El Gran Machango y la jovencita Fayna
.Francisco P. De Luka
Fayna, bella esposa del gran rey Zonzamas de Lanzarote allá por 1377, del bereber "ioufâ inna'=" mi madre, lo mejor que se ofrece", la mejor, la preferida y también, por extensión, "1a que está libre", madre de la princesa Iko y sta a su vez prueba irrefutable de la "hospitalidad de lecho", característica común de muchas tribus norteafricanas. Representaba pues la reina Fayna lo mejor ofrecido por Zonzamas al forastero, considerándose una ofensa o desprecio no aceptar tal ofrecimiento. Cualidades de belleza, virtud o nobleza que de seguro poseía la ilustre maha lanzaroteña, que le daban derecho, por decirlo así, a ser altamente considerada y apreciada -incluída una probable relación sexual- por el hidalgo foráneo de turno que arribara a la Isla.'
Tal grado de liberalidad, si así se puede llamar, se contradice por nuestra Fayna actual, una jovencita de G. Canaria, hija de madre francesa y padre canario (parece que culta y encantadora, eso dicen) a la que no se le ocurrió otra idea que meterse en el goro-programa de una conocida cadena española de TV llamado el 'Gran Machango' o algo así. Se metió la susodicha en la boca del lobo pensando que era otra cosa (żo no, żo sabía lo que había?) y se encontró con un quíquere godo que le viró colonialmente el coco. El bicharango le aflojó fuerte cachetada, aparte de ponerla a parir públicamente, con la babieca conformidad de nuestra compatriota.
Ni la respetó, ni la consideró, ni la apreció. Así pues quedó la imagen de la mujer canaria a los ojos de los lejanos españoles: sumisa, quieta y perdida su dignidad y estima, rayando incluso el filomasoquismo, para vergüenza y oprobio de una buena parte de nuestro pueblo canario que se traga inexplicablemente semejante bodrio.
La historia se repite. Antes, hace 500 años, fue la conquista violenta del Archipiélago, tratando de ahogar por completo la cultura guanche (aún no conseguido, afortunadamente); ahora son las TV foráneas, que penetran como un cañón en los débiles entramados espirituales del canario, y hasta el fútbol, cuyos espectáculos vergonzantes dirigidos desde la Metrópoli humillan a las islas una vez más y sume en la más grande depresión a tantos compatriotas, aunque parezca mentira y aunque existan otros problemas, como la corrupción, el paro, o la destrucción medioambiental de nuestro septenario país, más importantes y acuciantes en nuestra sociedad isleña, dormida en los mullidos colchones del colonialismo embrujador y de sus hipnotizadores locales.