JUAN JESUS AYALA
Estoy de acuerdo con las teorías, diferentes, bien sean las de Gellner, Anderson, Hall, entre otros, que dan calor al momento en que en el espectro sociológico y político de un grupo humano se constituye en nación, ya que coinciden en lo mismo, poco mas o menos.
Sin embargo, sobre las circunstancias que tendrían que operar favorablemente para la difusión de la conciencia nacional, vía de la consolidación de la nación, no son sólo diferentes sino contradictorias. Y van desde la agitación nacional, con los agitadores e intelectuales de la época que han sido capaces de arrastrar a las masas hacia el arrumbamiento de la aparición de la categoría de "nación", hasta la parsimonia y el paso para llegar aunque más tarde al mismo lugar.
Lo que sí está claro y no ofrece duda alguna es que la nación no puede ser considerada como una categoría eterna. Pero para llegar a ella, a su construcción, hay que tener en cuenta la cantidad de vínculos de formación, de relaciones de todo tipo y objetivos para lograr la coherencia del grupo, un grupo amplio que ya se podría considerar y llamarse nación.
El proceso por el que sé formaron las naciones no fue ni predestinado y mucho menos irreversible. Se produjo en el tiempo y a través de diferentes etapas, de duración e intensidad desigual. Y no hace falta que vayamos muy atrás, a la difusión de las ideas de la Revolución francesa o a la corriente romántica de Herder, aunque esas ideas fueron básicas para ir desbrozando conceptos y posicionamientos ideológicos. Porque se sabe, y ahí está la historia mas reciente tras la caída del Muro de Berlín como el mapa europeo se ha enriquecido por la presencia de nuevas naciones.
0 sea que la nación aparece cuando el nacionalismo se hace fuerte y se deja notar. Y el nacionalismo se hace fuerte cuando la necesidad de supervivencia es superior a la necesidad de la mendicidad.
Dicho de otra manera: el nacionalismo emerge porque se le alimenta, paradójicamente desde afuera, y muchas veces en íntimo maridaje con entidades "internas" que lo incitan y favorecen. Y ya tras el nacionalismo instaurado se dan las condiciones favorables para el origen e implantación de la nación.
¿Y cuándo se puede dar por finalizado el nacionalismo? Si nos atenemos a la teoría este finaliza cuando se hayan conseguido todos los atributos de la nación. ¿Y cuándo se alcanza una verdadera emancipación cultural ya en condiciones de autonomía política? Seguramente cuando exista la plena satisfacción. Pero habrá que significar que aunque se alcance el grado de autonomía más amplio posible siempre quedará un rescoldo, cuando no un resabio, que nos dará la plena satisfacción de sentirnos incluidos en una determinada nación.
No obstante hay que tener bien claro que el nacionalismo se sabe como y cuando empieza. Los pronunciamientos están ahí y la intencionalidad política también. Lo importante es iniciar el camino con la idea y el objetivo bien claro que no debe ser otro que la construcción nacional. Y si esto lo asume un grupo numeroso que cree en ello, a partir de ahí se podrá decir que se está alumbrando un nuevo tipo de relación social y política que es la nación.
Lo demás es espureo y contradictorio ya que no se puede forzar el parto de lo que no es posible, de lo irracional y antinatural. Y menos aun desde cualquier sermoneo que se irroga lo de "nacionalismo moderno". No hay nacionalismo moderno ni antiguo. Nacionalismo sólo hay uno que deriva en la senda que se debe transitar para construir la nación. Y la cuestión y la dificultad no está en llamarse o no nacionalista; la dificultad está en lograr el objetivo al que no se llega por medio de palabras huecas ni con actitudes que se dan de cara con lo importante y fundamental para el nacionalismo que no es otra cosa que estar ahí para la génesis de la nación. El padre de la criatura es el nacionalismo. Y los que transitan por esa senda se llaman nacionalistas. Y si no es así, aunque lo pregonen por las cuatro esquinas y su claque les aplauda desaforadamente desde un patio de butacas fabricado con un montón de intereses, serán todo lo que quieran menos, por supuesto, nacionalistas, e imposible que desde sus predicamentos se pueda conseguir nación alguna.