de terrorismo de género de parte de nosotros los hombres contra las mujeres y este terrorismo tiene ramificaciones sexuales, políticas, sociales, económicas, religiosas, etc. Si es verdad que creemos en la paz, en un mundo mejor y diferente, comencemos por eliminar estos males que nos destruyen. Recordemos, el feminismo es también una revolución espiritual en la construcción de la paz con justicia.
Padre Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
9 de marzo de 2003