Políticos profesionales graduados en la Universidad de la corrupción

Elio Rodríguez-Figueroa

Al margen de nuestro conflicto básico con el Estado español, que no puede ser otro que la Independencia del territorio nacional canario, hay, sin duda alguna, otros problemas cotidianos que afectan la convivencia de nuestro pueblo. Hay uno que, pese al rechazo de un 97% frente a un minúsculo 3%, consigue manipular a un 50% de los amorfos o de los subjetivos ante determinadas condiciones o problemáticas de nuestra vida pública. Refiérome a los políticos profesionales graduados en la universidad de la corrupción, en la cual, determinadas asignaturas, como la ética y la moral, están condenadas al ostracismo. Será pues necesario, al tiempo que organizamos las Unidades de tagoror, crear esa necesaria Resistencia pasiva, uno de cuyos ejes esenciales será descalificar a los profesionales del timo. Hay que poner fin al sindicato de los políticos profesionales que se arrogan el poder de representar a los irrepresentados; es decir, a esos canarios que se dejan manipular cada cuatro años y que viven otros cuatro sin otro esfuerzo que la patraña, y no defendiendo otros intereses que no sean los de sus "mafias" y compadres de tropelías.

De todo el elenco de payasos (malos) será difícil encontrar alguno que sea pobre de necesidad; todos han medrado, todos tienen algún medio de vida surgida al amparo de sus actividades "políticas". Hay, pues, que crear la necesidad de que esta nueva clase social, léase calaña, pase a ocupar la calificación adecuada: "vagos" y, muchos de ellos, maleantes. Ahí están la retahíla de procesos por estafa, prevaricación, robo, etc., que se almacenan en los juzgados de este territorio colonial.

Tenemos una crisis de representatividad, pues, como vemos, son estos "profesionales" de la política que se atribuyen, sin respeto alguno, el derecho a ser portavoces, cuando sólo lo son de sus intereses o de los de sus grupos, pasando olímpicamente de sus compromisos por aquello que fueron elegidos, y éstos, hay que decirlo, son un 50% manipulados y con escaso criterio de sus problemas.

Con la Independencia será posible una nueva ética, que no la corrupta que nos ha impuesto la mentalidad colonial española, que en su propio país, España, es un paradigma de constante ruptura con las reglas de la llamada "democracia participativa". Hay, pues, que poner fin (al menos esto) al monopolio de los profesionales de la política, abriendo camino al ejercicio de una participación popular directa, al tiempo que se margina a quienes hacen de la política una burda comedia, o mejor, tragicomedia, a costillas de los intereses de nuestro pueblo. Intenten pues, los que con razón vituperan, practicar la Resistencia pasiva, que siempre será un paso más, camino de la tan anhelada y justa Independencia.